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miércoles, 10 de noviembre de 2010

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Eva Luzía era una bellísima garota brasileña que Miguel conoció en una de sus largas estancias vespertinas en la playa. Aburrido de aburrirse se llegaba al arenal para pasar de la mejor manera posible la resaca de la noche anterior mientras se acercaba la siguiente noche con su consiguiente resaca. Provisto de sus antiguas "Ray-Ban" modelo vintage de auténtica pasta y de aquella ordinaria braga náutica paquetera dos tallas más pequeña que su cintura parecía un John Belushi de cabaret provinciano. A él no le importaba. Le encantaba provocar. Una de aquellas tardes llegó a la playa una mulata  embutida en un floreado vestido playero. Miguel la vio llegar y pensó que solo por esa visión había merecido la pena echar la tarde en la playa. De mediana estatura, media melena rizada negra como el azabache y unas caderas rotundas, caminaba sobre la arena con un paso armonioso y ligero. Fue acercándose poco a poco y cuando llegó a la altura de Miguel se paró. "Menudo tipazo", pensó; "sin duda el cuerpo del verano". "Permisso", dijo ella arrastrando la vocalización de la s de una manera que a Miguel le pareció extremadamente sensual. "Voy a darme un bañito. ¿Podría vosé echarme una miradita a la bolsa?" añadió. Miguel dijo que sí, que fuera a bañarse tranquila. Entonces la mulata se quitó el ceñido vestido dejando a la vista una anatomía escultural, un precioso cuerpo color canela fibroso y estilizado del que un mínimo biquini azul celeste apenas lograba ocultar sus zonas erógenas. Miguel podía percibir sus poderosos pezones a través del top del bañador. Sobresalían totalmente de la ajustada tela. Eran gruesos y muy carnosos. Se dedicó a mirarlos mientras la hermosa mulata se recogía el pelo, seguramente consciente del embeleso del hombre. A Miguel le pareció que había un cierto punto de exhibición en la actitud de la mujer y eso le ponía muy, pero que muy cachondo. La siguió con la vista mientras se introducía en el mar. La observó evolucionar entre las olas. Le pareció que era la personificación ideal de una sirena exótica. Mientras salía del agua Miguel apreció la armonía de sus formas y movimientos. Parecía hecha para ser admirada. Según se iba acercando, totalmente mojada, los pechos de la mulata eran cada vez más evidentes y sus pezones parecían dispuestos a atravesar la tela que los tapaban. Embobado con su contemplación, Miguel no era consciente de que estaba sufriendo un severo priapismo, y que su miembro sobresalía de la braga náutica de manera evidente a los ojos de cualquiera. Cuando ella llegó a su lado trató de disimularlo, pero la sonrisa de la mujer delataba lo torpe de la operación. "Estamos iguales", dijo señalándose la desmedida turgencia de sus pezones mientras se reía. "¿Cómo te llamas?", preguntó sin dejar de sonreirle. Miguel le dijo su nombre de manera automática, impresionado por la deshinibición y naturalidad de la mulata. "Yo me llamo Eva Luzia y soy brasileira. ¿Me dejas que te encienda un cigarrillo?"  "¿Eh? ¡Oh! Sí, claro" contestó él claramente arrastrado por la osadía de la mujer. Eva Luzia se llevó el cigarrillo a su boca, lo aprisionó cerrando sus carnosos labios y tras encenderlo succionó una larga e intensa bocanada. Luego entreabrió su boca formando un orificio labial en forma de "o" y exhaló el humo ahora de forma lenta y controlada. Al comprobar que Miguel seguía sus evoluciones con evidente turbación, volvió a reir mientras le decía "Meugelinho, ¡estas embobado!". Era cierto. Aquella garotinha acababa de entrar en su vida como un torrente de frescura, y Miguel estaba totalmente a merced de sus iniciativas. Eva Luzia se sentó junto a él en su toalla y comenzó a charlar como si le conociera desde siempre. Así pasaron alrededor de dos horas, hasta que la hermosa mulata miró su reloj. "Es tarde ya, Meuguelinho. Tengo que marchar", dijo. Se puso de pie y sacando de su mochilita una toalla le invitó a que la sostuviera alrededor de su cintura para que ella pudiera quitarse la todavía mojada braga del bikini. Miguel rodeó con sus brazos el contorno de su cintura. Tocó levemente su tersa piel y notó que comenzaba a excitarse al sentir la proximidad del cuerpo de la mujer. Estaba demasiado cerca y sentía su calor. Ella se desabrochó el top y dejó sus pechos al aire. los pezones quedaron a la altura de la cara de Miguel, que estaba semiagachado pendiente de la toalla. Levantó la vista y los vió. eran gruesos y grandes en comparación con el tamaño de sus senos. El contorno de la aureola casi se perdía entre la dimensión de los pezones. Pensó en su lengua en contacto con aquellos biberones naturales y se excitó. Notó el miembro fuera de la braga náutica. Eva Luzia rió y con un rápido movimiento lo volvió a introducir dentro del bañador. "Meugelinho, ¡ñam, ñam!", dijo mientras reía sin parar. Miguel se sintió ridículo. Estaba empalmado y pendiente de que una toalla no dejara ver lo que más deseaba contemplar en ese momento. Eva Luzia se quitó la parte inferior de su traje de baño ante la muy evidente erección de Miguel. Le divertía la situación. Mientras ella buscaba en la pequeña mochila unas braguitas, la toalla se abrió lo suficiente como para que Miguel pudiera ver su precioso sexo. De un rápido vistazo. Un pequeño tatuaje en forma de dragón presidía una vulva de gruesos labios que apenas podían ocultar un piercing en forma de anillito que perforaba el sobresaliente clítoris de la mujer. Un espectáculo fascinante, sin duda, dado el estado de excitación en el que se encontraba Miguel. 
(continuará…)



7 comentarios:

i am...(vicky) dijo...

HHmmmmmmmmmmmmmmmmmmm

FEDORA dijo...

no entiendo tu comparacion de mi post con esta historia...jajaja...nada que ver!!!!
ni siquiera tengo pezones asi: son pequeños,rosados...y jamas me pondria un piercing en mi vulva...ufff,no!!!
pero fue divertido leerte.
besosss!!!!

Beau Brummel dijo...

Deliciosa onanotopeya, Lady Ayam.

Hot kisses, dear.

Beau Brummel dijo...

Celebro que se haya divertido, Lady Fedora. Seguro que su descripción anatómica es más precisa que mi torpe paralelismo. A partir de hoy me declaro un rendido admirador de todos los pezones pequeñitos y rosados que habitan en el interior de las féminas que pueblan el ciberespacio.

Acepte un beso como disculpa y vuelva siempre que le apetezca seguir divirtiéndose.

Suyo

Beau Brummell

Shang Yue dijo...

qué sería de la playa sin su colección de toallas ;-)

Nikita dijo...

ji ji pobriño
y que traviesa ella, hay ciertas cosas que los hombres no podeis esconder..

beso

Madreselva dijo...

Miembro provocado, espero no se quede con las ganas,voy a por el 8 ;)