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sábado, 7 de abril de 2012

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 (viene de 44)


"Te espero fuera, pero date prisa y no te duermas. Por cierto, chico, llámame Maud. Es todo lo que necesitas saber de mí", le advirtió. Miguel cerró el local y se fueron juntos. Tomaron un taxi hasta un dancing club de moda al que pretendía entrar una interminable cola de jóvenes. La mujer le tomó de la mano y le guiñó un ojo. Hizo una seña a uno de los gorilas que custodiaban la puerta y este, al reconocerla, apartó sin contemplaciones a los que pretendían entrar en ese momento. Maud le hizo una carantoña en la cara y tiró de Miguel hacia las oscuras entrañas del prometedor tugurio. Llegaron a la barra, pidieron y ella le arrastró hasta la pista, donde una multitud informe se movía furiosa y compulsivamente a los acordes de la mejor música de baile que Miguel hubiera escuchado jamás. Los graves explotaban sobre sus cabezas, percutiendo en la dinámica masa, mientras los agudos evolucionaban libres completando los rítmicos acordes que dominaban la voluntad de los danzantes como si fueran simples títeres. Antes de que hubiera podido darse cuenta tenía las manos de Maud acosándole por toda su anatomía mientras bailaba enardecida cada uno de los temas. Y no lo hacía nada mal. Bailar tampoco. Miguel se dejó hacer. Aquella mirada azul grisácea era realmente turbadora, pero su sonrisa, franca y abierta, era una invitación a dejarse llevar por sus picardías. Sus manos cada vez actuaban con mayor precisión en el cuerpo de Miguel y a él no parecía desagradarle. No podía dejar de rendirse a la hipnótica mirada de Maud. Ella parecía saber bien no ya lo que estaba haciendo, sino cómo hacerlo sin que Miguel pudiera rechazar sus precisos toqueteos. Cuando ella se cercioró de que el muchacho estaba bien caliente le invitó a subir a un reservado del local. Miguel aceptó. No tenía nada que perder. Para él era una experiencia nueva estar con una mujer que le doblaba con creces la edad. Pero a juzgar por la hinchazón que sentía entre las piernas aquella situación le parecía muy excitante. Cuando llegaron al reservado Maud se avalanzó sobre él y con un movimiento certero le bajó la cremallera de la bragueta y le tanteó hasta dar con el endurecido miembro de Miguel. No se resistió. Lo estaba deseando desde hacía un buen rato. Maud lo sacó con cuidado y mientras sonreía le dijo que sus pechos le esperaban ansiosos. "¿A qué esperas chico? ¡Vamos, méteme mano ya! Estoy caliente como una zorra en celo. ¡Sóbame entera, chico! ¡Cómeme ya!" le espetó ansiosa. Miguel se encendió con las palabras de la mujer, cuya voz se había vuelto gutural y ronroneante. Su mirada agrisada le tenía realmente abducido. Sin dejar de mirarla introdujo la mano por el escote de Maud y le buscó uno de los senos, deslizando la palma por dentro de la copa del sujetador. Halló el hirsuto pezón presto para  encontrarse con el anhelado masajeo. Era grande y grueso. Podía sentirlo resbalando sudoroso entre sus dedos. Tenía los pechos bastante firmes para su edad. Pequeños pero firmes. Luego acometió el otro seno, dejándose llevar por la extraordinaria fantasía de que esa noche iba a ser follado por un ángel reencarnado en un cuerpo de mujer.

(continuará…)


2 comentarios:

XIII dijo...

Muy, muy excitante. Los placeres de estar con alguien que nos dobla la edad pueden llegar a ser abundantes. He de confesar que sigo atrapada por la historia de Miguel, estoy fascinada.
Pero sobre todo, he sido sorprendida por una palabra que aparece hacia el final de tu texto, una de mis preferidas y que me ha sacado totalmente de contexto (no siendo esto necesariamente malo, habiendome sacado también una sonrisa); "hirsuto".
:)

Fielmente, XIII

Beau Brummel dijo...

Las relaciones edípicas son muy atractivas, sobre todo a ciertas edades. Cuando eres adolescente una mujer madura es sinónimo de experiencia y gozar de sus favores te otorga un status especial entre tus iguales. Es crecer sin necesidad de cumplir años. Mi generación se crió soñando ese tipo de situaciones en películas como "El Graduado" -donde un jovencisimo Dustin Hoffman es seducido por la hermosa Anne Bancroft- o "Verano del 42" donde el objeto de deseo se llama Jennifer O'Neill. Tampoco estuvo mal la crepuscular "The Last Picture Show", o la más contemporánea "El lector". Es una situación morbosa, sí, y por ende muy recurrente en el universo erótico de nuestra juventud… o madurez ;)

"Hirsuto"… es una palabra que se utilizaba mucho en mi entorno familiar. Era sinónimo de duro y tieso. ¿Sabe? Es una pena que con la riqueza léxica de nuestra lengua ciñamos nuestra forma de hablar a unas pocas palabras y perífrasis utilizadas como muletillas con una reiteración insufrible. Los vocablos también tienen sus matices y merece la pena utilizar el más adecuado. No cuesta tanto. Yo creo que "hirsuto" es un término muy apropiado para recoger la idea del erizamiento de los pezones femeninos ante la caricia de una mano seductora.

Besos y mi agradecimiento por su fidelidad, Lady XIII.