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lunes, 5 de septiembre de 2011

DESAYUNO CON DI…AMANTES




Exterior día. Magnífico, por cierto: luminoso y azulado. El hombre espera inquieto a que ella acuda a la cita. Está justo en el lugar acordado. Jamás había estado allí y nunca se había visto así, flirteando con el lado más clandestino de sus ya irrefrenables fantasías. Desasosegado, contempla su entorno intentando en vano que finalice la espera. Se siente observado y se defiende mimetizándose como si su presencia obedeciera a alguna de las banales situaciones que nos ocupan cada día. Piensa qué actitud adoptar ante ella, pero se percata de que ni siquiera conoce cómo es ella en realidad. ¿La reconocerá? Seguro que sí. ¿Y ella a él? ¿Le defraudará su aspecto? Gira sobre si mismo, intentando un torpe bailoteo. A Ted Danson le quedaba "niquelao" en "Fuego en el cuerpo". Pero él no es ni tan apuesto, ni tan flexible, ni tan bailarín como el actor. Golpea una colilla con su pié. ¿Debería haberse puesto los zapatos? Le sudan las manos, las mismas manos que anhelan poder aprehender alguna parte de la anatomía de la mujer. Mira la calle, los peatones, los coches, el semáforo. Alguien se acerca. No es ella. Introduce una mano en el bolsillo del pantalón y toca el teléfono móvil. Lo saca y hace como que busca un número. Vuelve a guardarlo. Otra persona, y otra más. Intenta relajarse. Piensa en los días anteriores, pero se encuentra esperando el momento que vive ahora. Las personas somos seres hechos de tiempo. Ocurrente. Sonríe y se dice a si mismo que tiene que desarrollar esa idea. Somos tiempo, sin duda. Nuestro físico lo confirma. Levanta la mirada instintivamente y la adrenalina golpea en su pecho. Es ella. Respira. Tiene que dominarse. La mira. Ve cómo se acerca. Su forma de andar le parece extraordinariamente sensual. Es más alta de lo que había imaginado, pero infinitamente más hermosa de lo que la había soñado. Esbelta y racial. Su ropa, ajustada, dibuja el perfil de una silueta extraordinaria. Llega esbozando una sonrisa de complicidad. Se sabe atractiva. Sin duda la evidente admiración de muchos hombres la han convencido de que lo es. Él lo piensa también. Y piensa que el tiempo ha hecho un excelente trabajo en su cuerpo. Probablemente había sido una joven bella, pero los años han matizado esa belleza combinándola con el porte de una hembra regia, convirtiéndola en una dama ciertamente exquisita. Se saludan y él queda prendado de sus ojos. Quiere admirarla de nuevo, ahora con más sosiego, para impregnarse de cada detalle de su cuerpo, pero su voz le envuelve en una invitación para desayunar juntos. Comienzan a caminar y él, discretamente, trata de capturar cada textura del aroma de la mujer. Huele bien, muy bien. Huele a sol, arena y sales: a noches desveladas por el ansia de encontrarla; huele a labios besados a escondidas, a sexo planeado en la soledad de tantos días esperando poder probar la tersura de sus piernas. Le huele a placer, sí, gozoso y complaciente. Llegan. Se sientan. La falda queda recogida mostrando los torneados muslos. Él quiere mirarla toda, abarcarla entera con su mente. Entonces la voz de la mujer le hipnotiza y le transporta a través de sus deseos, de sus tristezas, de sus vivencias y de sus infiernos. La vida comprimida en dos horas. Él busca su mirada. No es ajeno al contorno de sus perfectos pechos bajo el tentador escote. Ni de la delicada piel de sus brazos. Sin embargo prefiere capturar sus iris de jade y fotografiarlos en su memoria para degustarlos cuando ya no esté con ella. La escucha con atención. Su voz, siempre y para siempre su voz, le guía y él se deja llevar. Está tan a gusto que intuye que le dolerá volver a la realidad de saberse lejos de ella. Aunque todavía no sabe cuánto. La cita se consume. Lo cotidiano les aborda sin contemplación alguna. Es la vida. Somos tiempo. Tiempo para hacer cosas, para llegar a alguna parte, en algún momento. Un hombre y una mujer, aquí, ahora. Dos vidas encontradas en dos horas de sus respectivos tiempos. Pero se rebelan. El regalo de estar juntos les sabe a poco. Ella regatea al tedioso deber y propone al hombre extender un poco más su compañía. Deambulan buscando el camino más largo hacia su despedida. Él lo agradece. Camina junto a ella embriagado. Su cuerpo le turba. Quisiera tocarla, besarla, olerla…y no dejar nunca de escuchar su voz. ¿Y ella? ¿Qué piensa? Él le dice que le parece una mujer hermosa. Torpemente, piensa. Le gustaría ser Ted Danson para bailárselo con gracia. No. Le gustaría ser Ned Racine y que ella fuera su Matty Walker para follarla apasionadamente contra el asfalto de la calle por la que caminan. La desea tanto que planea un nuevo encuentro futuro. Una locura que un hombre, anodino y otoñal como él, solo debe intentar con una mujer excelsa. Intentan regatear al destino y alargan un poco más el momento de decirse adiós. Unas calles más y el tiempo, implacable, acaba por capturarles. Ahora sí. Toca rendirse. El final, agónico. Él se queda sin iniciativa. Quiere abrazarse a ella, refugiarse en su potente físico. Quiere sentirse hombre con ella. Quiere arrancarle una promesa de futuro, pero no sabe. Se besan, formalmente, como si quisieran reprimir el fuego que les consume al saberse tan cerca. Van a separarse y quizá su empeño de volver a estar juntos vuelva a cercenarse de nuevo. Él se deja llevar y se vuelve buscándola. Quiere tocarla. Es torpe. Hace muchos años que no sabe lo que es seducir. Somos tiempo, claro. En años, en días, en minutos. En dos horas, inacabables y maravillosas. Porque aunque se acaben pueden ser recordadas en un bucle proyectado hasta el infinito. Estamos hechos del mismo material intangible que acabará con nuestra vida y por eso podemos manipularlo a nuestro antojo, imponiendo nuestros deseos. Siempre hay tiempo si estamos decididos a tenerlo, a tenernos como si su paso no fuera más que una contingencia anécdotica subyugada al placer de dejarnos llevar por lo que realmente deseamos. Lo hay. Tiene que haberlo.

