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miércoles, 15 de diciembre de 2010

12







(viene de 11)


Cuando Miguel entró en Voulin's no sintió otra sensación diferente a la que había experimentado las otras veces. Era un restaurante caro y elitista, al que los comensales acudían más para hecerse notar que por motivos gastronómicos. Tenía por costumbre no fijarse en los asistentes porque sabía que era practicamente imposible que hubiera en aquel lugar alguien de su entorno, aunque de vez en cuando se le escapaba alguna miradita de soslayo para comprobar el disgusto que generaba su indumentaria y satisfacer así su espíritu iconoclasta.  Preguntó al maitre por la mesa de Laura, y un amable camarero le llevó hasta ella. Según se acercaba distinguió la nuca que tantas veces había besado. Los hombros abiertos, la espalda atlética, el cuello largo. Laura era inconfundible para él. Su cercanía le perturbaba. Llegó a la mesa y entonces pudo apreciarla en todo su esplendor. Se había teñido el pelo y se lo había cortado a lo "garçon". El cabello oscuro resaltaba aún más sus bellos ojos verdes. Estaba preciosa. Un sencillo vestido blanco escotado dejaba ver la perfección de sus clavículas. Los años habían matizado sus rasgos rotundos, aportándola una belleza madura y serena. Y lo que no había podido mejorar el tiempo lo había hecho el status económico. Se había hecho un retoque en los pechos para realzarlos y dotarlos de mayor consistencia. Era una mujer realmente deseable aun habiendo traspasado ampliamente la barrera de los cuarenta años. O precisamente por ello. Miguel pensó que todavía tenía un buen polvo y ella le sonrió como si le hubiera adivinado el pensamiento. Se sentó y comenzaron a charlar sobre las nimiedades de rigor. Era el protocolo, los entrantes de los asuntos a tratar. El inglés era un mero convidado de piedra. Posiblemente el elemento que les impedía que sus reuniones acabasen con ambos retozando en cualquier cama como animales en celo. A Laura le gustaba juguetear con Miguel en esas ocasiones. Era como seguir comprobando que aquel hombre que estaba sentado allí, el hombre del que se separó, seguía siendo el macho que llevaba marcado el hierro de su propiedad con el fuego de su deseo. Se sabía dominadora, dueña y señora de la lascivia de su antes compañero de juegos sexuales. Cada mirada era una posesión, una invitación al placer. Miguel era suyo. Miguel era para ella. Aunque ya no estuvieran juntos. La reina de sus fantasías, la madame de sus más oscuras perversiones. Su zorra. Su amada. Su novia eterna.

(continuará…)



miércoles, 8 de diciembre de 2010

11




(viene de 10)


En los días siguientes Miguel se afanó en una búsqueda que a la postre se reveló totalmente inútil. En ninguno de los anuncios de contactos que encontró figuraba el nombre de la mulata. Buscó en la red. Tampoco. Acudió a los mejores burdeles de la zona, pero nadie estaba al tanto de las actividades de la tal Eva Luzia. Ni siquiera el dato de su pequeño tatuaje le condujo a encontrarla. Sabía que era muy difícil pasar inadvertida en el sórdido circuito de la noche y llegó a la conclusión de que le había mentido. No acertaba a explicarse por qué, pero su solo recuerdo continuaba quemándole como el primer día y el tiempo no parecía mitigar su deseo. Tenía la memoria impregnada de su tacto, de sus pechos, de su voz. Acudía cada tarde a la playa esperando verla de nuevo. Se emborrachaba cada noche intuyendo que jamás volvería a saber de ella. Un día recibió una inesperada llamada de Laura. No era algo urgente ni importante. Era para resolver uno de aquellos nimios asuntos que habían dejado pendientes tras su separación. Ambos sabían que lo habían hecho para tener una vía de contacto en el futuro, para no dinamitar los pocos puentes que entre ellos podrían quedar en pie. Ninguno de los dos quería renunciar a revivir el pasado conjunto, aunque supieran que ello era ya imposible. "Miguel, tenemos que reunirnos, ¿te va bien el martes por la noche? Sí, en Voulin's. Cenaremos los tres. Paul también irá", le comunicó Laura. "Vale, sin problema. Siempre estoy dispuesto para admirar tu belleza, querida", respondió él con cierto retintín. Ella colgó. No se lo tomó como una impertinencia y se sintió halagada por el cumplido de su eterno gran amante. El único al que sabía que no podría olvidar nunca.

(continuará…)



lunes, 6 de diciembre de 2010

RESUMEN DE LO PUBLICADO










Miguel es un hombre en el ecuador de su existencia que se gana la vida, día a día, como profesor y la pierde, noche a noche, abandonándose en brazos de la mala vida. Una noche cualquiera vuelve a su casa pasadito de copas y en compañía de su inseparable insomnio observa desde la ventana cómo se desnuda una de sus vecinas. La visión le levanta el ánimo y alguna otra parte flexible de su anatomía viril y para apagar su fogosidad se aplica una manualidad de urgencia. La mañana siguiente recibe la llamada de su ex, Laura, quien le comunica que su encantadora hijita, en compañía de una voluptuosa amiga, tiene la intención de pasar unos días de vacaciones con él. Miguel acepta, pero le pide a cambio una compensación económica para darse un homenaje con una chica de compañía brasileña que conoció el verano anterior. Atrapado en un flashback rememorativo, comienza a recordar la peripecia vital de su trayectoria como hombre, como esposo, como amante…y es, precisamente con Eva Luzia, la mulata brasileña, con la que se abren las memorias de nuestro protagonista, un hombre perseguido por su deseo.





