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sábado, 8 de septiembre de 2012

SUCIO IV (LA VIDA EN ROSA)





Hola, nena. ¿Qué tal estás? ¿Lista para olvidar los sinsabores de la vida y dejar, otra vez, que te penetren mis fantasías buscando el punto G  de tu cerebro? Prepárate, gatita. Quiero sentir la calidez de tu sexo en mis dedos mientras apuro la humedad de tus besos de la comisura de mis labios. Quiero que vuelvas a explotarme entre las ingles, que desgarres de nuevo el silencio con el aria de tu orgasmo y retener esos momentos en mi recuerdo para siempre.

Hoy vamos a jugar un juego nuevo. Vamos a abrir la puerta y dejaremos entrar a que nos miren, que nos vean apurar nuestros jadeos y contemplar el vals de nuestra cópula infinita. Yo se que te gusta, nena. Sentir otros ojos acariciar cada gemido codiciando la fiebre de tu cuerpo. Venga, cielo, acompáñame en esta travesía a las entrañas del sexo más lascivo. Adentrémonos sin dilación en las tierras del placer inconfesable. Acompáñame, amante mía…

Construyamos el escenario idóneo: una estancia iluminada por mil velas aromáticas, un lecho esperándonos abierto y un enorme espejo en el que proyectar las volcánicas posturas de esta orgía imaginada. ¿Estás dispuesta, nena? Pues vamos, perdámonos en la sinrazón atormentada de la impudicia clandestina. Agárrate a mi texto enardecido y dejemos volar nuestras pasiones a través de este tiempo imaginado.

Ahí estamos tú y yo, de nuevo, después de tanto tiempo. Conservamos vivo cada momento del pasado. Nos sabemos entregados, locos por sudar todos los sueños. Te miro fijamente a los ojos, faros que señalizan las lindes de tu cuerpo. Tú me devuelves la mirada y en ella preveo el placer que alcanzaré al perderme entre tus besos. Tus besos, nena. Es fundir tu boca con la mía y una fuerza hercúlea se apodera de mis actos, transitando como un autómata por la senda de tus susurros. Tu boca son mis brazos encordándote para sentir cada parte de tu cuerpo, mis manos bailarinas danzando toda mi excitación cuando te surcan a través de tu vestido. Tu boca es mi lengua jugando entre tus labios, tus labios mordidos por mi boca, mi lengua cabalgando con la tuya en mil húmedas cabriolas. Tu boca es  respirarte y que me comas, el calor de cada beso entre murmullos, el sabor de tu voz cuando pides que te folle.

Poco a poco nos consumen nuestras prisas. Nos lamemos. Empezamos a ser animales poseídos por la fuerza incontenible del dios Eros. Te despojo de la blusa, recreándome para contemplar tu exquista lencería, zaína como el azabache que adorna tus regios lóbulos de mujer diosa. Paso mis manos por sus copas, seguro de que más tarde beberé de su preciado contenido. Presiento tus hirsutos pezones clamando por encontrarse con mi tacto. Te miro, intenso, y en tu rostro se dibuja una pícara sonrisa que denota que te gusta. Tu nariz se hincha, tu pecho se expande y se me hace presente para que no deje de acariciarlo. Me gusto en el lance y me coloco tras de ti para abarcar ambos frutos con el cuenco de mis manos. Tú, entonces, me ofreces tu cerviz nacarada para que deposite en ella los roces de la carne de mis labios. Lengüeteo juguetón y luego soplo con suavidad para ver cómo levemente te contraes mientras con dulzura exhalas un suspiro. Inclinas la cabeza y yo repito. Ahora hundo mis dientes como si fuera un licántropo insaciable. El aroma de tu piel me embriaga, me estimula hasta convertirme en un sátiro infinito. Llego ávido de ti hasta tu cintura y te quito la falda con premura. Déjame que te vea así, cómo tu figura realza la sugerente lencería que te adorna como una diosa irresistible. No sabes cuánto me provocas, nena. No sabes lo que me enloquece verte así, pero seguro que por el tamaño de mi falo puedes hacerte una idea aproximada.

