Seguidores

miércoles, 24 de noviembre de 2010

9






(viene de 8)



El día siguiente y los posteriores de la semana transcurrieron de la misma manera. La bella mulata llegaba a la playa y buscaba la compañía de Miguel con el mismo punto de exhibición y flirteo. Hablaban de esto y de aquello con naturalidad, pero al menor atisbo de intento de ir a más por parte de Miguel ella reaccionaba con risas y evasivas. Tantas veces como le propuso él ir a tomar una copa juntos, ella le contestó que no era posible, que tenía otros planes o simplemente cambiaba el tema de la conversación. Tenía muchas tablas en el "cuerpo a cuerpo". Sabía cómo llevar la iniciativa sin parecer dominante, con solo utilizar su mágica sonrisa. El domingo, sin embargo, no acudió a la playa. El lunes tampoco. Miguel se dio cuenta entonces de lo mucho que la echaba de menos. El martes divisó su silueta a lo lejos, y decidió que ya iba siendo hora de iniciar el ritual del cortejo. Ella estaba especialmente bella. Una blusa ibicenca blanca sobre los ajustados shorts vaqueros, sus piernas desnudas sobre las sandalias romanas. Un look sencillo y casual. No necesitaba nada más para estar radiante. Se acercó hasta él y se sentó en su toalla. Sonrió. Miguel quiso preguntarle, saber el motivo…pero decidió que daba lo mismo porque lo único importante es que ella estaba allí otra vez. Era una nueva oportunidad que el destino le deparaba, y estaba resuelto a no desperdiciarla con fuegos de artificio. Charlaron hasta que Miguel la invitó a darse un baño. Ella aceptó. Se quitó la blusa blanca dejando sus preciosos pechos al descubierto. Luego se despojó del short y quedó a los ojos de Miguel solo cubierta por un exíguo tanga negro que dejaba al descubierto sus bien formadas nalgas. Era una auténtica venus con piel de bronce, una hembra que sin ser escultural podría encandilar al más indolente de los hombres. Rezumaba sensualidad. Se bañaron, jugueteando, dejándose llevar por sus instintos, entregándose a delicados roces, encontrando sus cuerpos con un estudiado azar. Salieron del agua y se secaron mientras continuaban charlando. Miguel la invitó a tomar una copa, una vez más. Ella le miró fijamente y le respondió que eso no era una buena idea. Miguel insistió. "De acuerdo, Meuguelinho. Pero no habrá sexo", le respondió ella muy seriamente. Aceptó, pero sabía que el irrefrenable sentimiento que le poseía acabaría por quebrar el pacto. Le daba igual. Hacía mucho tiempo que no ejercía de "caballero", sino de simple macho. Parte de él no pensaba más que en poseer a aquella mujer, pero había otra parte que necesitaba saber qué ocurriría cuando la sed de fornicio estuviera saciada. ¿Podría volver a sentir lo mismo que cuando lo hacía con Laura? Sólo había una forma de despejar la duda que se había instalado, poco a poco, dentro de sí. Violaría el pacto que había sellado con Eva Luzia. Tenía que hacerlo y seguro que ella lo entendería. 

(continuará…)





miércoles, 17 de noviembre de 2010

8






(viene de 7)