CAPÍTULO DE AGRADECIMIENTOS:
El autor quiere agradecer públicamente a quienes han pasado por su casa dejando su firma y su tarjeta de visita en forma de amables comentarios. Por riguroso orden de aparición:

Lady Rosaida, Lady Nikita, Lady I am (Vicky), Lady Rosa Arauz, Lady Sophie, Lady Caricia, Lady Madreselva, Lady Niña Mala, Lady Brisa, Lady Nazaries, Lady Poem, Lady Ades, Lady Fedora, Lady Shang Yue, Lady Sandra, Lady Yemaya, Lady 8, Lady Rouge, Lady Avalon, Lady Princesa, Lady Néctar de Lluvia, Lady Fuego

También a los caballeros a los caballeros Mr. García Francés y Mr. William Venegas, que engrandecieron mi humilde morada.

Asimismo agradece su visita a cuantos pasan sigilosamente sin dejar huella, aunque les anima a que, por lo menos en alguna ocasión, escriban algo que les nazca de la lectura de esta historia.



Ycomo muestra de gratitud aquí tienen esta recopilación de los temas musicales que se han escuchado a lo largo de estos 10 primeros capítulos. Que la disfruten.





miércoles, 1 de diciembre de 2010

10





(viene de 9)


Miguel arrancó la vieja scooter Lambretta y Eva Luzia subió de paquete. Se abrazó a su torso y Miguel pudo sentir la dureza de sus pechos incrustados en su espalda. Retrepó un poquito en el asiento para pegarse aún más al cuerpo de la mujer. Saberla tan cerca, notar la ligera presión de sus manos le estimulaba. Arrancó con suavidad. No quería perder el contacto con ella. Avanzaban despacio, como si nunca quisieran llegar y deshacer aquella unión. Miguel paró en un garito. Bebieron, rieron y bailaron. Avanzada la noche Eva Luzia le pidió que le llevara de vuelta a la playa donde se encontraban cada tarde. Él se brindó para acercarla hasta su casa, pero la mulata insistió que la dejara en la playa. Cuando llegaron Miguel pensó que era el momento idóneo para lograr su objetivo. Paró la moto, se bajó y con el pretexto de ayudarla la tomó por la cintura y la atrajo hacia él. La apetencia por besar sus carnosos labios, por hollar entre sus tersos muslos, por cabalgar sobre las redondas nalgas le habían hecho traspasar el límite de la prudencia. Estaba tan deseoso de aquella mujer que nada podía ya retenerle. Se avalanzó sobre ella, animal, desatado. Ella trató de frenarle, pero la fuerza que le impulsaba era descomunal. Le dejó hacer para que saciara el primer envite. Cuando notó que él aflojaba para deleitarse con su cuerpo le empujó con fuerza. Aquel rechazo confundió a Miguel. Eva Luzia comprendió que era el momento de tomar las riendas de aquella situación que ella no deseaba. Le gritó que parase y le acusó de no cumplir lo pactado. Estaba furiosa. Le repetía sin parar la misma pregunta: "¿por qué, Miguel?" Pero él no tenía la respuesta que ella esperaba. "¿Qué quieres de mí, Miguel? ¿Follarme? ¿Es eso todo lo que quieres? ¿Un polvo, dos? ¿Tres quizá? ¿Sabes, Miguel? Lo que tú intentas lo intentan a diario muchos hombres. Soy una escort-girl, una chica de compañía. Tipos importantes, socialmente relevantes, económicamente poderosos, requieren de mis servicios. Pagan por mi compañía. Pagan mucho dinero por lo que yo te he dado gratis. Mucho dinero, Miguel. Sin derecho a nada más. Si me gustan les dejo que me follen. Si no sólo se llevarán mi tiempo. Yo decido. Desde su punto de vista, tú has sido muy afortunado. Pero no volverás a serlo. ¿Quieres follarme? Pues tendrás que buscarme, pagar y esperar que te lo permita. Adiós. Miguel". Eva Luzia le miró retadora. Se dio la vuelta muy lentamente y se fue alejando con paso firme. Miguel vio cómo se la engullía la oscuridad de la noche sin atreverse a decir nada. Y sin embargo había decidido que aquella noche no iba a ser la última vez que se vieran. 

