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domingo, 4 de marzo de 2012

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(viene de 40)

Durante las siguientes semanas Claire parecía estar dispuesta a redoblar sus esfuerzos para obtener el favor de Laura. Día a día procuraba su compañía tras la cena, pasando largos ratos entre risas y confesiones íntimas al humo de más de un "peta" de marihuana. Los viernes y sábados la francesa solía aparecer bien acompañada por alguno de sus amigos o amigas, y procuraba que sus sesiones de sexo fueran lo suficientemente escandalosas como para que su anhelada conquista los escuchara y decidiera por fin añadirse a la fiesta. Pero Laura seguía remisa a entregarse a alguien de su mismo sexo, por más que admitiera que su compañera de piso era la reina de sus fantasías ocultas desde que había vuelto de sus vacaciones en España. Ya no se soñaba encendida con acometidas viriles, sino ardiendo entregada a los labios de su hermosa compañera, hollada por los estimulantes dedos que con tanta pericia había visto utilizar en los cuerpos de sus ocasionales amantes. Muchas mañanas la miraba a hurtadillas mientras se paseaba semidesnuda, rondándola silenciosa. Intentaba entender qué es lo que le atraía de ella. Intentaba comprender…No; en realidad intentaba rebelarse ante esa incómoda sensación flamígera que se había instalado en si interior. Se entregaba con mayor pasión que nunca a follar con todo tipo de hombres, como si en cada nuevo cuerpo masculino intentase encontrar un motivo para olvidarse de los gemidos de Claire, de su piel eternamente mediterránea, de su mirada sincera implorándole placer. Se engañaba y lo sabía. El sexo atlético de los hombres ya no le proporcionaba el placer suficiente. Deseaba hembra. Anhelaba ver en otro cuerpo, biológicamente igual al suyo, las sensaciones que ella misma experimentaba mientras gozaba. Como si quisiera desdoblarse y observar su propio orgasmo, como si la otra mujer pudiera convertirse en un espejo de carne y hueso capaz de devolverle sus caricias y lamidos. Sí, le gustaba el cuerpo de su compañera. Quizá porque le gustaba el suyo propio. Claire parecía darse cuenta de su debilidad y trataba de minar la resistencia de Laura con una estrategia cuidada, pausada y pautada, como si se tratara del asedio al lugar más preciado por infranqueable. Su trabajo como camarera de uno de los clubes de baile de moda de la City le facilitaba el contacto con los chicos más guapos, los más morbosos, los más cool, los más canallas, los más chulos; a las mujeres más bellas y a las más sexys y voluptuosas. Jack, Nick, Ángela, Fredo, Günther, Sheila. Blancos, asiáticas, negros, todo un carrusel de machos y hembras para encelar a su conquista, para tenderla una dulce y gozosa celada de la que no pudiera y no quisiera escapar. Laura la sentía dentro mientras se masturbaba, mientras la penetraban, mientras felaba, mientras se corría. Estaba poseída de Claire. No podía aguantar más aquel estado febril contínuo y decidió, por fin, echarse en los femeninos brazos de la verdad que la acosaba desde la habitación contigua.

(continuará…)


YES, PLEASE…

3 comentarios:

Fuego dijo...

Perfecto, Milord, perfecto...

No puede dejar de deleitarnos con los relatos de Miguel; aunque eso no quite que los otros sean descaradamente turbadores.

Mil besos.

Beau Brummel dijo...

Deleite y turbación no es una mala mezcla, no…

Mi(gue)l besos también para ud, flamígera Lady.

Nena dijo...

Me encanta tu blog. Te invito a visitar el mio http://relatosdeunavirgen.blogspot.com/
espero que te guste