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miércoles, 14 de septiembre de 2011

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 (viene de 33)



"Lo siento, señor, se equivoca de nuevo. Ya le he dicho que no me llamo así. No conozco a nadie con ese nombre y empiezo a estar cansada de oirlo. Yo soy Marayssa, la escort por la que ud ha pagado esta noche. ¿O es que no lo recuerda?" le dijo con desdén. "Vamos, Eva Luzia, basta de este absurdo teatro", le espetó él. "He pagado por tu tiempo, sí. Es mío, sea Sellman o no. Y ahora quiero ser Miguel", continuó. "No, no se equivoque. A ud le da igual ser Miguel o no. Lo que quiere es que yo sea Eva Luzia", le interrumpió ella. Tenía razón. No se trataba de qué rol interpretase él, sino del que deseaba que adoptase ella. "Pero tú eres Eva Luzia. Deja ya de fingir ser quien en realidad no eres", trató de razonar Miguel con contundencia. "¿Y tú cómo sabes quién soy yo? ¿Cómo sabes que ahora no soy realmente yo, que quien tú crees que soy no es más que una simple impostora?", se defendió la mujer alzando el tono de la voz. De repente Miguel pareció contrariado. Jamás se le había ocurrido pensar que la bella mulata que conoció en la playa no fuera la verdadera Eva Luzia. ¿Y si tuviera razón? ¿Y si el de voraz depredadora sexual fuera su verdadero yo? ¿Cambiaría algo las cosas? No, eso a él daba igual. No era eso lo que había venido a averiguar. O tal vez sí. Empezaba a sentirse confundido. Sus sueños no estaban planificados para que le condujesen a esta absurda encrucijada. Tenía que volver a hacerse con el mando de aquella situación. Él había pagado…"Sí, entérate, entérate bien. Se acabó. Quiero estar con ella. Ahora. ¡¡Ya!!", dijo  encorajinado mientras se recuperaba de sus propios pensamientos. Eva Luzia intentó serenarse. Era perfectamente consciente de que estaban en un hotel y no quería que aquella situación derivara en una batalla de reproches a voz en grito entre ambos. Su trabajo se desarrollaba en lujosos hoteles como ese y no le convenía que la discusión fuera a mayores y manchase su impoluta reputación de "acompañante" discreta. Respiró profundamente y se dio unos segundos para decidir cómo abordar la situación. Realmente no conocía lo suficiente a aquel hombre como para calcular hasta donde podían llegar sus reacciones. "Está bien, Miguel. Tú ganas. ¿Qué es lo que quieres?", le preguntó. Un alud de razones inundaron su mente: te quiero a ti, pensó. Quiero tu sonrisa sincera, quiero el cuerpo bronceado que admiraba en las tardes de sol y mar. Quiero tus confidencias, tus miradas. Pero su boca solo pudo articular lo que parecía una orden: "quiero a Eva Luzia. Quiero estar con ella". Miguel la cogió por la cintura y volvió a intentar atraerla hacia si. Ella se dejó hacer, esperando que fuera el preludio de un nuevo polvo. No fue así. Miguel la acariciaba con un tacto exento de cualquier atisbo de deseo. Era un tacto sincero e inocente, como si fuera un niño quien deslizase las manos sobre su piel. Era lo más parecido al cariño que alguien le había manifestado en mucho tiempo. Sintió un escalofrío. ¿Placer? Sí. Y recuerdos, demasiados, demasiado reales. Tuvo miedo, el mismo miedo que antes se había instalado en Miguel. Súbitamente se separó de él, como si hubiera despertado de un sueño mal soñado. Le rechazó. Dió un paso atrás, evitando el contacto. Se esforzó por mostrar la más adusta de sus miradas y, con voz imperativa, dijo: "déjeme Mr. Shellman. No quiero continuar este juego. Lo siento. Su tiempo se ha acabado". Miguel intentó replicar sus palabras, pero se arrepintió al comprobar que su decisión era inapelable. Cedió asintiendo con su cabeza. Sabiéndose ganadora, Eva Luzia fue vistiéndose con majestuosa serenidad hasta componer la imagen de la diosa de la belleza que acostumbraba exhibir. Cuando acabó se dirigió a la puerta, la abrió y se giró un instante para ver la soledad del hombre que dejaba tras de sí. Parecía complacida, aunque minutos después, en el ascensor, una lágrima acabó por delatar su tristeza. 



(continuará…)



¡¡¡¡!!!!

8 comentarios:

Princesa dijo...

Cuanta frialdad, demasiada para no encerrar miedos ocultos....y Miguel derretido y tierno, ains, este chico ha tomado el camino equivocado.
Genial, como siempre.

Besos.

Fuego dijo...

Pues vaya chasco que se ha llevado el pobre Miguel!!

Eso le pasa por esperar demasiado de alguien, o hacerse insanas ilusiones y montarse un peliculón de nada.

Aunque a todos nos ha pasado algo parecido en más de una ocasión, sí.

Saludos cariñosos, Sr. Brummel.

Madreselva dijo...

Pero seguro que aún no están en el punto sin retorno...en ese ya no hay ni miedo,ni lágrimas...
Un beso.

Shang Yue dijo...

qué malo es usted, monsieur

Beau Brummel dijo...

Hay hombres para los que la conquista de una mujere displicente se vuelve un reto que no pueden eludir.

Hay mujeres a las que la ternura les produce pánico y tienen que acorazarse tras infranqueables muestras de desdén.

Hay mujeres y hombres que toman el camino equivocado, y por mucho que se empeñen terminan por encontrarse…

Besos, Lady Alteza.

Beau Brummel dijo...

¿A todos nos ha pasado? Hummm… No sabe ud cuánto me gustaría saber, Lady flamígera…

Un millón de besos.

Beau Brummel dijo...

Pues eso no lo sé ni yo, Lady Madreselva, por mucho que sea el omnisciente relator de esta historia.

Pero es bastante posible que en su momento les de a uds la capacidad de mostrarme el sesgo final de esta aventura.

Besos en toda la cromática gama de su cuerpo, Lady Rainbow.

Beau Brummel dijo...

¿Malo, Lady Shang?

Solo para participar en sus sueños eléctricos, mi sexótica Lady…

Besos.