(continuará…)





miércoles, 24 de noviembre de 2010

9






(viene de 8)



El día siguiente y los posteriores de la semana transcurrieron de la misma manera. La bella mulata llegaba a la playa y buscaba la compañía de Miguel con el mismo punto de exhibición y flirteo. Hablaban de esto y de aquello con naturalidad, pero al menor atisbo de intento de ir a más por parte de Miguel ella reaccionaba con risas y evasivas. Tantas veces como le propuso él ir a tomar una copa juntos, ella le contestó que no era posible, que tenía otros planes o simplemente cambiaba el tema de la conversación. Tenía muchas tablas en el "cuerpo a cuerpo". Sabía cómo llevar la iniciativa sin parecer dominante, con solo utilizar su mágica sonrisa. El domingo, sin embargo, no acudió a la playa. El lunes tampoco. Miguel se dio cuenta entonces de lo mucho que la echaba de menos. El martes divisó su silueta a lo lejos, y decidió que ya iba siendo hora de iniciar el ritual del cortejo. Ella estaba especialmente bella. Una blusa ibicenca blanca sobre los ajustados shorts vaqueros, sus piernas desnudas sobre las sandalias romanas. Un look sencillo y casual. No necesitaba nada más para estar radiante. Se acercó hasta él y se sentó en su toalla. Sonrió. Miguel quiso preguntarle, saber el motivo…pero decidió que daba lo mismo porque lo único importante es que ella estaba allí otra vez. Era una nueva oportunidad que el destino le deparaba, y estaba resuelto a no desperdiciarla con fuegos de artificio. Charlaron hasta que Miguel la invitó a darse un baño. Ella aceptó. Se quitó la blusa blanca dejando sus preciosos pechos al descubierto. Luego se despojó del short y quedó a los ojos de Miguel solo cubierta por un exíguo tanga negro que dejaba al descubierto sus bien formadas nalgas. Era una auténtica venus con piel de bronce, una hembra que sin ser escultural podría encandilar al más indolente de los hombres. Rezumaba sensualidad. Se bañaron, jugueteando, dejándose llevar por sus instintos, entregándose a delicados roces, encontrando sus cuerpos con un estudiado azar. Salieron del agua y se secaron mientras continuaban charlando. Miguel la invitó a tomar una copa, una vez más. Ella le miró fijamente y le respondió que eso no era una buena idea. Miguel insistió. "De acuerdo, Meuguelinho. Pero no habrá sexo", le respondió ella muy seriamente. Aceptó, pero sabía que el irrefrenable sentimiento que le poseía acabaría por quebrar el pacto. Le daba igual. Hacía mucho tiempo que no ejercía de "caballero", sino de simple macho. Parte de él no pensaba más que en poseer a aquella mujer, pero había otra parte que necesitaba saber qué ocurriría cuando la sed de fornicio estuviera saciada. ¿Podría volver a sentir lo mismo que cuando lo hacía con Laura? Sólo había una forma de despejar la duda que se había instalado, poco a poco, dentro de sí. Violaría el pacto que había sellado con Eva Luzia. Tenía que hacerlo y seguro que ella lo entendería. 

(continuará…)





miércoles, 17 de noviembre de 2010

8






(viene de 7)


Ella, consciente, seguía riendo, y le palpaba el miembro mientras repetía "Meuguelinho, ñam-ñam". Se embutió de nuevo en su floreado vestido, que ahora permitía que sus poderosos pezones se marcarsen pronunciadamente como si esperasen una boca masculina en la que penetrar. Miguel decidió darse un baño, más como evasión ante su evidente erección que por ganas de remojarse. La mulata seguía riendo. A él le pareció la risa más bonita del mundo. Se encaminó hacia la orilla y se introdujo lentamente para evitar la impresión del agua fría en comparación con su ardiente cuerpo. Se sumergió y sintió cómo el frescor del mar apaciguaba el calentón. Cuando emergió para contemplar a su deseada brasileira ella ya no estaba allí. Miguel maldijo su mala suerte. Recogió sus cosas y se marchó a casa. Se dio una ducha para liberarse del molesto salitre y preparó un gin tonic. De Bombay Sapphire, como siempre. Lo tomó despacio, paladeando cada trago, acompañandolo con la rememoración de las sensaciones vividas aquella tarde en la playa. Se tomó otro. Y otro más. Estaba medio borracho. Estaba completamente empalmado. Pensó en salir a ver si se hacía una guiri, pero el recuerdo del patético patinazo, sufrido pocos días antes, con las dos rubias alemanas en el bar de la esquina, le quitó de la cabeza la posibilidad del safari nocturno. Se decantó por la opción más simple: conectarse a su portal favorito de porno gratuito en internet y hacerse una manola que aliviase su hambre de hembra. Entró en la web y vio los vídeos del día. Se fijó en uno en el que aparecía una morena tetona con una cortísima bata blanca a punto de estallar a la altura del busto. Tenía gafas de diseño y boca de viciosa. A Miguel le ponían mucho las señoritas exhuberantes con pinta de intelectuales guarrindongas. Abrió el vídeo y lo fue pasando para hacerse una idea de lo que iba a encontrar. Desilusión: la tetona era neumática y el polvo que echaba con el señor del bigote y la polla semiflácida era mentira, pura coreografía. Súbitamente se le apareció la imagen de Eva Luzia y se le ocurrió que sería buena idea buscar alguna performance en la que apareciera una mulatita brasileira. Tecleó la búsqueda y encontró una cuyo título prometía momentos de gran entusiasmo: "two gorgeous brazilian girls doing a lucky guy". Abrió el vídeo. Realmente aquel tipo era muy afortunado. Las dos bellas jovencitas exóticas le trabajaban su inmensa y depilada tranca con una fruición encomiable. Manos y lenguas se rifaban ansiosas cada centímetro de la inacabable verga. Miguel se sacó su miembro y lo llevó al estado de rigidez máxima contemplando los lametones de las brasileñas a lo largo del rabo del tipo con suerte, quien se empeñaba en realizar acrobáticas poses para introducir varios dedos de sus manos en los chorreantes chochitos de las muchachas. A juzgar por la expresión facial el tipo afortunado lo estaba pasando en grande. Entre las mamadas, los jadeos y como Eva Luzia le había hecho la mitad de la faena, a Miguel no le costó mucho correrse. No llegó ni al numerito en el que una se folla al tipo suertudo mientras él le come el jugoso coño a la otra. En cualquier caso, la paja no había estado del todo mal. Le permitiría dormirse con tranquilidad a la espera de una nueva jornada. Fue al water. Se lavó las manos y el miembro viril, todavía pringado de semen. Miró con conmiseración la imagen proyectada en el espejo mientras se cepillaba los dientes. Luego se acostó. Volvió a recordar el cuerpo de Eva Luzia. Su piel, sus pechos, sus ingles. Volvió a empalmarse con una inusitada rapidez. No le quedó más remedio que admitir que la mulata le había causado una honda impresión. Embrutecido y medio borracho, el sueño fue apoderándose de él poco a poco. 
(continuará…)