Raso en tus senos, rosa en tu sexo de muselina, seda en tus piernas de regia mesalina. Eres mi perdición, mi dulce hembra, mi amante bravía. Estás tan hermosa que temo ultrajar la perfección de este momento. Pero el ansia de verte desnuda me corroe y desarma mi laxa voluntad de hombre en celo. La caída de tus pechos es una delicia. Me los ofreces y yo acudo solícito a venerarlos con mi boca, con mis manos, con todo mi rostro restregado por tu torso. Y llega el instante más soñado al retirar parcialmente la tanguita que orna la mediana entre tus muslos. Tu sexo depilado es la mejor de las visiones, la perífrasis carnal de tu yo más exquisito. Con suavidad separo sus labios y presiento su humedad en mi tacto: se me hace la boca agua porque va llegando el momento de catarte. Pero por ahora tan solo besaré sus pétalos, flor mía.

Todo parece discurrir por el sendero otras veces recorrido, pero esta vez, nena, te tengo preparada una sorpresa. Necesito que colabores conmigo y para ello te invito a que permitas que oculte tus ojos de hechicera bajo una satinada pieza de tela negra y así amordazarte la mirada. Tú te avienes, por supuesto, porque sabes que este juego te gustará sobremanera. Te vendo y percibo la inquietud en los movimientos de tu cuerpo. Me tomas de la mano, asiéndote a ella como boya en mar abierto, para no perderse en el océano. Y a mí me gusta, claro. Me gusta pensar que por una vez pueda ser tu referencia, nena, tu cabo para no caer al vacío. Mueves la cabeza, rastreando esos leves movimientos que detectan tus oídos, ese olor a macho que percibes de repente. Te susurro mi deseo hecho salmodia lujuriosa mientras mordisqueo con fruición tu oreja, tu cuello, tus labios, tus pechos… lamo tus pezones con denuedo mientras mis manos te recorren palmo a palmo. Primero en un sentido; luego en otro. Llegan ansiosas hasta el premio de tus ingles, locas por penetrar en el nacimiento de tu esencia femenina, por los juegos previos con el carnoso cancerbero que guarda ese camino. Cuando sientes mis dedos acunarlo esbozas con tu boca un gemido y la estancia se llena de inesperados jadeos. Yergues tu cuerpo: has reconocido el murmullo y enloqueces. Tus pezones se aprietan, se eriza tu piel, tus músculos contraen tu figura haciéndola más esbelta, si cabe. Sonríes, nena, privada de visión y ciega de deseo. Te pregunto si quieres ver lo que imaginas y tú asientes. Tienes la respiración entrecortada, expectante y nerviosa por lo que aparecerá ante tus ojos. Poco a poco, beso a beso, dejo libre tu visión: ahí está tu fantasía, toda para ti. ¿Te la esperabas?



13 comentarios:

XIII dijo...

Por fin está aquí Lord Brummel.
Ni se imagina lo que he echado de menos sus ágiles y excitantes palabras.
Quiero más.

Estrella Altair dijo...

Hola Lord... buen titulo.. para un hombre que gusta de disfrutar de la vida..

me gusta el texto, vivir la vida y este texto invita a vivirlo intensa y claramente...

me ha gustado.... se siente....

vibra...

lo que no entiendo es lo que está en azul... entre parentesis imagino que significa algo, para alguien..

no merece la pena sufrir ni por los hijos siquiera.. una vez que se entiende.. que esa es la realidad.

Un saludo amable.. y agradecido por su presente en mi blog, esa musica de Conrinne es acertada para mi...

una estrella, sin lugar a dudas.. así me siento, estrella de este mundo en el que tengo el privilegio y la suerte de habitar..




Vicky dijo...

Mi querido amigo,


Tal y como os prometí, he vuelto para leeros. Me preguntaba qué texto acompañaría vuestra reentre tras la desconexión estival que espero hayáis disfrutado como la ocasión merece.

