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sábado, 29 de octubre de 2011

El Epigramatista

-Tu historia por una copa, viajero. 
-De acuerdo, amigo. ¿Conoces la del amante con el alma equivocada?
 
-No, pero suena divertido, viajero
-¿Divertido? No lo creo, amigo
 
-¿Es una historia triste? Hombre, viajero, no me jodas que soy de lágrima fácil.
-Tampoco es triste, amigo. Es una historia, sin más. Hay quien se divierte con ella y hay quien piensa que es triste.
 
-Hummm… Sabes vender bien tu relato, viajero. Me tienes intrigado. Y, ¿de qué va la cosa?
-Del más excelso y sensual polvo jamás narrado, amigo. Y de sus protagonistas, claro.
 
-¡Eyyyy! Ahí nos vamos entendiendo. Esas sí que son buenas historias, sí señor: las que te ponen el rabo tieso y luego llegas a casa y pones a la parienta a cuatro patas para darle bambú del sabroso.
-Tienes una forma muy sutil de sintetizar y simplificar las historias, amigo. Aunque no vas descaminado, no.
 
-Empieza ya viajero y gánate tu copa
-Vamos allá, amigo…







-Sí que es una buena historia, viajero. ¿De verdad ella estaba tan buena? ¿Y le hizo todas esas cosas? ¿De verdad se corrió de esa manera? Joder, ¡que suerte tuvo el tipo!
-Así fue y así lo cuento, amigo.
 
-Hay una cosa que no entiendo, viajero: si ese hombre experimentó tanto placer con ella y ella le dijo que quería volver a estar con él, ¿por qué luego estaba tan triste? Si yo echase un polvo así con semejante hembra estaría como unas castañuelas durante mucho tiempo, jajajajá.
-Es cuestión de óptica, amigo. Cuestión de óptica.
 
-No te entiendo, viajero. Y no se por qué dices que tenía el alma equivocada.
-Eso solo te lo explicaré a cambio de otra copa, amigo.
 
-De acuerdo, viajero. Es un trato justo. ¿Qué quieres tomar?
-Algo fuerte amigo. Algo tan fuerte que me ayude a olvidar el largo trayecto que he de recorrer hasta llegar de nuevo a la estación donde llegan sus jadeos…




"Tanto, el viajero, de verla
y de oír sus sentimientos
que puso en ella sus alientos
para todo su goce deberla"



jueves, 20 de octubre de 2011

Beauguerrotipo








Ella le ha reconocido en el pasado. Los mismos ojos le delatan. Es tan él hoy como lo era entonces. Le mira. Los mismos ojos, pero ahora con otra mirada. Con la mirada de una herida que exuda el dolor de sus pupilas.

Sus pupilas duelen porque han visto reflejado su cuerpo en el suyo. Y refulge, encendido por sus ganas de entrar en él. Ya es insaciable aunque todavía no la ha probado. Su olor. La intuye fibrosa, de pétreos glúteos dispuestos a dejarse franquear al paso de su ariete musculado.

Los pétreos glúteos de sus nalgas. Morderlos, besarlos y apresar su masa entre el vaivén de sus testículos. Puede sí, imaginarla bajo, contra, sobre, ante si, con su semen en los labios, con su aroma rezumando dentro de su púbis descabellado.

Follará su púbis descabellado, desnudo, mostrando la pequeña rigidez de su orgullo femenino. La embestirá oyendo sus gemidos, sabiendo que no podrá saciarse nunca de ella. La beberá, a garganta abierta, mientras exprime sus simétricos pezones.

Sus simétricos pezones, primero uno, pellizcado; luego el otro, lamido, sorbido, besado. Succionará las lágrimas de sus senos que lloran, implorantes, porque vuelva a penetrarla a horcajadas.

Lloran como si fueran los mismos ojos que ahora, por fin, le acabarán delatando. La llevaba en sus iris y sin embargo no la había visto nunca. Pero ya tiene fijada su imagen entre sus piernas, proyectada en cada una de sus masturbaciones, eyaculada mientras se corría hasta el cielo.

Hasta el cielo, pegajosa como el semen de la espera, libidinosa y eterna. Era puta, era hembra, era un ángel de bellos ojos inoculados de orgásmicos momentos. Será suya, lo será, mientras se dejará ir viniéndose contra ella gritando todo lo que ha estado deseándola.

Ha estado deseándola y por eso un fuego lechoso cubrirá como un manto sus caderas. Ella, seguramente, le besará mientras le mira a los ojos que delatan su felicidad. Mientras le besa. Mientras la folla. Mientras jala su miembro con su mano. Mientras descubre sus ojos en los suyos. Los mismos ojos que ella ha reconocido en el pasado. Los mismos que le delatan, porque él es tan él que follará su púbis descabellado y soñará que algún día llegará a saciarse de ella…



jueves, 13 de octubre de 2011

PARA TI…





…que durante un año has conseguido que me esfuerce en tratar de seducirte con mi prosa, que has tenido siempre palabras halagüeñas que han espoleado mi ego, que has permitido que formes parte de mis fantasías más lúbricas, que me has estimulado hasta producirme un placer que no imaginarías nunca, que has recompuesto, sin saberlo, mi dañada autoestima, que me has dejado describirte, desearte, que has iluminado mis noches sin oscurecer los días, que supiste estar ahí siempre que esperé tu comentario, que has incendiado mi anodina existencia, que has vampirizado mi alma masculina, seduciéndome, obligándome a escribirte en cada entrega, en cada letra, en cada verso imaginado.