miércoles, 10 de noviembre de 2010

7






Eva Luzía era una bellísima garota brasileña que Miguel conoció en una de sus largas estancias vespertinas en la playa. Aburrido de aburrirse se llegaba al arenal para pasar de la mejor manera posible la resaca de la noche anterior mientras se acercaba la siguiente noche con su consiguiente resaca. Provisto de sus antiguas "Ray-Ban" modelo vintage de auténtica pasta y de aquella ordinaria braga náutica paquetera dos tallas más pequeña que su cintura parecía un John Belushi de cabaret provinciano. A él no le importaba. Le encantaba provocar. Una de aquellas tardes llegó a la playa una mulata  embutida en un floreado vestido playero. Miguel la vio llegar y pensó que solo por esa visión había merecido la pena echar la tarde en la playa. De mediana estatura, media melena rizada negra como el azabache y unas caderas rotundas, caminaba sobre la arena con un paso armonioso y ligero. Fue acercándose poco a poco y cuando llegó a la altura de Miguel se paró. "Menudo tipazo", pensó; "sin duda el cuerpo del verano". "Permisso", dijo ella arrastrando la vocalización de la s de una manera que a Miguel le pareció extremadamente sensual. "Voy a darme un bañito. ¿Podría vosé echarme una miradita a la bolsa?" añadió. Miguel dijo que sí, que fuera a bañarse tranquila. Entonces la mulata se quitó el ceñido vestido dejando a la vista una anatomía escultural, un precioso cuerpo color canela fibroso y estilizado del que un mínimo biquini azul celeste apenas lograba ocultar sus zonas erógenas. Miguel podía percibir sus poderosos pezones a través del top del bañador. Sobresalían totalmente de la ajustada tela. Eran gruesos y muy carnosos. Se dedicó a mirarlos mientras la hermosa mulata se recogía el pelo, seguramente consciente del embeleso del hombre. A Miguel le pareció que había un cierto punto de exhibición en la actitud de la mujer y eso le ponía muy, pero que muy cachondo. La siguió con la vista mientras se introducía en el mar. La observó evolucionar entre las olas. Le pareció que era la personificación ideal de una sirena exótica. Mientras salía del agua Miguel apreció la armonía de sus formas y movimientos. Parecía hecha para ser admirada. Según se iba acercando, totalmente mojada, los pechos de la mulata eran cada vez más evidentes y sus pezones parecían dispuestos a atravesar la tela que los tapaban. Embobado con su contemplación, Miguel no era consciente de que estaba sufriendo un severo priapismo, y que su miembro sobresalía de la braga náutica de manera evidente a los ojos de cualquiera. Cuando ella llegó a su lado trató de disimularlo, pero la sonrisa de la mujer delataba lo torpe de la operación. "Estamos iguales", dijo señalándose la desmedida turgencia de sus pezones mientras se reía. "¿Cómo te llamas?", preguntó sin dejar de sonreirle. Miguel le dijo su nombre de manera automática, impresionado por la deshinibición y naturalidad de la mulata. "Yo me llamo Eva Luzia y soy brasileira. ¿Me dejas que te encienda un cigarrillo?"  "¿Eh? ¡Oh! Sí, claro" contestó él claramente arrastrado por la osadía de la mujer. Eva Luzia se llevó el cigarrillo a su boca, lo aprisionó cerrando sus carnosos labios y tras encenderlo succionó una larga e intensa bocanada. Luego entreabrió su boca formando un orificio labial en forma de "o" y exhaló el humo ahora de forma lenta y controlada. Al comprobar que Miguel seguía sus evoluciones con evidente turbación, volvió a reir mientras le decía "Meugelinho, ¡estas embobado!". Era cierto. Aquella garotinha acababa de entrar en su vida como un torrente de frescura, y Miguel estaba totalmente a merced de sus iniciativas. Eva Luzia se sentó junto a él en su toalla y comenzó a charlar como si le conociera desde siempre. Así pasaron alrededor de dos horas, hasta que la hermosa mulata miró su reloj. "Es tarde ya, Meuguelinho. Tengo que marchar", dijo. Se puso de pie y sacando de su mochilita una toalla le invitó a que la sostuviera alrededor de su cintura para que ella pudiera quitarse la todavía mojada braga del bikini. Miguel rodeó con sus brazos el contorno de su cintura. Tocó levemente su tersa piel y notó que comenzaba a excitarse al sentir la proximidad del cuerpo de la mujer. Estaba demasiado cerca y sentía su calor. Ella se desabrochó el top y dejó sus pechos al aire. los pezones quedaron a la altura de la cara de Miguel, que estaba semiagachado pendiente de la toalla. Levantó la vista y los vió. eran gruesos y grandes en comparación con el tamaño de sus senos. El contorno de la aureola casi se perdía entre la dimensión de los pezones. Pensó en su lengua en contacto con aquellos biberones naturales y se excitó. Notó el miembro fuera de la braga náutica. Eva Luzia rió y con un rápido movimiento lo volvió a introducir dentro del bañador. "Meugelinho, ¡ñam, ñam!", dijo mientras reía sin parar. Miguel se sintió ridículo. Estaba empalmado y pendiente de que una toalla no dejara ver lo que más deseaba contemplar en ese momento. Eva Luzia se quitó la parte inferior de su traje de baño ante la muy evidente erección de Miguel. Le divertía la situación. Mientras ella buscaba en la pequeña mochila unas braguitas, la toalla se abrió lo suficiente como para que Miguel pudiera ver su precioso sexo. De un rápido vistazo. Un pequeño tatuaje en forma de dragón presidía una vulva de gruesos labios que apenas podían ocultar un piercing en forma de anillito que perforaba el sobresaliente clítoris de la mujer. Un espectáculo fascinante, sin duda, dado el estado de excitación en el que se encontraba Miguel. 
(continuará…)