Se han desperezado vuestros sentidos Sire? Os ha cegado el sol mientras fantaseabais con visiones no siempre imposibles? Habéis tenido el gusto de recorrer un camino de salitre sobre una piel? Os ha punzado el deseo sobre el lecho de arena caliente mientras la brisa jadeaba en vuestros oídos? Os llegó el aroma a libertad que desprenden los cuerpos desnudos? Sentisteis el tacto sutil de las caricias prohibidas en vuestra imaginación? Sí, seguro que sí. Estoy segura porque, debe ser cierto eso que dicen de que el autor escribe, pero que es el lector quien inventa con su interpretación la historia.

Privar de un sentido intensifica al resto... Os puedo asegurar que yo os he leído con los cinco agudizados, es más, hasta mi sexto sentido ha disfrutado de este juego al que jugáis tan bien.

Como siempre os dejo lo que os dejo, desde el alfeizar desde el que os observo.

Rosaida dijo...

Pues yo no le miento, Señor Brummel, y le digo que quiero más narraciones como ésta... textos que hacen emerger como realidades las fantasías escondidas en la profundidad más recóndita de nuestra mente.

Excitante, morboso y caliente... muy caliente, así es su texto, Señor Brummel. Bienvenido de nuevo.

Un beso desde mi Jardín.

Beau Brummel dijo...

Apreciada Lady XIII, ¿podría negarme a satisfacer su petición tras sus amables palabras?

Su "quiero más" es una apelación muy directa para alguien tan deseoso de complacer como yo… ;)

Besos impares, Lady numeral.

Beau Brummel dijo...

En efecto, Lady Altair: me gusta disfrutar de la vida cuando ella se deja seducir y se muestra generosa regalándome momentos inolvidables, que cada vez son menos pero los vivo más intensamente.

El sufrimiento… hay veces que no podemos elegir por quién sufrimos… ni siquiera quien es capaz de hacernos sufrir. ¿Sabríamos apreciar los momentos alegres si no hubiéramos probado la hiel del dolor? Tópico, sí…

Me alegro de su visita y espero poder conseguir su atención en el futuro. Sentir su vitalidad es muy agradable.

Una constelación de besos, Lady celestial.

Beau Brummel dijo...

Mi querida MiLady, su prosa sincopada sigue levantando mis más bajas pasiones. Si no he disfrutado tanto como ud dice que merezco es porque tal vez necesite más a menudo construir sueños como los que sus palabras logran hacer nacer en mi cerebro. Le rogaría que no vuelva ud a privarme de ellas de nuevo, si quiere ud hacer de mí un hombre feliz ;)

Reciba ud un órdago de sensaciones para ese juego del que tanto disfruta.

Y besos, claro, que alcancen la altura necesaria para superar el alféizar desde el que recuesta su cuerpo para observarme… con todos sus sentidos agudizados.

Beau Brummel dijo...

Y si me mintiera, adorada Lady Rosaida, no le engaño si confieso que no querría darme cuenta y seguiría creyendo que le siguen excitando mis fantasías hasta el punto de que deseara convertirlas en realidad, logrando hacer converger nuestros sinos en el momento más anhelado.

Sus deseos son órdenes imperativas para los míos. Y también un aliciente para seguir acariciándola con cada frase, excitándola con cada párrafo, penetrando su libídine con mis recursos… literarios…

Besos sinceros, querida Lady. Recuerde que este beaulog no sería igual si no soñara con mujeres como ud.

calmA dijo...

Cuánto tiempo querido lord, veo que sigue tan apasionado y sensual, un placer volver a leer sus tórridas y excitantes historias.

Le dejo mi beso y un touch.

María dijo...

¡Qué bueno que hayas regresado! y además vienes cargado de sensualidad-

¡¡¡ Bienvenido !!!!

Un beso.

Beau Brummel dijo...

Lady Calma, intento seguir la estela del aroma de sus nudas clavículas, pero el rastro se pierde cad dos por tres…

Espero que, al menos, siga honrándome con sus visitas.

Besos.


Delicioso el touch ;)

Beau Brummel dijo...

Bienhallado, "sweet" María.

Besos.

Rosa de Terciopelo dijo...

Gracias por hacer olvidar los sinsabores de la vida... una vez más. ... ;)

Besos