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jueves, 17 de mayo de 2012

SUCIO (II)




Bien nena, la situación es esta: tú marcando el norte del deseo y yo navegando en manual por el húmedo sur de tu imperial morfología, mientras me aplico, con la lengua, a surcar tu epitelio femenino. Trazo el rumbo con cuidado: no quiero todavía provocar el maremoto de tus oceánicos orgasmos. Me pides candela. Pero yo, gatita, yo marco el tempo de esta apetitosa sinfonía. Yo tengo la batuta, ¿recuerdas?, y tú interpretas la impúdica melodía. Nota a nota, sincopada y jadeante. Allegro ma non tropo, pero llegaremos al allegro prestissimo… con fuoco.

El fuego de tu cuerpo, nena. Ese fuego incombustible que me quema poco a poco llevándome hasta el éxtasis de tu celestial infierno. Y yo sucio, con mi tacto perfilando los límites de tu sexo, surfeando el suave oleaje de tu pubis depilado. Llego con los dedos y aparto con delicadeza el encaje del tanguita. Ahí está la seda de tu vulva, la senda de mi verga, la boca que silente espera ser besada por mis labios. Deslizo mi mano buscando su hálito tórrido y viscoso, signo inequívoco del deleite que recorre tu interior, y es tu sexo el que, solícito, me encuentra. Eres hembra en felina compostura, loca por sentirme en tus entrañas. Preparo el corazón para horadarte con el dedo y el otro corazón palpita enloquecido. Bum-bum, bum-bum, bombeando dulces latigazos de placer que cimbrean la dureza de mi falo agigantado. Te agitas quedamente, liberando un mordido quejidito de tu boca. Yo no aflojo: te permito el contacto de tus nalgas con mi verga y al sentir el beneplácito de las contracciones de tu vientre entro a profanar tu esencia con la daga de mi dedo. Lo acusas. Un suspiro nacido de tu lujuria reprimida. Esperas más. Me esperas, nena, ronroneándome golosa, deseando solazarte, tan bella como obscena, entre mis brazos. ¡Bendita emperatriz concupiscente! Te veo abrirte, sudorosa, provocándome con el crepitar de tu apetito de bocado masculino. ¡Excitate, nena! Soy todos los hombres que has deseado en tu vida, soy cada uno de sus cuerpos musculados imaginándolos en el mío. Soy una turba de falos acosando tu insaciable lujuria. Escúchame susurrarte sucio y empalmado. Nena, eres tan deliciosa… Sí, lo eres, hermosa como una puta enamorada, liberada y ardiente como un polvo veraniego retozado entre la arena de una playa solitaria. Nena, nena, nena… alambica tu figura al compás de mis caricias. Así, nena, siguiendo el dictado de mi dedo, el corazón que apunta al centro de tu vulva. Comienzas a bailar la danza pélvica, el ritmo que te pone embravecida y me lames la mordaza de mi mano. Gimes y te contoneas. Y buscas mi fantástica erección para tenerla aprisionada. Y me introduces tu mano por la oquedad de mi disfraz para sacarla entera. Está espléndida, ¿verdad?, justo en el punto que a ti más te gusta: al dente… de tu boca. Me estremezco y emito un murmullo placentero. Así, nena, toma mi alfange arqueado y empúñalo con tiento, que no quiero irme en un descuido. Mímalo que aún te ha de dar mucho de lo que te place. Mécelo con destreza, prodúceme ese hormigueo que me vuelve una bestia incontenible. Te lo acercas a tu coño, que ya es gruta resinosa rezumando la miel de tu lujuria. Poco a poco, nena. Haz que me inunde poco a poco del calor de tu deseo. Primero el glande, abriendo el camino sin retorno. Y luego te deslizas hasta el fondo hasta solapar tus nalgas con mis ingles. Te obligo a que te agaches y tomo tus cabellos como bridas. Soy el auriga de tu celo, nena. Emprendamos la marcha hasta el destino jadeado, chasqueando tu trasero con mi polla, azotándolo mientras te penetro desbocado. Márcame el trote con tus gritos, pide que acelere mi cadencia. ¡Dios, nena! ¡Dios! Ningún humano ha probado placer tan divino como el de tu cuerpo en el mío. Sudas. Sudo. Gimes. Sucio, nena y tú me sientes, canalla, viril y solo tuyo. Me pides y te doy. Y quiero morir por darte todo. ¡Nena, nena, nena! Vas a matarme de placer. Voy a morirme entre tus piernas… No, espera: quiero ver cómo agonizas tú primero. Voy a comerte despacito hasta que te deshagas en halagos. Sí, nena. Tú primero, que es así como me gusta.

Y me acoplo con mi boca a tu flor plena de tu escarcha lubricante, separando , exquisito, cada pétalo carnoso con mi lengua. Gozarás te lo prometo. Pero eso ya lo sabes, ¿verdad gatita linda? Gozarás, minina mía. Gozarás hasta maullarme como nunca.


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7 comentarios:

VESTA dijo...

Bestial, precioso, excitante, rezuma sexualidad , deseo, placer, éxtasis…
Le robaría el post ( no sufra tan magnífica expresión solo le puede pertenecer a usted), ha plasmado propias sensaciones no sabidas expresar…
Un deleite leerle Milord.

Beau Brummel dijo...

Lady Vesta… no necesitaría robármelo: no puedo sino regalárselo después de su elogioso comentario.

Escribo tratando de producir deseo, excitación… por lo tanto lo escrito es tan mío como quien siente lo que sugieren mis palabras.

Muchas gracias por hacerme partícipe de sus sensaciones y millones de besos, Lady metalina.

XIII dijo...

Una delicia, rebosante de deseos satisfechos... Alzo nuevamente una copa, esta vez por las segundas partes, por las historias acabadas tras una maravillosa dilación :)

Un sustancioso abrazo Milord.

Beau Brummel dijo...

No, no he acabado todavía, Lady XIII. Pero le acepto esa copa para tomar impulso y recuperar fuerzas.

Sustancialmente recibido, Lady numeral.

luna dijo...

Excelente lo que compartes mi Lord...
Dulce beso...

luna dijo...

Excelente lo que compartes mi Lord...
Dulce beso...

Rosa de Terciopelo dijo...

Gracias una vez más por compartir tal relato...por provocar tales sensaciones en mí con sus palabras... con su forma de expresarse...

Gracias distinguido Beau Brummel...
besos