miércoles, 3 de noviembre de 2010

6






Mientras se duchaba le asaltaron de nuevo las imágenes que había contemplado la noche anterior. Recorrió la secuencia mentalmente con fruición, y el animalito que vivía entre sus piernas comenzó a desperezarse. "Vaya, Miguelín, la emoción de la vecinita todavía colea", bromeó consigo mismo. Miró cómo crecía su miembro, libre de vello púbico tal y como a Laura le gustaba para apreciar su poderío mientras lo felaba en toda su extensión. Se aplicó un chorro de agua fría, se aclaró y salió de la ducha. A la vez que secaba su cuerpo con la toalla comenzó a digerir la situación. El verano acababa de empezar y en menos de venticuatro horas su casa iba a estar tomada por dos ocupas veinteañeras con sus cuerpos viviendo una "rave" hormonal sin límite. Pensó que aquello no era justo y que se había plegado demasiado rápidamente a la voluntad de su exmujer. Sí, debería de obtener alguna contrapartida por ello. Y acababa de estipularla unilateralmente: cuatro mil euros. Justo lo que le costaría una noche entera con Eva Luzia, la "escort" brasileña que Miguel había conocido el pasado verano. Tomó el móvil y llamó a Laura. "Dime", dijo ella secamente. "Laura, tu tiempecito de relax con el Sir te va a costar cuatro mil euros" le comunicó él sin ningún miramiento."¿Cuatro mil eur…? ¡Ah, ya veo!" comprendió rápida. No pudo reprimir una carcajada y añadió: "A Miguel le gustó la "caipirinha" de Maraysa y quiere repetir. Te la chupó bien, ¿eh?" y siguió riendo. A Miguel no le gustó la chanza y le respondió con brusquedad. "No como tú, ya lo sabes. Pero tú hace tiempo que decidiste olvidarte a qué sabe el interior de un hombre fracasado". La rotunda contestación de Miguel hizo que Laura recobrara la seriedad y le dijo que de acuerdo. De repente volvió a repetir la gracieta de la caipirinha y colgó entre nuevas risas. Miguel pensó que por una noche de Eva Luzía merecía la pena aguantar aquella vejación de la mujer a la que en otro tiempo había entregado su universo sexual y de la que todavía seguía enamorado como un colegial aunque nunca fuera capaz de reconocerlo. (continuará…)



