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miércoles, 6 de abril de 2011

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(viene de 24)


Cuando Laura despertó por la mañana Miguel seguía entrelazado en su cuerpo. La tenía abrazada mientras dormía, enredado entre sus piernas. Parecía un apéndice más de sus formas femeninas. Contempló su dormir sereno, el gesto tranquilo. Aún podía sentir, para su gozo, en la memoria el empuje de su físico viril. Y sin embargo prefirió recordar aquellas caricias con las que se quedó dormida. Sonrió. Intentó desperezarse lentamente para no despertarle, pero sus movimientos sacaron a Miguel de su sueño. Vio cómo abría los ojos y por primera vez fue consciente de la belleza de su mirada. Una mirada azabache, abisal, sincera. Perdió sus manos entre sus cabellos y le besó. Él cerró los ojos de nuevo, como queriendo degustar el instante en que sus bocas sellaban su placer. A Laura le gustó. "Mimoso", le dijo entre risitas. Le miró complaciente y volvió a tantear sus labios con los suyos. Comenzó a mordisquearlos, a distraer su lengua por la comisura de la boca de Miguel. Notó como él respondía a la incitación. Recordó que la noche anterior no había podido terminarle. "Mimoso", repitió cambiando el tono, ahora más sensual. Comenzó a acariciar su torso, suavemente, a la vez que hundía con precisión su lengua en la boca de él. Buscaba la suya. La encontraba y jugaba con ella obligándole a sacarla de su húmedo escondrijo para felársela con sus labios apretados. Sus dedos descendían por su vientre para volver a subir súbitamente al contacto con su miembro erecto. Sus muslos se ataban a las piernas de Miguel y las aprisionaban como boas resbaladizas en busca de su presa. Sus pechos se deslizaban por el torso, sinuosos, haciendo que él sintiera el resbalar de los endurecidos pezones. Miguel temblaba mientras se dejaba hacer. Sentía la boca de Laura perderse entre sus ingles. Sentía cómo sus manos mecían su encendida polla. Sentía el calor húmedo de aquella hembra lamiendo su glande, besando sus testículos, engullendo su altivo falo. Sentía los latidos de su corazón por todo su ser. Sentía sus caderas moverse sin su control. Se sentía a sí mismo, excitado, envilecido, encanallado, atrapando la nuca de Laura con sus manos para evitar que cesara de engullir su sexo. Avivó sus movimientos, sus gemidos. Aceleró su respiración. "Ya, ya, ya…¡ah! ¡ahh! ¡ahhh! ¡ahhhh! ¡aaahhhhhhhhhh!" Se vino contra ella, penetrándola hasta la garganta, corriéndose salvaje, inundando de semen aquel estoma que tan sabiamente le estaba provocando aquellas intensas bocanadas de placer. Laura le lamió con dulzura, limpiándole cualquier resto del preciado zumo viril. Luego subió hasta sus labios y se ofreció para que él la besase. Miguel sintió la sal de su semen y comenzó a acariciarla con la misma ternura que la noche anterior. "Mimoso", le susurró ella mientras, gustosa, se dejaba hacer. "Mi mimoso", repitió para sus adentros. Porque ahora era consciente de que no estaba dispuesta a renunciar al dueño de esas caricias que tanto deleite inconfesable iban a proporcionarla a partir de ese momento.


(continuará…)



13 comentarios:

Carlos dijo...

Que continue, que continue cuanto antes....

Princesa dijo...

Mmmmmmmm, no imagino mejor despertar, así merece la pena que suene el despertador.
Ahora quiero ese café Milord. Besos.

Jo dijo...

Correrá nuestra dama el peligro de caer sucumbida por entero tanto al poder físico como emocional????
Milord,
Cada capítulo es un preámbulo al deseo de más…

P.d. Me siento honrada por su link...

Rouge dijo...

Milord, debo deciros que vuestro relato me ha conmovido mucho. Me hubiera excitado mucho si por encima de eso no me hubiera recordado una historia que viví con alguien como Miguel, mitad ángel, mitad demonio (en la cama, me refiero), tierno y salvaje como pocos, una historia que me hizo muy feliz y muy desgraciada a la vez.
Besos rojo amapola.

Rosaida dijo...

Esos momentos, justo ese tiempo después en que el mar embravecido amaina su empuje contra la abatida orilla para terminar en un remanso de olas abrazando la cálida arena. Esos momentos, cuando el tiempo se para y el mundo se reduce a dos corazones sintiendo al unísono.

Um olhar, um corpo...
e meu beijo, desde el Jardín, Señor Brummel.

Beau Brummel dijo...

Mr. Carlos, benditos los ojos…

Gracias por su visita y un abrazo.

Beau Brummel dijo...

¿Solo o con leche?. Que no le falte de nada, Lady Princesa. Aunque ya sabe que la especialidad de la casa es el cortado a la crema…

A sus piés, Alteza.

Beau Brummel dijo...

Preambulemos, Lady Jo. Un buen preámbulo es siempre la mejor manera de empezar a deambular.

El honor es mío, porque ud (se) lo merece.

Besos plateados.

Beau Brummel dijo...

Siento de verdad evocaros aquel dolor, Lady Rouge. Hay veces que ciertas situaciones son susceptibles de tornarse verdaderamente amargas por mucho que se presenten con el rostro del placer.

Si me permite la curiosidad, ¿volvería a repetirla? ¿Merecieron la pena los ratos de placer o han pesado más, a la larga, los sinsabores posteriores?

Un beso reparador en su afresada boca, Lady Lipstick.

Beau Brummel dijo...

Lady Rosaida, la fuerza del mar es tal que acaba por horadar el más pétreo acantilado. La clave está en el tiempo y no en su bravura.

Besos, besos, besos… recorriendo su hermoso contorno femenino.

Shang Yue dijo...

obsidiana del desespero, en el iris incendiado de Miguel

esmeralda licuada, en el rendido goce de la hembra

Beau Brummel dijo...

Obsidiana… qué bella palabra, Lady Shang.

Nadie diría al verla que antes que pétreo charol fue magma candente. Obsidiana, nombre de mujer volcánica y luego fría…

Kissses, sexotic woman.

POEM dijo...

la negrura de su pupila sólo se abre para dejar pasar la luz
del deseo
q la boca de Laura despierta en su sexo hinchado