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miércoles, 3 de noviembre de 2010

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Mientras se duchaba le asaltaron de nuevo las imágenes que había contemplado la noche anterior. Recorrió la secuencia mentalmente con fruición, y el animalito que vivía entre sus piernas comenzó a desperezarse. "Vaya, Miguelín, la emoción de la vecinita todavía colea", bromeó consigo mismo. Miró cómo crecía su miembro, libre de vello púbico tal y como a Laura le gustaba para apreciar su poderío mientras lo felaba en toda su extensión. Se aplicó un chorro de agua fría, se aclaró y salió de la ducha. A la vez que secaba su cuerpo con la toalla comenzó a digerir la situación. El verano acababa de empezar y en menos de venticuatro horas su casa iba a estar tomada por dos ocupas veinteañeras con sus cuerpos viviendo una "rave" hormonal sin límite. Pensó que aquello no era justo y que se había plegado demasiado rápidamente a la voluntad de su exmujer. Sí, debería de obtener alguna contrapartida por ello. Y acababa de estipularla unilateralmente: cuatro mil euros. Justo lo que le costaría una noche entera con Eva Luzia, la "escort" brasileña que Miguel había conocido el pasado verano. Tomó el móvil y llamó a Laura. "Dime", dijo ella secamente. "Laura, tu tiempecito de relax con el Sir te va a costar cuatro mil euros" le comunicó él sin ningún miramiento."¿Cuatro mil eur…? ¡Ah, ya veo!" comprendió rápida. No pudo reprimir una carcajada y añadió: "A Miguel le gustó la "caipirinha" de Maraysa y quiere repetir. Te la chupó bien, ¿eh?" y siguió riendo. A Miguel no le gustó la chanza y le respondió con brusquedad. "No como tú, ya lo sabes. Pero tú hace tiempo que decidiste olvidarte a qué sabe el interior de un hombre fracasado". La rotunda contestación de Miguel hizo que Laura recobrara la seriedad y le dijo que de acuerdo. De repente volvió a repetir la gracieta de la caipirinha y colgó entre nuevas risas. Miguel pensó que por una noche de Eva Luzía merecía la pena aguantar aquella vejación de la mujer a la que en otro tiempo había entregado su universo sexual y de la que todavía seguía enamorado como un colegial aunque nunca fuera capaz de reconocerlo. (continuará…)



8 comentarios:

Madreselva dijo...

Pues el orgullo en el amor no conduce a nada...pero mientras se decide a reconocerlo,no se lo pasa nada mal.
Un beso :)

Beau Brummel dijo...

Miguel orgulloso…

Es posible. Y, sí, ciertamente trata de pasar el trago de la manera más placentera posible. ¿Un sátrapa del sexo? Sin duda. Pero la pregunta clave es: ¿es feliz o es un "infeliz"? Esperemos que nos lo vaya demostrando con sus actos.

Muchas gracias por su visita, Lady Madreselva. Sus medias arcoiris siempre son bienvenidas. Un besito


(Confieso que con esa imagen asocio su nick con el de Madremusla)

Rosaida dijo...

Miguel... Miguel. Creo Sr. Brummel que mientras no haya digerido el trago será infeliz, aunque disfrute puntualmente de buenos momentos e incluso llegue a crearse expectativas de felicidad.
Un beso desde mi Jardín.

Beau Brummel dijo...

Un hombre que carga con su destino, con su fatum, como si fuera una penitencia autoimpuesta para compensar alguna oscura culpa de su pasado…y no podrá ser feliz hasta que logre estar en paz consigo mismo…

Parece conocer bien a Miguel, Lady Rosaida.

Besos, jardinera.

POEM dijo...

me encantan los comentarios q pones en el blog de Nikita

sí sí tiene q digerir aquello meterlo en su memoria tras una gorda puerta blindada

la foto es maravillosa la cara de placer de una y la cara de vicio de otra
mmm

POEM dijo...

y me vuelve loca la metáfora rave hormonal jaja te digo en mi caso nunca se fue y es un super placer estar con veinteañeros o menos q pululan por mi casa muchos días

Adis dijo...

Si no se logra olvidar a un amor y no lo reconoce, jamas podras disfrutar de una nueva relacion al 100x100, podras tener sexo, incluso podra haber cariño, pero felicidad jamas, solo se consigue una infelicidad dolorosa, espero el siguiente capitulo ansiosa, me gusta tu espacio, me quedo

Besitos a tu alma

Adis

Beau Brummel dijo...

Una infelicidad dolorosa…

Muchas gracias por su visita, Lady Adis. Será un verdadero placer volver a recibirla cuando desee ud volver.

Besos, cielo.