miércoles, 27 de octubre de 2010

5





Durmió hasta que el timbre de su celular le devolvió a la realidad de un nuevo día. La insistencia del timbre no le permitió obviarlo. Despertó tendido en el suelo, desnudo, empalmado y con todo el sol enfocando su cuerpo. Se levantó a duras penas y sin casi desperezarse se dirigió, torpemente, hacia el lugar de donde procedían los timbrazos. Cogió el teléfono móvil. Se frotó los ojos para intentar ver quién le llamaba, pero sin sus flamantes gafas de nuevo miembro del club de la presbicia no veía nada. Decidió arriesgarse. Una cita a ciegas con su desconocido interpelante. Pulsó la tecla de aceptar y se percató de que su mano estaba totalmente cubierta con el seco resíduo del semen eyaculado hacía solo unas pocas horas. Balbuceó un sonido que intentaba marcar el comienzo de una conversación y esperó respuesta. "¿Miguel?" preguntó una voz que reconoció con sorpresa. Era Laura. Con un acto reflejo se cambió el teléfono de mano, como intentando preservarla de los restos de su esperma. "Laura…", respondió entre indolente y sorprendido. "Laurita…", repitió con un tono que indicaba su intención de ser calculadamente hostil. "Miguel, mira, no tengo mucho tiempo para explicarte la situación…necesito…ya va siendo hora…", comenzó a explicarse Laura. "¿Problemas con el "Sir", Laura? ¿Mi exmujercita ya no es la reina del inglés?", le espetó Miguel en tono cáustico. Sabía muy bien que a ella le exasperaba que llamase "el inglés" o tildase de "Sir" a su nueva pareja, un adinerado británico que conoció en uno de los viajes que Laura realizó para visitar a su hija cuando estudiaba en el College en Londres. "Se llama Paul, señor el-mismo-inmaduro-personaje-de-siempre-Miguel. En fin…", replicó ella. Y continuó. "Mira Miguel, no hace falta que te recuerde que tienes una hija, lo sabes perfectamente. Por motivos que no voy a contarte, Sara ha decidido pasar unas semanas fuera de nuestro, digamos, "alcance". Y le ha dado por tí, querido y afortunado padre de la criatura. Ni he podido ni he querido convencerla de lo contrario. Así que mañana por la tarde  la acercaré con el coche. ¡Ah! Se me olvidaba: la acompañará su amiga Mónica, todo un carácter de jovencita. Ten cuidado con ella. tiene un par de tetas que no le caben en el pecho y un cuerpazo que pide guerra a gritos. Y tú, querido mío, no estás nada sordo". Miguel quiso protestar, pero el tono de voz empleado por Laura había sido tan contundente que se dio cuenta de que no tenía opción. "Bien, sí", acertó a responder. Un silencio prolongado se hizo en ambos interlocutores. Se habían dicho todo y nada quedaba pendiente. "Miguel…", recomenzó ella. Por un momento él pensó que iba a proponerle, de nuevo, ofrecerle…"¿Qué?" respondió rápido. "¿Sigues bebiendo?" le dijo Laura sin tregua. "No", le mintió Miguel. "Mejor, si es cierto. Hasta mañana. Te llamaré de camino para que estés preparado", le advirtió ella. "O.K Laura" acabó él cortando la comunicación. "Bonito plan veraniego", pensó. "Un solitario cuarentón salido y dos jovencitas cuasiveinteañeras compartiendo piso", remató para sí mientras se introducía en la ducha.
(continuará…)



LAURA

viernes, 22 de octubre de 2010

4





Comenzó a arquear su cuerpo como intuyó que lo hacía el de la mujer. Buscó el mismo ritmo. Ahora le parecíá que ella echaba levemente su cabeza hacia atrás, como si iniciara el ancestral rito del sexo autocomplaciente. Miguel comenzó a acelerar la cadencia de su masturbación. Tenía el miembro realmente duro. Lo empuñó con firmeza. Sabía que ya no podría parar hasta expulsar fuera de sí todo aquel deseo reprimido que la silueta en aquella ventana había conseguido desatar dentro de él. Veía a la mujer y la presentía untosa y brillante, lubricada para que él pudiera liberar su deseo dentro de su cuerpo. Entonces ella dejó de moverse. Se dio la vuelta y cogió algo de la cama. Era un provocativo tanguita de raso gris. Se agachó mostrando a Miguel sus perfectas nalgas, se lo acopló perfectamente entre sus muslos macizos y apagó la luz. Miguel estaba ya totalmente fuera de sí. Su mano estimulaba el pene con certeras maniobras sobre el hinchado glande. No quiso lamentar el fin del espectáculo, sinó acabar de manera salvaje la masturbación que había comenzado y comenzó a repasar la sucesión de imágenes que aquella noche le había regalado. Trataba de alargar el frenesí que le invadía. Trabajaba su miembro con rítmicos movimientos desde la base. Arriba y abajo, arriba y abajo como si hollara un imaginario vientre de mujer. Se sabía sudoroso, primario, siervo del éxtasis final. Cuando adivinó que iba a dejarse ir definitivamente vio como la vecina subía la persiana dejando percibir su figura entre la penumbra. Dibujó entonces en su mente una lengua para lamer aquellos pechos pequeños y respingones. Entreabrió su boca como queriendo mordisquearlos. Resopló. Le faltaba el aire. Cabeceaba sin control. En su interior oyó los susurros de Laura cuando intuía que Miguel iba a eyacular. "Ya, mimoso, ya". El instinto animal que le poseía entonces le empujaba hacia el conocido y deseado desenlace. Pensó en la dureza de aquellos pezones, ahítos de deseo. "Ya, mimoso, ya". Sintió la incandescencia de su miembro. Imaginó su pene deslizándose por el cuerpo aceitoso de la mujer, resbalando en una loca carrera por penetrarla. "Mimoso". Se espoleó con el afeitado sexo, presto a recibir sus imposibles embates y entonces se corrió sacudiendo violentamente la cintura, resoplando y emitiendo un sordo gruñido de placer. "Ya, ya, ya". El esperma golpeó el cristal y parte de la lechosa y cálida lluvia se perdió en la oscuridad de la noche. La vecina levantó la vista, desnuda, bella, hermosa y Miguel reculó para no ser visto intentando controlar los convulsos movimientos de su orgasmo. Se dejó caer al suelo, sudoroso, jadeante. Comenzó a invadirle una ligera sensación de vacío, el mismo vacío que sentía cada vez que le inundaba desde que Laura le abandonó, pero detuvo esa vorágine depresiva pensando que había sido la mejor paja de su vida. Poco a poco sus pulsaciones fueron recuperando la normalidad. Luego envió un beso imaginario a su imposible partenaire nocturna y cerró los ojos. Agotado y sin el anclaje de un cuerpo cercano en el que guarecerse de la soledad, el sueño se fue apoderando de su mente.



