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miércoles, 15 de diciembre de 2010

12







(viene de 11)


Cuando Miguel entró en Voulin's no sintió otra sensación diferente a la que había experimentado las otras veces. Era un restaurante caro y elitista, al que los comensales acudían más para hecerse notar que por motivos gastronómicos. Tenía por costumbre no fijarse en los asistentes porque sabía que era practicamente imposible que hubiera en aquel lugar alguien de su entorno, aunque de vez en cuando se le escapaba alguna miradita de soslayo para comprobar el disgusto que generaba su indumentaria y satisfacer así su espíritu iconoclasta.  Preguntó al maitre por la mesa de Laura, y un amable camarero le llevó hasta ella. Según se acercaba distinguió la nuca que tantas veces había besado. Los hombros abiertos, la espalda atlética, el cuello largo. Laura era inconfundible para él. Su cercanía le perturbaba. Llegó a la mesa y entonces pudo apreciarla en todo su esplendor. Se había teñido el pelo y se lo había cortado a lo "garçon". El cabello oscuro resaltaba aún más sus bellos ojos verdes. Estaba preciosa. Un sencillo vestido blanco escotado dejaba ver la perfección de sus clavículas. Los años habían matizado sus rasgos rotundos, aportándola una belleza madura y serena. Y lo que no había podido mejorar el tiempo lo había hecho el status económico. Se había hecho un retoque en los pechos para realzarlos y dotarlos de mayor consistencia. Era una mujer realmente deseable aun habiendo traspasado ampliamente la barrera de los cuarenta años. O precisamente por ello. Miguel pensó que todavía tenía un buen polvo y ella le sonrió como si le hubiera adivinado el pensamiento. Se sentó y comenzaron a charlar sobre las nimiedades de rigor. Era el protocolo, los entrantes de los asuntos a tratar. El inglés era un mero convidado de piedra. Posiblemente el elemento que les impedía que sus reuniones acabasen con ambos retozando en cualquier cama como animales en celo. A Laura le gustaba juguetear con Miguel en esas ocasiones. Era como seguir comprobando que aquel hombre que estaba sentado allí, el hombre del que se separó, seguía siendo el macho que llevaba marcado el hierro de su propiedad con el fuego de su deseo. Se sabía dominadora, dueña y señora de la lascivia de su antes compañero de juegos sexuales. Cada mirada era una posesión, una invitación al placer. Miguel era suyo. Miguel era para ella. Aunque ya no estuvieran juntos. La reina de sus fantasías, la madame de sus más oscuras perversiones. Su zorra. Su amada. Su novia eterna.

(continuará…)



miércoles, 8 de diciembre de 2010

11




(viene de 10)


En los días siguientes Miguel se afanó en una búsqueda que a la postre se reveló totalmente inútil. En ninguno de los anuncios de contactos que encontró figuraba el nombre de la mulata. Buscó en la red. Tampoco. Acudió a los mejores burdeles de la zona, pero nadie estaba al tanto de las actividades de la tal Eva Luzia. Ni siquiera el dato de su pequeño tatuaje le condujo a encontrarla. Sabía que era muy difícil pasar inadvertida en el sórdido circuito de la noche y llegó a la conclusión de que le había mentido. No acertaba a explicarse por qué, pero su solo recuerdo continuaba quemándole como el primer día y el tiempo no parecía mitigar su deseo. Tenía la memoria impregnada de su tacto, de sus pechos, de su voz. Acudía cada tarde a la playa esperando verla de nuevo. Se emborrachaba cada noche intuyendo que jamás volvería a saber de ella. Un día recibió una inesperada llamada de Laura. No era algo urgente ni importante. Era para resolver uno de aquellos nimios asuntos que habían dejado pendientes tras su separación. Ambos sabían que lo habían hecho para tener una vía de contacto en el futuro, para no dinamitar los pocos puentes que entre ellos podrían quedar en pie. Ninguno de los dos quería renunciar a revivir el pasado conjunto, aunque supieran que ello era ya imposible. "Miguel, tenemos que reunirnos, ¿te va bien el martes por la noche? Sí, en Voulin's. Cenaremos los tres. Paul también irá", le comunicó Laura. "Vale, sin problema. Siempre estoy dispuesto para admirar tu belleza, querida", respondió él con cierto retintín. Ella colgó. No se lo tomó como una impertinencia y se sintió halagada por el cumplido de su eterno gran amante. El único al que sabía que no podría olvidar nunca.

