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martes, 28 de febrero de 2012

ESTAR EN LAS NUBES










Me gusta que me hagas subir hasta el cielo, que es donde los seres angelicales, como tú, habitan cuando no dedican su tiempo a ocuparse de simples mortales, como yo. En tal pensamiento estoy inmerso cuando me entrego a la práctica de la evasión inconsciente de la realidad, quizás inducido por el suave arrullo del sordo avance de la nave en su tránsito aeronáutico. Cierro los ojos para poder verte mejor y soy consciente de mi transformación licantrópica. Ahí estoy, convertido en un magnífico lobo presto a devorar el jugoso sexo que tú me muestras haciéndo, ay pillina, el numerito de la inocente distraída. Mi olfato depredador percibe en seguida el aroma de tu excitación. Son ya tantos días sin catarte, amante mía, que no puedo por menos que relamerme. El festín se presenta realmente extraordinario. Me levanto sobre mis cuartos traseros para mostrarte la magnífica erección de mi verga antropomórfica. La siento dura como el acero mientras te veo anhelarla con esos gemiditos que, tú ya lo sabes, tan cachondito me ponen. Te oigo:


-¡Joder, lobito mío, que polla más apetitosa tienes!

Y no puedo por menos que seguirte el juego. Por eso, te respondo:

-Es para que te la comas mejor, ángel de mi vida.

Y es entonces cuando aprecio tu libidinosa metamorfósis. Tus níveas y celestiales alas han tornado cartilaginosas excrecencias de tu cuerpo, que resplandece ante mí con un halo hipnóticamente rojizo. Te vuelves gótica, irradiando una sensualidad irresistible. Ahora eres una preciosa diablesa y tu voz adquiere una extraña modulación que me incita a caer en la red de tu estrategia seductora. Te digo:

-Por Dios, amante amada, dibuja con tus pezones, erizados al presentir el tacto de mis manos, el éxtasis de tu sexo entre el vello de mi pecho.

Y tú, siempre práctica y directa, me contestas sin ambages:

-Déjate de tonterías, querido, y fóllame a cuatro patas como si fuera tu perra preferida.

Y te encuentro esperando el esperado encuentro con mi viril ariete. Te estás yendo en aguas porque sabes, golosa, que vas a probar el azucar del hierro de mi entrepierna. Jadeas ansiosa por recibirme. Dudo si entrar por la puerta grande o achicarme esperando que te abras de madura. Por fin te doy candela y te siento tan cálida y acogedora como a mi me gusta. Escucho el quejidito en tu boca que denota lo perfecto del acople. Meto y saco; saco y meto. Se me ocurre que tal vez debiera saciar el hambre de todos tus estomas y procedo a juguetear con el pulgar en la otra de tus entradas, la que queda libre de la dedicación de mi apéndice masculino. Gozas y yo, viéndote poseída por el frenesí, también gozo. Gozamos tanto que no podemos por menos que expresarlo con la búsqueda alterna de nuestras manos, con el encuentro ansioso de nuestras bocas. Te propongo:

-¿Quieres que te tome con mi boca, mi deshinibida amante?

Y tú respiras hondo para poder expresar tu deseo más cercano:

-¡Come mi coño como solo tú sabes con tu boca divina, loco mío!

Y me aplico raudo a buscar el terciopelo de tu suculento cáliz, para libar, gustoso, la resina de tu garganta silenciosa, para bailar un lento con la perla de tu vulva al ritmo del son de tu cintura. Me gusta entretenerme en cada pliegue, besándolo, mordisqueándolo con mimo mientras el orgasmo se retuerce en lo más hondo de tu cuerpo. Suave, mi niña, y conseguir que te agites hasta la mágica explosión, hasta que grites mi nombre como tanto ansío al verte agonizando de placer. Por fin estallas y cuando recuperas el aliento te me ofreces, generosa:

-Dime cómo quieres que yo te satisfaga a ti, querido amante.

Voy contestarte, como si no lo supieras ya, que lo que más me gusta es sentir el batido de tus ingles en mi cuerpo mientras me cabalgas poderosa, hasta exprimir la última gota del zumo de mi fruta endurecida, pero una voz dulce y metálica se interpone entre nosotros:

-Señoras y señores pasajeros, les comunicamos que hemos iniciado nuestro descenso hacia el aeropuerto de Madrid-Barajas, donde tomaremos tierra en unos 15 minutos aproximadamente. Asi pues les pedimos que regresen a sus asientos, se abrochen los cinturones, plieguen las mesas, bajen los reposabrazos y abran los parasoles de las ventanas totalmente. Les recordamos que caminar por la cabina o hacer uso de los baños no esta permitido en estos momentos. Cualquier aparato electronico como reproductores de cd’s, mp3, telefonos moviles u ordenadores portatiles deberán ser apagados hasta el aterrizaje y la señal de cinturones este apagada. Asi mismo, para ayudar al mantenimiento de nuestra nave, les pedimos que den a la tripulación mientras pasa por la cabina, aquella basura, revistas u otros articulos que no deseen tener con ustedes. Muchas gracias.

Sin tiempo casi para aterrizar desde mi mundo onírico, otra voz, más familiar, disuelve tu presencia imaginada con el soniquete del reproche mil veces escuchado:

-Desde luego, cariño, te pasas la vida en las nubes.


Y es que me gusta estar en el cielo, sí, a tantos metros de altura de la realidad que cualquier problema me parezca dimensionalmente insignificante, donde me encuentre con diablesas como tú, dispuesta siempre a penetrar en mis sueños con el fuego de tu lengua entre mis labios. Y yo, hombre perdido, a consumirme, lentamente,  en el infierno irresistible y confortable de tu  ávida mirada de jade…




[Estoy enfermo, pero no necesito ir al médico para saber la causa de mi mal. Además, tampoco sería él quien pudiera sanarme]



jueves, 16 de febrero de 2012

QUE NO LES QUITEN LO BAILAO



Ría el sátiro en atronadora bacanal de carcajadas mientras toma en carnes la delicada esencia de la máscara femenina y no llore nadie, que es periodo de licencias libertinas y colectivo relajo. Bailen señoras y patanes, truhanes y doncellas, al son de sus deseos desatados, libres de cadenas opresoras. Corran prestos a fundirse en cópulas insaciables, que la vida es un instante que se pierde en un momento y es dislate no aprovechar cada minuto, cada segundo, de este leve paso por el camino de nuestra exigua existencia.

Que no les quiten lo bailao, que no les roben lo soñado por estrambótico que sea. Que no les digan que lo anhelado nunca rinde prenda de ser cierto, pues conocido es que hay antojos que cumplen por el empeño de quien, con uñas y dientes, los defiende de quimeras y utopías. 

No hay trile ni embuste, solo ansias débilmente enunciadas. Yo lo digo pues así lo hube comprobado en carne propia. Y al que me reniegue, yo le reto a que sus aspiraciones con el ímpetu de un gigante invoque y no se arredre si pronto no satisface su porfía. Quien resiste gana, y más resiste el que ganas mayores le posean. Hagan caso de este pobre y arruinado diablo, que, como se sabe, más conoce por viejo que por satanás impostado.




Hoy estoy lejos y sin embargo esto queda para mi regreso…



Tomaste mi cuerpo y jugaste a ganar, diablesa mía…