Ella, consciente, seguía riendo, y le palpaba el miembro mientras repetía "Meuguelinho, ñam-ñam". Se embutió de nuevo en su floreado vestido, que ahora permitía que sus poderosos pezones se marcarsen pronunciadamente como si esperasen una boca masculina en la que penetrar. Miguel decidió darse un baño, más como evasión ante su evidente erección que por ganas de remojarse. La mulata seguía riendo. A él le pareció la risa más bonita del mundo. Se encaminó hacia la orilla y se introdujo lentamente para evitar la impresión del agua fría en comparación con su ardiente cuerpo. Se sumergió y sintió cómo el frescor del mar apaciguaba el calentón. Cuando emergió para contemplar a su deseada brasileira ella ya no estaba allí. Miguel maldijo su mala suerte. Recogió sus cosas y se marchó a casa. Se dio una ducha para liberarse del molesto salitre y preparó un gin tonic. De Bombay Sapphire, como siempre. Lo tomó despacio, paladeando cada trago, acompañandolo con la rememoración de las sensaciones vividas aquella tarde en la playa. Se tomó otro. Y otro más. Estaba medio borracho. Estaba completamente empalmado. Pensó en salir a ver si se hacía una guiri, pero el recuerdo del patético patinazo, sufrido pocos días antes, con las dos rubias alemanas en el bar de la esquina, le quitó de la cabeza la posibilidad del safari nocturno. Se decantó por la opción más simple: conectarse a su portal favorito de porno gratuito en internet y hacerse una manola que aliviase su hambre de hembra. Entró en la web y vio los vídeos del día. Se fijó en uno en el que aparecía una morena tetona con una cortísima bata blanca a punto de estallar a la altura del busto. Tenía gafas de diseño y boca de viciosa. A Miguel le ponían mucho las señoritas exhuberantes con pinta de intelectuales guarrindongas. Abrió el vídeo y lo fue pasando para hacerse una idea de lo que iba a encontrar. Desilusión: la tetona era neumática y el polvo que echaba con el señor del bigote y la polla semiflácida era mentira, pura coreografía. Súbitamente se le apareció la imagen de Eva Luzia y se le ocurrió que sería buena idea buscar alguna performance en la que apareciera una mulatita brasileira. Tecleó la búsqueda y encontró una cuyo título prometía momentos de gran entusiasmo: "two gorgeous brazilian girls doing a lucky guy". Abrió el vídeo. Realmente aquel tipo era muy afortunado. Las dos bellas jovencitas exóticas le trabajaban su inmensa y depilada tranca con una fruición encomiable. Manos y lenguas se rifaban ansiosas cada centímetro de la inacabable verga. Miguel se sacó su miembro y lo llevó al estado de rigidez máxima contemplando los lametones de las brasileñas a lo largo del rabo del tipo con suerte, quien se empeñaba en realizar acrobáticas poses para introducir varios dedos de sus manos en los chorreantes chochitos de las muchachas. A juzgar por la expresión facial el tipo afortunado lo estaba pasando en grande. Entre las mamadas, los jadeos y como Eva Luzia le había hecho la mitad de la faena, a Miguel no le costó mucho correrse. No llegó ni al numerito en el que una se folla al tipo suertudo mientras él le come el jugoso coño a la otra. En cualquier caso, la paja no había estado del todo mal. Le permitiría dormirse con tranquilidad a la espera de una nueva jornada. Fue al water. Se lavó las manos y el miembro viril, todavía pringado de semen. Miró con conmiseración la imagen proyectada en el espejo mientras se cepillaba los dientes. Luego se acostó. Volvió a recordar el cuerpo de Eva Luzia. Su piel, sus pechos, sus ingles. Volvió a empalmarse con una inusitada rapidez. No le quedó más remedio que admitir que la mulata le había causado una honda impresión. Embrutecido y medio borracho, el sueño fue apoderándose de él poco a poco. 
(continuará…)





miércoles, 10 de noviembre de 2010

7






Eva Luzía era una bellísima garota brasileña que Miguel conoció en una de sus largas estancias vespertinas en la playa. Aburrido de aburrirse se llegaba al arenal para pasar de la mejor manera posible la resaca de la noche anterior mientras se acercaba la siguiente noche con su consiguiente resaca. Provisto de sus antiguas "Ray-Ban" modelo vintage de auténtica pasta y de aquella ordinaria braga náutica paquetera dos tallas más pequeña que su cintura parecía un John Belushi de cabaret provinciano. A él no le importaba. Le encantaba provocar. Una de aquellas tardes llegó a la playa una mulata  embutida en un floreado vestido playero. Miguel la vio llegar y pensó que solo por esa visión había merecido la pena echar la tarde en la playa. De mediana estatura, media melena rizada negra como el azabache y unas caderas rotundas, caminaba sobre la arena con un paso armonioso y ligero. Fue acercándose poco a poco y cuando llegó a la altura de Miguel se paró. "Menudo tipazo", pensó; "sin duda el cuerpo del verano". "Permisso", dijo ella arrastrando la vocalización de la s de una manera que a Miguel le pareció extremadamente sensual. "Voy a darme un bañito. ¿Podría vosé echarme una miradita a la bolsa?" añadió. Miguel dijo que sí, que fuera a bañarse tranquila. Entonces la mulata se quitó el ceñido vestido dejando a la vista una anatomía escultural, un precioso cuerpo color canela fibroso y estilizado del que un mínimo biquini azul celeste apenas lograba ocultar sus zonas erógenas. Miguel podía percibir sus poderosos pezones a través del top del bañador. Sobresalían totalmente de la ajustada tela. Eran gruesos y muy carnosos. Se dedicó a mirarlos mientras la hermosa mulata se recogía el pelo, seguramente consciente del embeleso del hombre. A Miguel le pareció que había un cierto punto de exhibición en la actitud de la mujer y eso le ponía muy, pero que muy cachondo. La siguió con la vista mientras se introducía en el mar. La observó evolucionar entre las olas. Le pareció que era la personificación ideal de una sirena exótica. Mientras salía del agua Miguel apreció la armonía de sus formas y movimientos. Parecía hecha para ser admirada. Según se iba acercando, totalmente mojada, los pechos de la mulata eran cada vez más evidentes y sus pezones parecían dispuestos a atravesar la tela que los tapaban. Embobado con su contemplación, Miguel no era consciente de que estaba sufriendo un severo priapismo, y que su miembro sobresalía de la braga náutica de manera evidente a los ojos de cualquiera. Cuando ella llegó a su lado trató de disimularlo, pero la sonrisa de la mujer delataba lo torpe de la operación. "Estamos iguales", dijo señalándose la desmedida turgencia de sus pezones mientras se reía. "¿Cómo te llamas?", preguntó sin dejar de sonreirle. Miguel le dijo su nombre de manera automática, impresionado por la deshinibición y naturalidad de la mulata. "Yo me llamo Eva Luzia y soy brasileira. ¿Me dejas que te encienda un cigarrillo?"  "¿Eh? ¡Oh! Sí, claro" contestó él claramente arrastrado por la osadía de la mujer. Eva Luzia se llevó el cigarrillo a su boca, lo aprisionó cerrando sus carnosos labios y tras encenderlo succionó una larga e intensa bocanada. Luego entreabrió su boca formando un orificio labial en forma de "o" y exhaló el humo ahora de forma lenta y controlada. Al comprobar que Miguel seguía sus evoluciones con evidente turbación, volvió a reir mientras le decía "Meugelinho, ¡estas embobado!". Era cierto. Aquella garotinha acababa de entrar en su vida como un torrente de frescura, y Miguel estaba totalmente a merced de sus iniciativas. Eva Luzia se sentó junto a él en su toalla y comenzó a charlar como si le conociera desde siempre. Así pasaron alrededor de dos horas, hasta que la hermosa mulata miró su reloj. "Es tarde ya, Meuguelinho. Tengo que marchar", dijo. Se puso de pie y sacando de su mochilita una toalla le invitó a que la sostuviera alrededor de su cintura para que ella pudiera quitarse la todavía mojada braga del bikini. Miguel rodeó con sus brazos el contorno de su cintura. Tocó levemente su tersa piel y notó que comenzaba a excitarse al sentir la proximidad del cuerpo de la mujer. Estaba demasiado cerca y sentía su calor. Ella se desabrochó el top y dejó sus pechos al aire. los pezones quedaron a la altura de la cara de Miguel, que estaba semiagachado pendiente de la toalla. Levantó la vista y los vió. eran gruesos y grandes en comparación con el tamaño de sus senos. El contorno de la aureola casi se perdía entre la dimensión de los pezones. Pensó en su lengua en contacto con aquellos biberones naturales y se excitó. Notó el miembro fuera de la braga náutica. Eva Luzia rió y con un rápido movimiento lo volvió a introducir dentro del bañador. "Meugelinho, ¡ñam, ñam!", dijo mientras reía sin parar. Miguel se sintió ridículo. Estaba empalmado y pendiente de que una toalla no dejara ver lo que más deseaba contemplar en ese momento. Eva Luzia se quitó la parte inferior de su traje de baño ante la muy evidente erección de Miguel. Le divertía la situación. Mientras ella buscaba en la pequeña mochila unas braguitas, la toalla se abrió lo suficiente como para que Miguel pudiera ver su precioso sexo. De un rápido vistazo. Un pequeño tatuaje en forma de dragón presidía una vulva de gruesos labios que apenas podían ocultar un piercing en forma de anillito que perforaba el sobresaliente clítoris de la mujer. Un espectáculo fascinante, sin duda, dado el estado de excitación en el que se encontraba Miguel. 
(continuará…)



