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domingo, 29 de enero de 2012

El viajero y el amigo del bar de los relatos (revisited)



 "Para mí mismo no haría ningún esfuerzo.
Seguramente me consumiría en eternas juergas hasta llegar a ser un despojo humano, porque ni siquiera tendría el "valor" de suicidarme".
(Miguel B.)



-¿Otra vez por aquí, viajero?
-Otra vez, amigo.
-¿Acaso tienes una nueva historia para contarme?
-La tengo, amigo. La tengo.
-Y vas a contármela, ¿a que sí?
-Claro, amigo. A no ser que no quieras invitarme a uno de esos tragos que tanto me gustan.
-No voy a decirte que no, viajero. A mí también me gustan tus relatos. ¿Género triste, tal vez?
-Jajajá… no, amigo. Esta es una historia de felicidad compartida, de amantes empeñados en amarse entre la tenue luz de unas velas, ante el reflejo rojizo especular de sus vidas.
-Hummm. Joder, viajero, cuando te pones lírico llegas a emocionarme.
-Emoción, amigo: eso es lo que nos falta en nuestra puta rutina. Un día la hallamos disfrazada de aventura imposible proyectada sobre el lienzo de una silueta femenina y entonces nos convertimos en yonkis del deseo de sentir su piel contra la nuestra.
-Sigue, viajero, sigue. No te pares ahora, por favor…
-Ese trago, amigo. Burbon seco, sin hielo. Por cierto, ¿tienes música?
-Claro, viajero. Tengo la colección más grande de canciones de toda la ciudad. ¿Quieres algo en concreto?
-Sí amigo. ¿Conoces a The Brandos? Quiero que me pongas "She's the one", un tema tan contundente como la mirada ardiente de la bella mujer de mi historia. Una mujer que fue capaz de entregar los momentos más intensos de un extraordinario día al hombre que la quería en el silencio doliente de su tormentosa inseguridad. Una mujer como él no pudo encontrar antes en su vida, porque de haberse cruzado con ella hubiera reconocido al instante el color de su futuro. Una mujer apostada en el otoño de sus días que era capaz de iluminarle con el sol de su sola compañía, con la luz de su sonrisa intensa y verdadera.
-En verdad que lo pintas bonito, viajero. ¿Puedo saber cómo se conocieron, entonces?
-El destino, amigo, el dueño y señor que mueve los hilos de nuestra existencia mientras nos deja creer que son nuestras decisiones las que hacen avanzar nuestra vida con el rumbo que nosotros marcamos.
-¡Quieto ahí, viajero! ¡Eso sí que no lo admito! No se tú, pero yo soy el único capaz  en todo momento de decidir lo que hago con mi vida…
-Eso es lo que te parece porque así tiene que ser, amigo. Ese es el juego que creemos jugar, pero alguien tira los dados por nosotros, porque somos las fichas sin las cuales no hay partida.
-¿Alguien nos dirije? ¿Y quién es ese alguien, viajero?
-Y eso qué importa, amigo. Lo importante es comprenderlo y jugar con destreza nuestra tirada.
-No te comprendo, viajero.
-Es muy sencillo amigo. Imagina dos personas que no se conocen porque sus existencias discurren total y absolutamente alejadas el uno del otro. No hay ninguna posibilidad de intersección vital. Un buen día uno de ellos da un paso irracional, que no puede explicar en ese momento porque la explicación está en la consecución de una meta que solo conocerá en su futuro, en el futuro que se abre ante ese paso. Es como si un impulso ajeno moviera su voluntad. Transgrede todos los límites y los principios que han marcado su trayectoria. ¿Por qué lo hace? No lo sabe. No aún. Solo sabe que "necesita" hacerlo. Le invade el ansia, se mueve en un terreno realmente desconocido, y sin embargo su intuición le lleva por los caminos necesarios hacia la consecución de su pertinaz deseo, sin dejarle perderse en vericuetos que le harían olvidar el norte de su meta. Y, a su vez, la otra parte se ve en la misma tesitura, "condenada" a acercarse a quien jamás hubiera podido conocer de otra manera.
-Así que no les queda más remedio que encontrarse, ¿no es así, viajero?
-Así es amigo. Y se encuentran, para regocijo de sus vidas, para colmarse de la dicha de estar juntos y olvidarse de lo que duele la distancia. Y se disfrutan mutuamente con pasión desenfrenada porque así está escrito en el genoma de sus días. Nacieron para cruzarse en el camino y es ahora cuando lo saben, justo cuando todo lo ocurrido en su pasado se vuelve comprensible. Han llegado a su meta y entonces su meta torna nuevo punto de partida. Es el bucle incansable de su sino.
-¡Joder, viajero! ¡Qué manera de complicarse la existencia! Escucha, si tan felices son cuando están juntos ¿por qué no se unen para siempre?
-Amigo, si fuera tan sencillo no existirían los viajeros… ni tampoco mis relatos. Por cierto: tu burbon está jodidamente bueno. ¿Qué pides por otro trago?
-Los detalles de tu historia, viajero.
-Sea, amigo. Pero ponme algo de Rithm' & Blues. Graham Parker, John Hiatt, Steve Ray, Allman Brothers, Clapton, Mayall, Robert Cray … cualquiera de ellos me va bien. Pués, como te decía, érase un hombre en pos de su destino. Y una mujer, ignota y lejana, que había de buscarle más allá de su infelicidad diaria…

1 comentario:

Madreselva dijo...

No queda otra que seguir guiándonos por la intuición en ese bucle...(espero) inacabable.
Un beso que le acompañe en su trayectoria.