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viernes, 25 de febrero de 2011

19





(viene de 18)
Miguel la vio venir. Era más alta que él y a pesar de que la excesiva estética nuevaolera ocultaba sus esencias más femeninas apreció un cuerpo rotundo, dotado de un par de hermosos pechos que temblaban, seguramente debido a la ausencia de sujetador, bajo los amplios ropajes. "Miguel, ¿no?" le dijo cuando llegó donde él estaba. "Sí", respondió lacónico levantando los cascos y sin apartar la vista de los platos. "Soy Laura. Me gusta cómo pinchas. Oye, el sábado por la noche quiero dar una fiesta en el chalet de mi padre y me gustaría que fueras tú el que ambientara el sarao con tus vinilos. ¿Quieres?". Miguel intuyó que la pregunta era retórica, porque ella no imaginaba que nadie pudiera rechazar tal invitación. Pero decidió ser él quien tomara la iniciativa, y le propuso que aceptaría sólo si le gustaba su forma de bailar los temas que él pinchara a partir de ese momento. Laura se sorprendió por el atrevimiento del jóven, pero lejos de arredrarse aceptó el reto pensando que sería una bonita oportunidad para exhibirse y mostrar a todos aquellos palurdos todo lo que había aprendido en la metrópoli. Miguel se dispuso para disfrutar viendo a aquel bello animal moverse al son de los ritmos que él hiciera sonar. Ella se colocó bajo los focos. Dominaba la pista con su presencia. Tenía los genes de su madre, una espectacular rubia holandesa que había sido una reina de la belleza en su país antes de casarse con el padre de Laura. Bailaba con agilidad, acoplándose perfectamente cada canción. A los acordes de "Bronze in pocket" de los Pretenders llegó el nirvana. Clavando su mirada en Miguel comenzó a cimbrearse con un espectacular movimiento. Sus pechos se agitaban sin control bajo la holgada camiseta sin mangas. Ella, consciente, alzaba sus brazos para que fueran más visibles. Sobreactuaba voluptuosamente. Toda su explosiva anatomía eclosionaba en cada golpe corporal. La pequeña pista se llenó de jóvenes machitos en busca de un polvo fácil para redondear la noche. Pero Laura no era un polvo fácil. Con elegancia, y con mucha contundencia, iba apartando uno a uno a quienes intentaban pegarse a su cuerpo. Era una hembra realmente dominante. Su apariencia decidida y segura hacía desistir a muchos varones de intentar una aventura en la que saldrían malparados con total seguridad. Sí, Laura era una joven distinguida y distinta. Sus movimientos acompañaban a la perfección el fraseo de Crissie Hynde, escenificando su sentido. "Gonna use my arms / Gonna use my legs / Gonna use my style / Gonna use my side-step / Gonna use my fingers / Gonna use my, my, my, imagination". Le miraba directa, desafiante. "Cause I going make you see / there's nobody else here / No one like me". Nadie como ella, pensaba al verla moverse Miguel. "I'm special, so special / I got to have some of your / attention, give it to me!". Era especial. En verdad que lo era. 

(continuará…)




VOY A UTILIZAR MI, MI, MI…

miércoles, 23 de febrero de 2011

resumen 11-18





Recuerda, Miguel, recuerda. Eva Luzia ¿capricho de macho hambriento o enamoramiento de hombre otoñal? La conoce en la playa, y se sorprende deseando no solo su cuerpo, sino también su compañía. Empujado por un deseo oculto, Miguel quiere dar un paso más y traspasa fatalmente la línea de su confianza, consiguiendo el inesperado rechazo de la joven. Eva Luzia, dolida por la falta de respeto de Miguel, le impone sus reglas. Tras confesarle que es una profesional de la compañía masculina, le  hace ver que nuestro protagonista no podrá aspirar más que a ser otro cliente más en su lista de clientes. Espoleado en su orgullo, Miguel entra en su juego y la busca hasta encontrarla, fortuitamente, una noche en que ha quedado con Laura, su ex-mujer, para cenar. Atrapado entre su presente y su pasado, Miguel no duda en utilizar a Laura, quien se presta solícita, para conseguir su objetivo y concertar los servicios de Eva Luzia. Es aquí cuando el autor nos trae hasta el presente retomando el momento en que Miguel está a la espera de recibir la inoportuna visita de su hija Sofía y la exhuberante amiga de esta, Mónica. Y mientras esto ocurre volvemos a sumergirnos en los recuerdos de Miguel, que ahora viajan hasta la noche en que se cruzó, por vez primera, con la vida de Laura.