Exterior día. Un hombre y una mujer se despiden en algún lugar de sus respectivos tiempos. Parece una despedida normal y corriente, pero él ha conseguido deslizar su brazo a través de la cintura de ella. La mujer le ha ofrecido sus labios y el hombre, torpe, casi ha conseguido besarla…



POR SI NO TE HABÍAS DADO CUENTA

14 comentarios:

Felina Mala dijo...

Encantada de volver a leerte, como me gusta ver que todos volveis de las vacaciones y yo tengo las mias sin estrenar

Ub beszo Milord

Fuego dijo...

Me alegra leerle de nuevo; pero,...esta historia no es la de Miguel, verdad??

Aún así, muy en su estilo. Magnífico.

Beau Brummel dijo...

El que está encantado de que ud me lea soy yo, Lady Felina. Espero tanto que siga haciéndolo como que disfrute mucho de sus próximas vacaciones. ¿Será ud tan mala como para darnos envidia cuando las estrene? Sí, claro. Lo lleva en su nombre…

Un besazo para ud también y muchas gracias por dejar su comentario. Es muy reconfortante leer a quien te lee.

Beau Brummel dijo...

No, no es un capítulo más de la historia de Miguel, aunque está relacionado con él y, quién sabe, podría acabar por incluirse en el relato. De momento es un "suelto", un episodio (re)creado para tentar al destino.

Muchas gracias por su elogioso comentario. Me alegro mucho de que le haya gustado, Lady Fuego. Y le juro que no es un formulismo.

Muchos besos, aún a riesgo de quemarme.

Rosaida dijo...

Me encanta tenerle de vuelta, Señor Brummel. Echaba en falta su presencia en mi Jardín y, por supuesto, sus maravillosas narraciones, como la que nos ofrece. Siempre es un placer leerle.

Por cierto, el regalo que ha dejado entre mis rosas es... un temazo. ¿Sabía que está entre mis preferidos?

Me quito el sombrero ante su gusto musical. No sé cómo lo hace pero siempre acierta, Señor Brummel.

Reciba mi beso desde el Jardín.

Beau Brummel dijo...

El placer es mío, Lady Rosaida. Me halaga que le complazca este relato. Nunca me había planteado publicar nada que no fuera el devenir de Miguel y Laura, y no estaba seguro de que esta excepción fuera bien recibida por quienes leen mi blog. Me gusta que le agrade a ud también, sí.

Creo recordar que el tema de Clapton estaba entre la selección que sonaba antes en su delicioso Jardín, ¿no es así? En esta ocasión el mérito está en saber observar ciertos detalles. De todos modos, era imposible que una canción tan hermosa (compuesta por un hombre en reconocimiento a una gran mujer, sin duda) no estuviera entre sus favoritas. Y, desde luego, esa versión es especialmente… grandiosa.

Espero tener la fortuna de seguir acertando, Lady. Y también espero seguir gozando con su presencia en esta, su casa.

Decididamente I feel wonderful tonight, Lady jardinera.

Un beso tras otro…

Princesa dijo...

Somos tiempo. Es verdad, y qué cortas se hacen a veces las horas y qué largos los minutos en otras circunstancias.

He llegado tarde al café pero me ha impresionado lo leído hoy. Ha vuelto con ganas querido y me ha dejado hechizada con esa prosa tan maravillosa. Será que todos sabemos robar horas a nuestro tiempo....

Un beso mi querido amigo.

susana moo dijo...

Hola Beau, encantada de conocerte.

Beau Brummel dijo...

Robarnos tiempo… está bien traído, sí. Es como si quitásemos determinados tramos temporales del lugar donde les correspondería estar y los llevemos a un tiempo paralelo, construido por y para nuestras verdaderas voliciones. Nuestro tiempo paralelo, no simultáneo pero sí alternativo…

Gracias por el cumplido, Lady Princesa. Es raro, pero estoy muy satisfecho con el resultado final de esta inusual pieza. Y me complace, cómo no, que les guste también a uds.

Un beso cafetero, as usual.

Beau Brummel dijo...

Lady Moo (he de respetar mis propias reglas), encantado de recibirla. Sea ud bienvenida.

Besos.

Madreselva dijo...

Creo que es el relato más bello que le he leido,con diferencia.
Me robo esta frase con su permiso.
"Siempre hay tiempo si estamos decididos a tenerlo"
Besos caballero.

Beau Brummel dijo...

Es uno de los relatos más bellos que dos personas han podido escribir en un momento de sus vidas, Lady Madreselva.

Besos.

Shang Yue dijo...

me gusta leer esa sensación de deseo constante que tan difícil resulta de explicar

monsieur, lo suyo es un don

Liba dijo...

Y gestionamos los tiempos como si nos sobraran, no lo cree?

Desayunamos, Lord...?