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sábado, 10 de marzo de 2012

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(viene de 41)

Esa noche Claire estaba más excitada que de costumbre. Había conseguido ligar con un joven español, náufrago en el laberinto sensual de la extravagante noche londinense y se relamía ante la idea de presentarse con él ante Laura. Le pareció una jugada maestra. El chico era bastante atractivo y le daba la impresión de que no eludiría tomar parte en el juego de pasiones que la francesa se traía entre manos. Parecía muy dispuesto a follar esa noche. Por supuesto que ella se había asegurado que fuera así, tras invitar al joven a unos tiritos de coca y ponerle a tono dándose el lote con él antes de salir del club. Pensaba que era un hermoso ejemplar latino, viril y aparentemente bien dotado a juzgar por lo que había podido palpar bajo su bragueta. Cuando llegaron a la casa, Claire consintió en dejarse magrear de nuevo con el fin de que su compañero pudiera exhibirse como un deseable manjar a los ojos de Laura y se decidiera a consumirlo, junto a ella, claro, sin ambages. Abrió la puerta de la casa y entraron. Buscó a su compañera con la vista. No la vió, pero la música de Joy Division salía de su habitación indicándole el camino. Podía escucharse claramente como Ian Curtis desgranaba cada palabra de aquel hipnótico y visionario tema: "Love will tear us apart", el amor nos destrozará*. El joven la abrazó por detrás ciego de deseo, buscando el tacto de sus pechos mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja a la vez que colocaba la endurecida entrepierna entre sus nalgas. Claire se dejó hacer. Permitió el roce de su joven amante. Quería que no perdiera su erección. Ella misma se sentía especialmente sobreexcitada, probablemente ante la idea de conseguir lo que tanto tiempo llevaba buscando. Él bajó una de sus manos hasta encontrar su coño. Estaba húmedo y le dejó aprisionarlo con ansia mientras lamía su cuello. Luego se escabulló con habilidad del abrazo y le cogió de la mano. "Ven, loco", le dijo. No le había contado que vivía con una compatriota suya. Quería que fuera una sorpresa. Suponía que dadas las circunstancias él no se opondría a dejarse hacer por las manos y lenguas de dos hermosas hembras. Ningún hombre se resistiría a ello. Al fin y al cabo, era el sueño que todos los que conocía habían confesado que desearían hacer realidad. Se acercó hasta el umbral de la habitación de Laura con su cebo literalmente adherido a su espalda mientras este la metía mano a discrección bajo su escotada camiseta serigrafiada con la efigie de Patti Smith. "Laura, tengo una sorpresa para ti", iba a pronunciar Claire llena de ansiedad por ver su reacción de asombro. No hizo falta: el semblante de Laura había sido más rápido aún que cualquiera de sus palabras.

(coninuará…)


*Cuando la rutina aprieta,

y las ambiciones están por los suelos,

y el resentimiento cabalga fuerte,

las emociones no crecen.

Y al cambiar nuestros caminos,

tomando carreteras diferentes

el amor, el amor nos destrozará otra vez.

¿Por qué la cama está tan fría

en el lado en el que tú estás?

¿Soy yo el que no está a la altura?

¿Hemos perdido el respeto mutuo?

Todavía queda algo de atracción,

que hemos mantenido 
a lo largo de nuestras vidas.

Amor. El amor nos destrozará otra vez.

¿Gritas todos mis errores

cuando estás durmiendo?

Tengo un sabor en la boca.
mientras la desesperación aguanta.

¿Es eso algo bueno?

¿No podrá funcionar nunca más?

Cuando el amor,… 
el amor nos destrozará otra vez.

4 comentarios:

Princesa dijo...

No, en serio, algún día le mataré por dejarnos siempre con la miel en los labios bandido.

Besos querido.

Beau Brummel dijo...

Pero hágalo poco a poco, para que pueda contemplar sin prisas el brillo ambarino de la miel deslizándose golosa al cruzar el carmín rojo de sus labios…

Avíseme con tiempo, Lady. Quiero estar preparado para tan dulce muerte.

Besos, Alteza.

Fuego dijo...

Cómo disfruta ud con ésto, ehhh

Mire que es malo, anda anda, hoy no hay besos...

Bueno, solo uno re roce.

Beau Brummel dijo...

Querida Lady de fuego, yo solo espero que ud, por ejemplo, también disfrute como yo con este juego de interruptos narrativos. Si no fuera así se quedaría en un mero onanismo literario, un placer conceptual, pero solitario al fin y al cabo. Y eso no mola, que aquí estamos para contar y decirnos cosas, ¿no? ;)

Un beso que valga por mil palabras, flamígera dama.