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martes, 8 de febrero de 2011

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(viene de 16)



"¿Miguel? Oye que estamos a medio camino atrapadas en un atasco. Chico, qué lata. Ya sabes cómo es esto. Mira que he estado detrás de las chicas para salir pronto y evitar la salida de la gente a las playas, pero no ha habido manera. Se han eternizado en el baño y luego que si qué me llevo, que si espera que se me olvida algo, que si le llama nosequién al móvil…Para colmo mi coche no va. He tenido que coger el mamotreto del 4x4. No me gustan nada estos coches tan grandes. Total que entre una cosa y otra nos han dado las tantas y aquí nos tienes. Estoy por salir de la carretera y tomar el camino de la costa, pero todavía nos queda un buen trecho hasta la desviación. Oye, di algo que estás muy callado. ¿No estarás de resaca? Tú capaz. Sigues siendo un inmaduro, cariño. Pues vete, vete preparándote, majo. Ya puedes tener la cabeza bien despejadita, porque estas niñas aburren al santo Job. Por cierto, ¿estaréis bien en tu pisito o prefieres que te deje las llaves de la casa de mi padre? Al paso que vamos a lo mejor tengo que hacer ahí noche y en casa hay sitio para todos…" Miguel reconocía a su exmujer en estado puro. Podía verla, describirla en situaciones como esa. Totalmente fuera de sí, presa de una especie de ataque de ansiedad. Lo peor que podía paserle a Laura era que se le torciesen los planes, que la realidad no se amoldase a sus deseos. Se ponía insoportable. Y le daba por hablar compulsivamente. Una auténtica ametralladora de la palabra. Buscaba percutir con su interlocutor para descargar su mal humor. Miguel no se encontraba a gusto en esas situaciones y como defensa había desarrollado con el tiempo una técnica infalible para capear el temporal. Desconectaba su cerebro y se dejaba llevar por los recuerdos. Elegía los más placenteros, por más lejanos en el tiempo que estos fueran, y se abandonaba  en la recreación de las sensaciones que, ahora, se le antojaban tan gratificantes. Como aquella noche de 1982 en que Laura…


(continuará…)



6 comentarios:

i am...(vicky) dijo...

My dear Sir,
Estoy deseando saber que ocurrirá en el encuentro paterno-filial. Os confieso que siento una curiosidad casi morbosa por ver como se desarrollan los acontecimientos, sin embargo, sospecho que deberé esperar a que Mi-guel rememore su noche del 82.
No os sucede a veces Sir, que cuando leeis una historia, sentis como si hubieseis sido parte de ella, como si en realidad alguien estuviera escribiendo vuestra propia historia? Es curiosa esa sensación verdad querido?

Saludos desde el alféizar

Beau Brummel dijo...

Cierto Lady. A veces he tenido esa extraña sensación. Y he de confesar que no me siento muy a gusto, porque soy tremendamente pudoroso y me azara pensar que haya quien, conociéndome, me descubra entre lo escrito.

Lo que realmente me llenaría de satisfacción es descubrir que alguien estuviera escribiendo una historia para mí. O mejor aún: pensando en mí.

Besos Mi…lady.

Rosaida dijo...

Una sabia elección. Desde luego esa técnica utilizada por Miguel da muy buenos resultados, no sólo no almacena malas sensaciones, sino que le ayuda a mantener frescos los buenos momentos.
Me alegra muchísimo tenerle de vuelta, Señor Brummel.
Un beso desde mi Jardín.

i am...(vicky) dijo...

Es un placer descubrir que su acojedor y cálido club privado ha vuelto a abrir sus puertas Sir.

Reserveme un alféizar por favor.

Beau Brummel dijo...

La alegría es mutua, Lady Rosaida, aunque el placer de volver a leerla tenga que sentirlo en solitario. Eché de menos su fragancia estos días…

Un beso enorme, bella jardinera.

Beau Brummel dijo...

Sabe que aquí tiene reservado un alfeizar con preferencia al claro de luna, Mi…Lady.

No me perdonaría que le faltase… de algo.

Besos, de esos.