Para ti, Rosaida,  Nikita, I am (Vicky), Rosa Arauz, Sophie, Caricia, Madreselva, Niña Mala, Brisa, Nazaries, Poem, Ades, Fedora, Shang Yue, Sandra, Yemaya, 8, Rouge, Avalon, Princesa, Néctar de Lluvia, Fuego, Nada más importa, Te susurraré, Sam Mezylv, Felina Mala, Xana, Amanteceres, Jo, Sophie, Gea, Gea Moiras, Susana Moo, calmA, Jackie Brown…

…García Francés, William Venegas, Carlos, y Vance Rose
(aunque, no vamos a engañarnos, en ellos no piense con la pasión con la que dedico a las damas). También, cómo no, para todas las personas que me visitaron en alguna ocasión y prefirieron leer y no decir nada.

Felicidades a todos, porque gracias a vuestra fidelidad hoy el blog de este eterno inconstante que os escribe cumple un año. Os quiero, canallas.




Me hubiera gustado ser más original. No sé, invitaros a una chocolatada o algo así… Mejor regalaros un pin-chistera y luego ir a un karaoke. ¡¡No, no!! Lo que molaría es ir a patinar sobre hielo, que como no tengo puñetera idea lo pasaríais genial viendo los leñazos que me calzo yo solito. Pero, qué queréis que os diga, se me ocurrió esta manera menos material de agradeceros lo mucho que me dais. Yo, sin embargo, no doy p'a más…

jueves, 6 de octubre de 2011

37





(viene de 36)



Sara, Mónica y Miguel iniciaron el camino hacia el apartamento. Bajo un sol implacable, agradecieron tener que adentrarse en las callejuelas de la parte vieja, que con sus edificaciones de materiales antiguos y media altura les preservaban con su sombra del calor veraniego. Serpenteaban entre paredes encaladas, en silencio, como si cada uno de ellos estuviera perdido en sus propios pensamientos. Miguel buscaba encontrar algún mecanismo que le permitiera iniciar una conversación con su hija, pero la presencia de la deshinibida compañera de Sara le tenía realmente cohibido. No era ella en si. Como profesor universitario estaba acostumbrado a lidiar más a menudo de lo que le gustaría con ejemplares como ella, guapas, jóvenes y muy descaradas. Y con acreditada fortuna, a juzgar del éxito que cosechaba entre ellas, curso a curso. Pero la última confidencia de Laura le había descolocado por completo. De repente no solo tenía que ejercer de padre, sino hacerlo en presencia de la compañera de su pupila. "Menudo marrón", dijo para si. Pero se estaba engañando. Aquella inesperada situación escondía un problema aún mayor. Si la actitud de Mónica no había sido impostada y persistía en buscarle la calentura, los días venideros iban a ser un auténtico infierno para Miguel. Aquella muchacha era un bocado muy apetecible, sí. Su melena pelirroja parecía estar hecha de las mismísimas llamas del infierno más morboso. La visión imaginada de su cuerpo, barrunto de carnes prietas y senos temblones, se había instalado clandestinamente en los pensamientos de Miguel como si quisiera vampirizar hasta la última gota de su voluntad. Sintió los efectos de sus maquinaciones en la entrepierna y se esforzó por dejar de fantasear con ella. Se había dado cuenta de lo ruin que podía llegar a ser contemplarse consumiendo lujuriosamente el cuerpo de la novia de su hija. Era una línea roja que no estaba dispuesto a traspasar, por mucho que pensara que su cuerpo le incitara a la más depravada concupiscencia. Buscó un motivo para alejar su mente del poder libidinoso de Mónica y lo encontró en el atronador sonido que producían las pequeñas ruedas de los troleys sobre el empedrado pavimento de la calle. Tal era el escándalo en el vecindario que el paso del trío era saludado por alguna que otra cabeza desde los balcones que jalonaban su ruta. "¿Falta mucho, profe?", preguntó de repente Mónica. "No. Casi hemos llegado. ¿Ves ese edificio alto que se levanta al final de la parte vieja? Allí es", respondió Miguel agradecido porque alguien al fin rompiese el incómodo silencio. "Oye, Sara, ¿tú has estado alguna vez aquí?", se dirigió Mónica a su amiga, como queriendo restablecer la concordia entre ambas tras el incidente de la llegada. "Claro, Moni. ¿Estás tonta? Todos los veranos veníamos a este pueblo en verano, a la casa de mis abuelos. Te lo he contado mil veces, cariño", respondió Sara con la suficiente aspereza como para manifestarle que no había olvidado lo ocurrido. "No. Quiero decir si has estado alguna vez en el apartamento de tu padre", matizó Mónica. "¿En el apartamento? No. Papá lo compró tras la separación de mi madre. Parece que hizo un buen negocio dejándonos tiradas y lo supo invertir en beneficio propio". La respuesta de Sara llevaba una carga de implícita de resentimiento. Era evidente de qué lado estaba. O, por lo menos, dejaba claro de parte de quién no estaba. Miguel quedaba muy mal parado a los ojos de su hija, y sin embargo se encontraba muy cómodo asumiendo el papel de malo. Lo era, no tanto por lo ocurrido con Laura, sino por aprovecharse de esa proyección para no implicarse en la vida de su hija. Era muy cómodo que su exmujer se ocupase de ella, porque Laura era una buena madre y Miguel se sentía seguro al saber que Sara estaba bajo su tutela. Ahora presentía que Sara, su hija, necesitaba algo de él y eso le ponía verdaderamente nervioso. Aunque nunca lo admitiera, tenía miedo. Miedo de ser padre. No, no era cierto. Tenía miedo de no saber ser un buen padre. Pero ahora no podía huir como había hecho hasta entonces, porque su vida solo había sido una continua huida. Y no siempre hacia delante.