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miércoles, 11 de abril de 2012

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(viene de 45)

Maud  buscó su boca con la suya mientras le trabajaba el miembro con precisión. Miguel lo tenía suficientemente grande como para masajeárselo con ambas manos sin problema. Maud era una experta masturbadora. Sabía interpretar la necesidad de su amante, adecuando los ritmos al pajearle para proporcionar el mayor placer. Le gustaba masturbar a los hombres. Odiaba las penetraciones. Adoraba ver las evoluciones de los miembros masculinos, apreciar con todo detalle cómo el músculo pasaba, de ser un simple péndulo inerte, a adoptar la poderosa forma fálica en la máxima erección. Le gustaba especialmente el glande, liso, brillante. Le gustaba sentir la suavidad del carnoso capuchón sobresalido entre sus manos. Y la base cilíndrica, arqueada y recorrida por la potente vena dorsal, gruesa y rugosa. Sí, se volvía loca con las pollas de sus machos excitados. Y Miguel era un buen macho, jóven y con una hermosa erección solo para ella. Maud sintió la humedad de su sexo. Apartó una mano del miembro de Miguel y se la introdujo en su vulva. "Mírame, chico, estoy jodidamente cachonda y es por ti, es por esa hermosa polla que tienes entre las piernas" le dijo. Estaba totalmente poseída por el deseo y eso a Miguel le estimulaba aún más. Vió como ella se manipulaba su sexo, gimiendo de placer, mientras le seguía agitando la polla. Maud sacó su mano totalmente empapada del néctar de su coño y lo expandió a lo largo del miembro del muchacho. Miguel se volvió loco con el contacto del fluido viscoso y caliente. El olor del sexo de Maud le inundó, ebrio. Cuando terminó de embadurnarle la verga volvió a introducirse la mano en el sexo. La sacó e invitó a Miguel a probar su sabor, poniéndoselo en los labios para obligarle a sacar la lengua para chupárselos. Cuando Miguel lo hizo, ella, presta, acerco su boca para aprisionar la lengua del muchacho. Aceleró poco a poco la masturbación. A Miguel comenzaba a agolpársele la sangre en la cabeza y su respiración se agitó, boqueando, en un intento de llenar sus pulmones de aire para contener la respiración y sentir con más detalle las evoluciones de la mujer en su polla. Inultilmente intentó contener la eclosión de su deseo. Iba a correrse, y en el preciso instante en el que la catarata seminal comenzaba a desbordar su falo, Maud abandonó su boca para aplicar sus labios en espera de recibir en ellos el zumo viril. Con el primer impacto abrió su boca y mientras rebañaba cada gota de lefa con su camaleónica lengua, se frotaba el clítoris con tal intensidad y rapidez que no tardó mucho en provocarse un estruendoso orgasmo. Casi estaba ahogada por la gran cantidad de semen inoculado por la tranca de Miguel, pero eso no la impidió alambicar su cuerpo en una pirueta imposible para saludar el infinito placer que la inundaba en ese preciso instante. Se relamía y besaba el monolito muscular de su hombre sin parar de ronronear. "Chico, chico, eres maravilloso. Esa manguera tuya me ha regado muy bien, chico, pero necesito más", le dijo silabeando mientras terminaba de degustar el esperma masculino. Miguel notaba su lengua trabajarle de nuevo y se dio cuenta de que aquella mujer no estaba dispuesta a darle tregua. "Espera, espera", intentó decirle para aplacar su ímpetu. Pero era inútil. "¿Esperar? ¿A qué? Vamos, chico, no tengo edad para esperar. Dame más. Eres un titán, mi titán, mi Aquiles de la polla brava. Dame su jugo, quiero beber todo tu elixir, chico", le susurró al oído mientras daba cuerda de nuevo al juguete de su entrepierna.  

(continuará…)



[Mire donde mire, te veo… y te deseo. Pero yo soy tan sólo uno de los dos polos, de esta historia la mitad. La mitad de dos cargas opuestas que buscan… lo mismo. Dulce magnetismo, ¿no crees?]

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