¡PLAY!



Este y los tres capítulos anteriores fueron gentilmente publicados por Lady Rosa en su blog "espumasdetiempo.blogspot.com/" durante julio y agosto de 2010, en lo que iba a ser ser un relato sin solución de continuidad, bajo el título "Miguel y la sombra".

Los capítulos que se publicarán semanalmente en el futuro pretenden conculcar la primera voluntad del autor -un tipo con principios pero sin finales definidos a tenor de lo visto- siendo una secuela, más o menos lógica, del citado relato.

Permanezcan, pues, ladies y gentlemen, atentos a sus receptores y al discurrir venidero de Miguel, Laura y su troupe, porque la farsa sigue y la historia…

(…continuará…)

domingo, 17 de octubre de 2010

3



(PLAY)





De repente la anónima vecina se dio la vuelta y por un instante Miguel pudo ver la belleza de su sexo. Delicadamente rasurado dejaba al descubierto unos labios perfectamente simétricos, franqueados por un enigmático lunar alineado a medio camino entre el monte de venus y su redondo ombligo. Alzó rápidamente la vista para descubrir su cara, pero entonces la persiana comenzó a bajar con lentitud hasta ocultar parcialmente el ventanal. "Mala suerte, muchacho" pensó. Pero tenía tanto sexo dentro de sí que permaneció atento, intentando escrutar qué es lo que ocurría en la habitación a través de las ranuras del inoportuno obstáculo. Vio entonces cómo la mujer se recogía el pelo y luego comenzó a aplicarse algo por su cuerpo. Miguel podía ver con claridad casi toda la longitud de sus piernas a través del cristal que permanecía expedito. Eran las piernas de una hembra en sazón, firmes y cuidadas. Contemplaba, fuera de sí, la forma en la que ella extendía una especie de mixtura lechosa a lo largo de ellas. Lentamente, acariciándose, envolviendo su bronceada piel con delicados y sinuosos círculos. Sobre los muslos, sobre las nalgas, sobre el vientre. Cuando llegó a lo que Miguel intuyó que eran unos pequeños y tersos senos su erección estaba en grado máximo. Como si se tratase de un espectáculo de sombras chinescas observaba concentrado la manera en que ella se masajeaba cada pecho, comenzando desde la base, amasando el seno en toda su extensión, para terminar en un ligero y delicado pellizco en los pezones. Miguel deseó que fueran sus manos las que trabajaran esos pechos. Recordó la forma en que le gustaba a Laura que se lo hiciera. Él detrás, aprisionando su cuerpo con el contorno de sus masculinos brazos. Con delicadeza al principio, aprovechando toda la capacidad de sus manos para abarcarlos. Primero un pecho. Luego el otro. Deslizando la palma sobre él mientras separaba ligeramente los dedos anular y corazón para unirlos súbitamente aprisionando el hirsuto pezón. Le gustaba sentir el estremecimiento de su hembra con sus caricias. Le gustaba percibir su sofoco, encenderse con el tacto de su piel. Enloquecía al notar su entrega cuando ella levantaba los brazos para que nada obstaculizara las diestras evoluciones de su hombre, cuando le ofrecía generosa su cerviz para que él la horadase con su boca. No se lo pensó dos veces y comenzó a acariciarse el miembro. Suave, rítmicamente. Notaba el acelerado pulso golpear con fuerza en su pene, totalmente convulsionado. No podía apartar la mirada de aquella ventana que había abierto el universo de su deseo más profundo. Sentía su músculo enhiesto mientras imaginaba las manos de la mujer resbalar sobre la piel aceitada, anhelando sentirlas sobre su propio cuerpo de macho solitario. Y le gustó sentirse tan excitado. 
(continuará…) 

viernes, 15 de octubre de 2010

2



¡CLICK!