miércoles, 3 de noviembre de 2010

6






Mientras se duchaba le asaltaron de nuevo las imágenes que había contemplado la noche anterior. Recorrió la secuencia mentalmente con fruición, y el animalito que vivía entre sus piernas comenzó a desperezarse. "Vaya, Miguelín, la emoción de la vecinita todavía colea", bromeó consigo mismo. Miró cómo crecía su miembro, libre de vello púbico tal y como a Laura le gustaba para apreciar su poderío mientras lo felaba en toda su extensión. Se aplicó un chorro de agua fría, se aclaró y salió de la ducha. A la vez que secaba su cuerpo con la toalla comenzó a digerir la situación. El verano acababa de empezar y en menos de venticuatro horas su casa iba a estar tomada por dos ocupas veinteañeras con sus cuerpos viviendo una "rave" hormonal sin límite. Pensó que aquello no era justo y que se había plegado demasiado rápidamente a la voluntad de su exmujer. Sí, debería de obtener alguna contrapartida por ello. Y acababa de estipularla unilateralmente: cuatro mil euros. Justo lo que le costaría una noche entera con Eva Luzia, la "escort" brasileña que Miguel había conocido el pasado verano. Tomó el móvil y llamó a Laura. "Dime", dijo ella secamente. "Laura, tu tiempecito de relax con el Sir te va a costar cuatro mil euros" le comunicó él sin ningún miramiento."¿Cuatro mil eur…? ¡Ah, ya veo!" comprendió rápida. No pudo reprimir una carcajada y añadió: "A Miguel le gustó la "caipirinha" de Maraysa y quiere repetir. Te la chupó bien, ¿eh?" y siguió riendo. A Miguel no le gustó la chanza y le respondió con brusquedad. "No como tú, ya lo sabes. Pero tú hace tiempo que decidiste olvidarte a qué sabe el interior de un hombre fracasado". La rotunda contestación de Miguel hizo que Laura recobrara la seriedad y le dijo que de acuerdo. De repente volvió a repetir la gracieta de la caipirinha y colgó entre nuevas risas. Miguel pensó que por una noche de Eva Luzía merecía la pena aguantar aquella vejación de la mujer a la que en otro tiempo había entregado su universo sexual y de la que todavía seguía enamorado como un colegial aunque nunca fuera capaz de reconocerlo. (continuará…)