viernes, 18 de febrero de 2011

18









(viene de 17)


Laura entró en el pub del puerto donde había quedado con sus amigos para tomar la última copa y cerrar la noche. Acababa de llegar hacía tan solo dos días de Londres, donde cursaba estudios de Derecho en una prestigiosa y elitista universidad que su padre le había buscado cuatro años atrás y que le había permitido vivir intensamente la movida del post-punk inglés. Nada más abrir la puerta escuchó los acordes que tan familiares le eran cantados por la  quebradiza y peculiar voz de Sting: "I loved you since I knew ya, I wouldn't talk down to ya, I have to tell you just how I feel…"  Era la canción favorita de su grupo favorito, Police. Había cantado tantas veces la historia del hombre enamorado de la prostituta Roxanne que se sabía de memoria cada acorde, cada estrofa. Luego sonaron, encadenadas, "Christine" de Siouxie, "London Calling" de los Clash y "A town called Malice" de The Jam. Parecía que alguien estuviera poniendo la música pensando en ella. Aquella era la banda sonora de sus últimos años. Giró su cabeza, miró a la pequeña cabina del pinchadiscos y le preguntó a su amiga Mónica quién era aquel muchacho que estaba a los platos. "Miguel", le respondió. Miguel, Miguel, Miguel… En las escasas cuarenta y ocho horas que llevaba en la playa casi no había oído otro nombre. Era el chico de moda, el más deseado, debido a una supuesta pericia en el "ars amandi" que algunas de sus amigas de toda la vida habían experimentado con él. "Pobrecitas provincianas", pensaba Laura cuando escuchaba loar las excelencias de Miguel. A ella, que venía de traginarse los tugurios más tenebrosos de la City y acostarse con los sujetos más excéntricos que nadie pudiera imaginar. A ella, la reina del sexo duro, practicado en los lugares más peligrosos, bajo los efectos de alcohol, pastillas o pegamento esnifado. "Lo que pasa es que a estas pobrecitas pacatas no les han echado un buen polvo todavía y por eso se conforman con chicuelos como él", pensaba, "pero el puñetero tiene buen gusto musical". Decidida y segura de sí misma se encaminó hacia la cabina para conocerle.

(continuará…)



LA MISMA CANCIÓN, DÉCADAS DESPUÉS

martes, 8 de febrero de 2011

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(viene de 16)



"¿Miguel? Oye que estamos a medio camino atrapadas en un atasco. Chico, qué lata. Ya sabes cómo es esto. Mira que he estado detrás de las chicas para salir pronto y evitar la salida de la gente a las playas, pero no ha habido manera. Se han eternizado en el baño y luego que si qué me llevo, que si espera que se me olvida algo, que si le llama nosequién al móvil…Para colmo mi coche no va. He tenido que coger el mamotreto del 4x4. No me gustan nada estos coches tan grandes. Total que entre una cosa y otra nos han dado las tantas y aquí nos tienes. Estoy por salir de la carretera y tomar el camino de la costa, pero todavía nos queda un buen trecho hasta la desviación. Oye, di algo que estás muy callado. ¿No estarás de resaca? Tú capaz. Sigues siendo un inmaduro, cariño. Pues vete, vete preparándote, majo. Ya puedes tener la cabeza bien despejadita, porque estas niñas aburren al santo Job. Por cierto, ¿estaréis bien en tu pisito o prefieres que te deje las llaves de la casa de mi padre? Al paso que vamos a lo mejor tengo que hacer ahí noche y en casa hay sitio para todos…" Miguel reconocía a su exmujer en estado puro. Podía verla, describirla en situaciones como esa. Totalmente fuera de sí, presa de una especie de ataque de ansiedad. Lo peor que podía paserle a Laura era que se le torciesen los planes, que la realidad no se amoldase a sus deseos. Se ponía insoportable. Y le daba por hablar compulsivamente. Una auténtica ametralladora de la palabra. Buscaba percutir con su interlocutor para descargar su mal humor. Miguel no se encontraba a gusto en esas situaciones y como defensa había desarrollado con el tiempo una técnica infalible para capear el temporal. Desconectaba su cerebro y se dejaba llevar por los recuerdos. Elegía los más placenteros, por más lejanos en el tiempo que estos fueran, y se abandonaba  en la recreación de las sensaciones que, ahora, se le antojaban tan gratificantes. Como aquella noche de 1982 en que Laura…