 A Miguel le llamó la atención el precioso tono de su piel. Era un hermoso brazo. Terso, estilizado, bien formado. Mientras observaba su ir y venir pensó que le gustaría saber a quién pertenecería. Repasó mentalmente el vecindario, pero no encontró a nadie que pudiera ser la afortunada dueña de aquella perfecta extremidad anatómica. Volvió a aparecer para cerrar el armario y entonces Miguel pudo ver con claridad el perfil de una espalda femenina plena de sol que culminaba en una larga pierna, prieta y torneada, cuyo dintel era una nalga en la que el bronceado había dibujado la silueta de la braguita de un sugerente bikini. Un temblor recorrió a Miguel. Se sintió totalmente despejado y atento a lo que estaba contemplando. La consciencia de la desnudez de la mujer penetró con fuerza dentro de él y quedó paralizado esperando ansioso las evoluciones de la insospechada y placentera visión. Apoyado en el alfeizar de su ventana, no fue consciente de que él también estaba desnudo hasta que sintió cómo su miembro tropezaba con el frío cristal que la remataba por abajo. Estaba excitado y sintió la fuerza de su erección como hacía años que no la sentía. Posiblemente desde que empezaron a ir mal las cosas con su exmujer. La recordó jóven y desnuda. El azabache de sus cabellos sobre su generoso pecho envuelto en seda y encaje. Sabía que ese recuerdo le estimularía aún más y no lo evitó. Laura era una hermosa jóven cuando la conoció. Bien formada, de hechuras rotundas, y elegante. Bella e inteligente, apenas le quedaban dos cursos para acabar la carrera de Derecho con extraordinaria brillantez. Nadie comprendía el motivo por el que aquella "diosa", capaz de sobresalir en cualquier disciplina, había sido capaz de prendarse del bohemio Miguel. Él tampoco y en su inconsciencia se dedicó a consumirla poco a poco hasta que ella, cansada madre y hembra harta de sus desplantes, decidió descubrir los amoríos de Miguel con una prometedora modelo publicitaria de rubia melena, voluptuosas medidas y escasas ideas. Les pilló en la cama, él lamiendo alternativamente los senos de ella mientras la modelo le cabalgaba enloquecida a punto del orgasmo. Hacía cuatro años de eso. Cuatro años de una degeneración autodestructiva buscando sexo fácil aprovechándose de su estatus de madurito interesante entre las jovencitas a las que daba clases en la universidad. Y ahora estaba allí, solo, desnudo y erecto ante la visión de una extraordinaria hembra.
(continuará…)

miércoles, 13 de octubre de 2010

1



Agobiado por el tremendo calor Miguel se levantó de la cama. A tientas y guiado por un tenue resplandor procedente de la habitación más allá del pasillo cogió un cigarrillo para tratar de engañar al insomnio. Buscó el encendedor, pero no estaba en la mesilla. Miró en los bolsillos del pantalón; tampoco estaba allí. "Se me habrá caído al llegar a casa",  pensó, no sin motivo, al recordar los muchos gin-tonics que se había tomado esa noche. Se olvidó de la sensación de mareo que inundaba su cabeza y comenzó a dar pasos en busca del mechero. Cuando rebasó el quicio de la puerta percibió el resplandor con más intensidad. Miró el reloj. Las cinco y media de la madrugada. "Alguien ha llegado peor que yo esta noche", malició, y se introdujo en la habitación en la que penetraba la luz exterior. Su pie tropezó con algo. Era el encendedor. "Misión cumplida" se dijo, y se acercó a la ventana abierta dispuesto a echar allí un cigarrito que le ayudase a pasar la primera fase de la resaca dominical. Inhaló la primera calada, aunque el regusto a alcohol no le permitiese saborearla en condiciones. Centró su atención en la luz. Provenía de una ventana dos pisos bajo el suyo. Le quedaba ligeramente desplazada, con lo que solo podía ver parte de la estancia a la que pertenecía. Jugó a imaginar quién podría vivir allí. Era difícil, porque no podía apreciar ningún objeto personal. Desde su atalaya de cristal solo veía un suelo de mármol rojo, sin alfombra, parte de una cama cubierta con una colcha blanca y la puerta de lo que pudiera ser un armario, empotrado en la pared del cuarto. Recordaba que su apartamento era así cuando lo compró al matrimonio francés que abandonó aquella costa al llegar el boom inmobiliario en la zona. "Seguro que es de alquiler" se explicó a sí mismo, a la vez que especulaba mentalmente con la mano del piso al que correspondería el ventanal. De repente le pareció que la luz temblaba. Apreció entonces una sombra proyectada en la pared. Una mano se acercó al pomo de la puerta del armario. Luego, un brazo de mujer.
(continuará…)