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miércoles, 31 de octubre de 2012

FALOWEEN





Por fin llega la noche de Faloween, esa noche en la que puedo salir a la calle sin necesidad de ocultar mi verdadero ser en un ridículo disfraz de director de sucursal bancaria. Noche de sustos: truco o trato, chata. Soy un tipo muy variable, preferentemente un hombre de acción. Todo el día jodiendo, ya sabes. Me paso la inflación por la entrepierna, siempre al alza, claro. Especularán sobre quién soy en realidad, incluso los habrá que no den crédito a lo que ven. Pero seguro que esta noche van a prestarme el interés que necesito y por fin podré mostrar sin ambages lo que soy en realidad: un capullo… monstruoso.

miércoles, 24 de octubre de 2012

COMO SI NO FUERA 25 de OCTUBRE







Eugenio se levantará a las siete y media. Mirará por la ventana: verá llover, como si no fuera 25 de octubre. Igual que todos los días pondrá la radio y desayunará solo, antes de que lo haga su mujer, como si no fuera 25 de octubre. Café instantáneo -marca blanca, que no están los tiempos para dispendios marquistas- con leche, desnatada y entera a partes iguales, en el punto de calor que él puede soportar, como si no fuera 25 de octubre. Una galleta, mordida y mojada, como si no fuera 25 de octubre. Terminará y colocará la taza y la cucharilla en el lavavajillas para completar la carga como si no fuera 25 de octubre. Programará la comida y hará la lista para salir a la compra, más tarde, como si no fuera 25 de octubre.


Irá al cuarto de baño: desocupará, se duchará y afeitará su cara como si no fuera 25 de octubre. La imagen que el espejo proyectará de si mismo no le dará ningún motivo especial para sentirse de mejor humor del que ya está, como si no fuera 25 de octubre. Recogerá las toallas que ha utilizado en su aseo para que se sequen en el tendedero y su mujer no empiece el día con un pollo en la boca como si no fuera 25 de octubre. Se colocará frente al portátil para repasar la prensa digital, y los blogs y foros amigos para leer las novedades que contengan, como si no fuera 25 de octubre. Comentará en alguno de ellos y en otros no, pese a discrepar de su texto, como si no fuera 25 de octubre. A las 9 despertará a su mujer, le dará un beso, le dirá buenos días y le preparará el desayuno como si no fuera 25 de octubre. Mientras ella desayuna, él volverá al portátil para ultimar lo que haya dejado a medias, como si no fuera 25 de octubre.

Harán el planning del día. Tienen un futuro laboral negro y demasiado rojo en sus números familiares, así que discutirán igual que siempre, como si no fuera 25 de octubre. Entre riñas pasará la mañana hasta que llegue la hora de la salida a la compra y ya en la calle se encontrará con la gente que suele encontrarse, como si no fuera 25 de octubre. Hará la compra en el supermercado según la lista que haya confeccionado antes y comprará el pan en la panadería, como si no fuera 25 de octubre. Seguírá lloviendo y se mojará, como si no fuera 25 de octubre.

Llegará a casa: la comida y comerá con su mujer como si no fuera 25 de octubre. Dejarán la bronca, porque es de mala educación discutir con la boca llena, y tomarán el acostumbrado café como si no fuera 25 de octubre. Un ratito de charleta anodina y vuelta al tajo como si no fuera 25 de octubre. La tarde: llamadas a unos y de otros, sin sorpresas ni alegrías, como si no fuera 25 de octubre. Llegará su hijo adolescente, y con él las mismas movidas; la paz en la cena, un rato de tele… como si no fuera 25 de octubre.

A última hora, antes de acostarse, irá al portátil y un deseo incontenible hará que abra por última vez el correo. Tecleará ansioso el usuario y la clave. Mirará al reloj digital, cómo los números se acercan al cero, a la nada, a la frontera fugaz entre una fecha y la siguiente, umbral que convierte a la bella princesa en sierva de otras, esperando, en su caso, invertir esa fatídica inercia y ser, por un instante, el príncipe azul de una vida paralela. Entrará en la cuenta y apretará, con el ímpetu de un jovenzuelo imparable, el ratón para abrir la bandeja de recibidos. Y ahí estará, seguro que sí, el mensaje escrito con las únicas palabras capaces de romper el maleficio que cubre de ponzoña cada jornada de su puñetero presente: "hoy es 25 de octubre, ¿te acuerdas?"