(continuará…)



viernes, 4 de febrero de 2011

16








(viene de 5)



Miguel dedicó el día a ordenar su pisito y a pertecharse de lo necesario para pasar junto a Sara y la prometedora amiga de esta, Mónica, los próximos días. La descripción que había hecho de ella Laura le tenía muy turbado. Pero lo que más le inquietaba era la idea de pasar tiempo en compañía de su hija. Nunca había tenido contacto con ella y no acababa de entender las súbitas razones que la llevaran a desear pasar unos días con él. Era duro reconocerlo, pero desde que nació fue un incordio para él. Una razón para distanciarse de Laura. No supo ser padre. Ni siquiera quiso. Tampoco aprendió a ser marido. Solo vivía para ser amante. Mucha gente le había acusado de egocéntrico, cuando no de egoísta. Pero no era así. Él solo podía sentir en función de ella. Y esa "ella" no era otra que Laura. Tener una hija no estaba entre sus planes. Fue algo inesperado. Una situación que él creyó poder manejar pero que le sobrepasó desde el primer momento. No es que no quisiera a aquel ser nacido del cuerpo que más deseaba. La quería a su manera, siempre supeditada a la presencia de su "ella". Pero sentía como aquella pequeña intrusa les distanciaba más y más. Ahora Sara parecía reclamarle y era la oportunidad de lavar su imagen del padre que nunca llegó a ser. Hacía tantos años que no la veía…"¡Coño, Miguel, que te estás ablandando!" se dijo cuando se descubrió ensimismado. "Son ciento siete con treintaytrés, señor" le dijo de corrido la cajera del hipermercado. "¿Señor? ¡Joder!" pensó al oirla. Miguel llevaba mal que le denominasen "señor". Era un término que asociaba con el umbral de la edad del no retorno. Un estúpido prejuicio, un automatismo que revelaba la inmadurez de su temperamento. Pagó con la tarjeta y le dió a la cajera su dirección para que le llevaran la compra a su casa. Salió dispuesto a esperar pacientemente la llamada de Laura que le indicara que después de los últimos años de su vida sobreviviendo como un lobo solitario, debía, por fin, desempeñar un rol para el que nunca se sintió preparado. Esta vez no había escapatoria. Resignado, se llevó la mano al bolsillo del pantalón y se dio cuenta que no tenía tabaco. No le pareció el mejor momento para vencer a sus ganas de fumar. Estaba nervioso, fuera de sí. Definitivamente aquella situación parecía superarle. Y eso Miguel lo llevaba muy mal sin un mal cigarrillo que llevarse a su boca.


(continuará…)


EL DÍA SIEMPRE LLEGA

martes, 1 de febrero de 2011

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(viene de 14)



Mientras se afeitaba, Miguel fantaseaba sobre lo que sería su encuentro con Eva Luzia. Estaba nervioso. Se sentía como un adolescente en su primera cita. No sabía cómo se lo tomaría la mulata. ¿Se enfadaría por el pequeño engaño? ¿Le rechazaría, entonces? ¿O, por contra, aceptaría su juego? "Rien ne va plus", se dijo para sí. Ya no había forma de echarse atrás. Se extendió la loción after shave en la cara, masajeando su cutis curtido por el paso del tiempo. Se aplicó el lápiz antiarrugas por el contorno de los ojos. Se miró. Los años le aportaban la prestancia necesaria para seguir gustando a las mujeres. O eso quería pensar él. Se vistió con su peculiar estilo: juvenil y cuidadosamente desaliñado. Casual con vaqueros pitillos de marca; camisa negra ajustada y americana de espiguilla gris. Eau de cologne seca en el cuello; toques frescos detrás de las orejas. Botines. Negros, por supuesto. Buscó el reloj de oro que le regaló Laura. Miró la inscripción grabada y cambió de opinión. No le pareció apropiado. Se puso uno con caja y pulsera de acero. “Sí, así mucho mejor”, pensó. Miró su obra en el espejo de cuerpo entero. Se gustó. Guiñó un ojo a la imagen proyectada. Ensayó un par de poses que le hicieron reir. Cuando salió del portal miró al cielo. Comenzaba a estar hermosamente estrellado. "Parece una buena señal", se dijo. Tomó aire, encendió un cigarrillo y salió por la puerta. La noche estaba en su punto y Miguel decidió ir andando en busca de su destino.


(continuará…)



JUVENTUD, DIVINO TESORO