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domingo, 17 de octubre de 2010

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(PLAY)





De repente la anónima vecina se dio la vuelta y por un instante Miguel pudo ver la belleza de su sexo. Delicadamente rasurado dejaba al descubierto unos labios perfectamente simétricos, franqueados por un enigmático lunar alineado a medio camino entre el monte de venus y su redondo ombligo. Alzó rápidamente la vista para descubrir su cara, pero entonces la persiana comenzó a bajar con lentitud hasta ocultar parcialmente el ventanal. "Mala suerte, muchacho" pensó. Pero tenía tanto sexo dentro de sí que permaneció atento, intentando escrutar qué es lo que ocurría en la habitación a través de las ranuras del inoportuno obstáculo. Vio entonces cómo la mujer se recogía el pelo y luego comenzó a aplicarse algo por su cuerpo. Miguel podía ver con claridad casi toda la longitud de sus piernas a través del cristal que permanecía expedito. Eran las piernas de una hembra en sazón, firmes y cuidadas. Contemplaba, fuera de sí, la forma en la que ella extendía una especie de mixtura lechosa a lo largo de ellas. Lentamente, acariciándose, envolviendo su bronceada piel con delicados y sinuosos círculos. Sobre los muslos, sobre las nalgas, sobre el vientre. Cuando llegó a lo que Miguel intuyó que eran unos pequeños y tersos senos su erección estaba en grado máximo. Como si se tratase de un espectáculo de sombras chinescas observaba concentrado la manera en que ella se masajeaba cada pecho, comenzando desde la base, amasando el seno en toda su extensión, para terminar en un ligero y delicado pellizco en los pezones. Miguel deseó que fueran sus manos las que trabajaran esos pechos. Recordó la forma en que le gustaba a Laura que se lo hiciera. Él detrás, aprisionando su cuerpo con el contorno de sus masculinos brazos. Con delicadeza al principio, aprovechando toda la capacidad de sus manos para abarcarlos. Primero un pecho. Luego el otro. Deslizando la palma sobre él mientras separaba ligeramente los dedos anular y corazón para unirlos súbitamente aprisionando el hirsuto pezón. Le gustaba sentir el estremecimiento de su hembra con sus caricias. Le gustaba percibir su sofoco, encenderse con el tacto de su piel. Enloquecía al notar su entrega cuando ella levantaba los brazos para que nada obstaculizara las diestras evoluciones de su hombre, cuando le ofrecía generosa su cerviz para que él la horadase con su boca. No se lo pensó dos veces y comenzó a acariciarse el miembro. Suave, rítmicamente. Notaba el acelerado pulso golpear con fuerza en su pene, totalmente convulsionado. No podía apartar la mirada de aquella ventana que había abierto el universo de su deseo más profundo. Sentía su músculo enhiesto mientras imaginaba las manos de la mujer resbalar sobre la piel aceitada, anhelando sentirlas sobre su propio cuerpo de macho solitario. Y le gustó sentirse tan excitado. 
(continuará…) 

8 comentarios:

Sophie van Driel dijo...

Lo exquisito de espiar a la vecina y aventurarse dentro de una misma (te lo digo por experiencia)

Sophie

Beau Brummel dijo...

Lady Sophie, los ventanales son los elementos donde los edificios proyectan su yo más exhibicionista y nosotros, simples mortales, no podemos sino sentirnos hipnóticamente fascinados por las fantasías que, ante ellas, discurren detrás de nuestros pensamientos.

Uno de los mayores placeres es observar sabiendo que la persona observada es consciente de que lo es. Hablo de sutileza, de simulado azar…

De todas formas, creo que su afirmación bien vale una explicación más exhaustiva. No nos niegue ese placer, por favor.

ROSA ARAUZ dijo...

Tus letras si que llevan a un Universo profundo Beau. Tuve el privilegio de leerlas antes, pero aún así ahora siguen excitando, la fantasía unida a tus descripciones cautivan.

Besos

Beau Brummel dijo...

Dicen que el halago debilita, Lady Rosa. Pero ¿quién puede resistirse a recibirlo si es tan gratificante?

Muchas gracias, madrina.

Rosaida dijo...

Miguel espiando y el objeto de su deseo aplicando con sutileza la crema sobre su cuerpo, recreándose en sus cimas… ¿consciente de estar siendo observada desde el otro lado del valle?
Un beso desde mi Jardín.

Beau Brummel dijo...

Eso yo no lo sé, Lady Rosaida. Y me temo que Miguel tampoco, aunque es una hipótesis muy sugerente.

¿Qué le parece a ud?

Caricia. dijo...

A mi me gustó leer la delicadeza con la cual él se acerca, a pesar de estar tan excitado.

Me gusta lo que leo aquí.


Besí.

Liba dijo...

Causalidades nos han llevado a acercarnos a la vez ¿lo sabes? Estabas en mi casa mientras yo leía las historias de Miguel... ;)

Por cierto, me he venido con un café en la mano pero creo que para esto se necesita un tequila y un cigarro y la confidencia de una madrugada.

Pasaré el día sintiendo el latido untuoso de unas manos que abarcan y excitan.

Kiss, Sir...