(continuará…)



lunes, 6 de diciembre de 2010

RESUMEN DE LO PUBLICADO










Miguel es un hombre en el ecuador de su existencia que se gana la vida, día a día, como profesor y la pierde, noche a noche, abandonándose en brazos de la mala vida. Una noche cualquiera vuelve a su casa pasadito de copas y en compañía de su inseparable insomnio observa desde la ventana cómo se desnuda una de sus vecinas. La visión le levanta el ánimo y alguna otra parte flexible de su anatomía viril y para apagar su fogosidad se aplica una manualidad de urgencia. La mañana siguiente recibe la llamada de su ex, Laura, quien le comunica que su encantadora hijita, en compañía de una voluptuosa amiga, tiene la intención de pasar unos días de vacaciones con él. Miguel acepta, pero le pide a cambio una compensación económica para darse un homenaje con una chica de compañía brasileña que conoció el verano anterior. Atrapado en un flashback rememorativo, comienza a recordar la peripecia vital de su trayectoria como hombre, como esposo, como amante…y es, precisamente con Eva Luzia, la mulata brasileña, con la que se abren las memorias de nuestro protagonista, un hombre perseguido por su deseo.





CAPÍTULO DE AGRADECIMIENTOS:
El autor quiere agradecer públicamente a quienes han pasado por su casa dejando su firma y su tarjeta de visita en forma de amables comentarios. Por riguroso orden de aparición:

Lady Rosaida, Lady Nikita, Lady I am (Vicky), Lady Rosa Arauz, Lady Sophie, Lady Caricia, Lady Madreselva, Lady Niña Mala, Lady Brisa, Lady Nazaries, Lady Poem, Lady Ades, Lady Fedora, Lady Shang Yue, Lady Sandra, Lady Yemaya, Lady 8, Lady Rouge, Lady Avalon, Lady Princesa, Lady Néctar de Lluvia, Lady Fuego

También a los caballeros a los caballeros Mr. García Francés y Mr. William Venegas, que engrandecieron mi humilde morada.

Asimismo agradece su visita a cuantos pasan sigilosamente sin dejar huella, aunque les anima a que, por lo menos en alguna ocasión, escriban algo que les nazca de la lectura de esta historia.



Ycomo muestra de gratitud aquí tienen esta recopilación de los temas musicales que se han escuchado a lo largo de estos 10 primeros capítulos. Que la disfruten.





miércoles, 1 de diciembre de 2010

10





(viene de 9)


Miguel arrancó la vieja scooter Lambretta y Eva Luzia subió de paquete. Se abrazó a su torso y Miguel pudo sentir la dureza de sus pechos incrustados en su espalda. Retrepó un poquito en el asiento para pegarse aún más al cuerpo de la mujer. Saberla tan cerca, notar la ligera presión de sus manos le estimulaba. Arrancó con suavidad. No quería perder el contacto con ella. Avanzaban despacio, como si nunca quisieran llegar y deshacer aquella unión. Miguel paró en un garito. Bebieron, rieron y bailaron. Avanzada la noche Eva Luzia le pidió que le llevara de vuelta a la playa donde se encontraban cada tarde. Él se brindó para acercarla hasta su casa, pero la mulata insistió que la dejara en la playa. Cuando llegaron Miguel pensó que era el momento idóneo para lograr su objetivo. Paró la moto, se bajó y con el pretexto de ayudarla la tomó por la cintura y la atrajo hacia él. La apetencia por besar sus carnosos labios, por hollar entre sus tersos muslos, por cabalgar sobre las redondas nalgas le habían hecho traspasar el límite de la prudencia. Estaba tan deseoso de aquella mujer que nada podía ya retenerle. Se avalanzó sobre ella, animal, desatado. Ella trató de frenarle, pero la fuerza que le impulsaba era descomunal. Le dejó hacer para que saciara el primer envite. Cuando notó que él aflojaba para deleitarse con su cuerpo le empujó con fuerza. Aquel rechazo confundió a Miguel. Eva Luzia comprendió que era el momento de tomar las riendas de aquella situación que ella no deseaba. Le gritó que parase y le acusó de no cumplir lo pactado. Estaba furiosa. Le repetía sin parar la misma pregunta: "¿por qué, Miguel?" Pero él no tenía la respuesta que ella esperaba. "¿Qué quieres de mí, Miguel? ¿Follarme? ¿Es eso todo lo que quieres? ¿Un polvo, dos? ¿Tres quizá? ¿Sabes, Miguel? Lo que tú intentas lo intentan a diario muchos hombres. Soy una escort-girl, una chica de compañía. Tipos importantes, socialmente relevantes, económicamente poderosos, requieren de mis servicios. Pagan por mi compañía. Pagan mucho dinero por lo que yo te he dado gratis. Mucho dinero, Miguel. Sin derecho a nada más. Si me gustan les dejo que me follen. Si no sólo se llevarán mi tiempo. Yo decido. Desde su punto de vista, tú has sido muy afortunado. Pero no volverás a serlo. ¿Quieres follarme? Pues tendrás que buscarme, pagar y esperar que te lo permita. Adiós. Miguel". Eva Luzia le miró retadora. Se dio la vuelta muy lentamente y se fue alejando con paso firme. Miguel vio cómo se la engullía la oscuridad de la noche sin atreverse a decir nada. Y sin embargo había decidido que aquella noche no iba a ser la última vez que se vieran. 

(continuará…)