Miguel, cómo no…

martes, 16 de octubre de 2012

LA CARTA





Inquieto por no saber de ella desde hacía tanto tiempo, tomó su roller-pen de tinta de gel azul y escribió en el A-4 de 80 gramos su intento por conectar con el pasado…

"Querida Krista:

te escribo ahora, casi un año después de la última vez que supe de ti, dado que tú parece que, aun pasada esta eternidad, has sido incapaz de digerir lo que ocurrió entonces. Sabes que era algo que tenía que hacer, porque era lo que más ansiaba… lo que tanto había soñado.

No es que contigo no lo hubiera hecho. Tú eras un sueño de otro tipo, tan irresistible sexualmente como ella, pero carente de la atracción romántica que tanto me subyugaba y tan importante comprendí que era para mí. Romántica, sí. Se que pensarás que soy un traidor a mis correos, un cínico. Tú y yo solo hablábamos de follar, de consumirnos entre polvos hasta volvernos el agua de nuestro sudor extenuadamente jadeado. Nunca tuvimos palabras que pudieran dejar entrever sentimiento alguno más allá del instinto primario de satisfacer nuestro deseo. Jamás te hice ver que hubiera un algo más en mi búsqueda, y se que te dejé pensar que la dureza de mi verga era tan acerada como la dureza de mi alma.

Pero te sigo recordando en las fotos que acompañaban tus correos, excitantemente sugerentes como sabes que me agradan. Tu gusto por la lencería de combate era exquisito, el ornamento ideal para tu cuerpo treintañero apenas ajado, todavía, por los avatares de la vida. Un cuerpo de ángel pecaminoso, que tantas noches imaginé regado por la fuerza de mi esperma. Tus pechos firmes, apretados bajo la copa de oropeles y encaje; tu vientre liso y ombligado, valle confortable y preludio de la mágica boca de tus síes. ¡Ah! ¡Cuántas veces me vi comiendo de sus labios, saciando mi apetito de escuchar la música de tus gemidos! Y tus piernas, cubiertas por ligueros y rejillas, apéndices concupiscentes recorridos por la premura de mi tacto…

Sí, te sigo recordando, Krista. Repaso tu video, el que te grabaste lasciva sabiendo que se reproduciría en mi cerebro cada vez que pensara tu nombre, en un play infinito e inolvidable. Tus movimientos sinuosos, tus manos serpenteando por tu silueta desnuda, aferrándose a tus pequeños pechos, empezonados y sobresalientes, para luego recalar en tu gruta, resbalando hasta su sima tras digitar, circulante, la campanilla que llama a las llamas prendidas del deseo. Veo, miro: soy un voyeur irredento. La pellizcas y tu vulva se abre, viscosa, labiando tu ansia gritada en gemidos de fuego. Te muerdes, te sobas,  te agitas y ondulas. ¿Me piensas? Me sabes ardiendo asiendo mi tranca, mirándote absorto, manco de sexo, erecto, salido. Cabalgas tu dildo, golosa, lamiendo tus labios. Te quieres, te tomas. Tu cuerpo explotando, tus manos perdidas; tus ojos en blaco, tu orgasmo filmado. Tu vídeo, mil veces pasado, mil veces corrido hasta la meta de semen.

Eso, tanto, y ahora, Krista, la nada. El "tú te lo perderás" sentenciado y cumplido.  Antes "te espero, si quieres". Y antes "te daré más que nadie". Eras tú o era ella,  aunque no entonces, pero el final fueron tus celos. Los celos de quien se cree derrotada sin que siquiera se haya librado una sola batalla. Nunca luchaste en igualdad de condiciones porque yo, infame, te robé el otro lado de mi yo, el más sensible, para entregárselo entero a quien lo había destapado. Perdóname si puedes y si no, por favor, no me condenes de por vida".


Terminó la carta y se despidió besándola entre líneas. Dobló el papel y lo Introdujo en el sobre. Tras pegar la solapa escribió la dirección que ella le había dado cuando aún quería sentirle entre sus carnes y pensó que esperaba que hubiera estado bien lo que había hecho.




miércoles, 10 de octubre de 2012

Mil besitos y dulces sueños (116x)



Y cuando María se retira a dormir, sus seguidores comienzan a soñar. Con sus ojos, verdes como los prados donde imaginan solazarse con ella, en un atardecer rojizo, escuchando sus gemidos. Con su sonrisa de muñeca lujuriosa que te incita a recrear mil locuras en orgiásticos festejos. Con su piel sedosa de tacto liso, autopista interminable que conduce al destino más gozado. Con sus pechos, olas de erótica materia que te invitan a surfearlos con caricias, mientras anclas en sus muslos la quilla del deseo. María en la cama, fantasía eterna, quimera onanista seguida tras la pantalla de un viejo portátil.

Sí, María se retira a dormir y es, entonces, cuando todos ellos empiezan a vivirla… 




Se, porque sabes ser.