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domingo, 20 de octubre de 2013

LAZO NEGRO (SIEMPRE FUI DE CARA)




Yo, que en algún momento diseñé una camiseta…





No se si a uds. les pasa. Hay veces, en la vida, que te quedas como paralizado a la espera de que se pase lo que te ocurre, sin saber bien qué es exactamente. Te ves disminuido ante el sino que te devora. Eres protagonista pasivo, y hasta involuntario, de esa involución destructiva que se adueña de tu presente. Intentas y todo cuanto haces es un errar entre yerro y yerro, férreos obstáculos que te apocan pigmentando de oscuro prieto el color de tu existencia. Túnel. No hay más luz que la que emite la pira crematoria de tus ilusiones. Cueva. Frío porque no hay sol que te ilumine para que, al menos, puedas ver de dónde te llueven los palos. Solo puedes permanecer inmóvil, no hacer más que más destroce lo que te queda, confiando en que cada minuto es un paso para erosionar el conjunto de las horas que te quedan para volver a sonreír, de sentirte vivo y protagonista activo de tus actos. No se si les pasa o no, pero les aseguro que hay veces en la vida que te sientes como si fueras un muñeco en manos del tiempo que te oprime.

Y como todo es susceptible de empeorar, al mal tiempo cara nueva. La ironía es la "marca" de la casa. Hasta siempre.

jueves, 3 de octubre de 2013

…Y, SEGURAMENTE, UN FINAL CANTADO



»Apostaré que el ánima del muerto, 

por gozar este sitio, hoy ha dejado 

la gloria donde vive eternamente».









Por todo lo que uds. se imaginan, sí… y por lo que yo, pobre crédulo inconsciente, nunca pude llegar a imaginar, también.





Y luego, in continente, 

caló el chapeo, requirió la espada, 

miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

jueves, 11 de julio de 2013

TAL VEZ UN POST PRECIPITADO






[Este era el post que estaba elaborando para despedirme antes de las vacaciones y este es el post que voy a publicar pese a que desde ayer haya de preocuparme y ocuparme más de mí. Que se diviertan. Es mi deseo]


Y de nuevo me encuentro en el umbral de mi tiempo de descanso. Y otra vez están aquí mis tan ansiadas vacaciones. Cada vez las necesito más, sabedor de que tal vez sean las últimas así entendidas, como siempre las disfruté. Cada vez son más importantes, en tanto en cuanto se han convertido en la única bocanada de aire fresco en esta jodida trayectoria vital en que ha derivado mi rutina.

Ha sido un año especialmente duro: he tenido que vivirlo todo entero, sin una sola escapada, comprobando que mis sueños pueden convertirse en mis enemigos más depredadores. Encajar golpes, traiciones y decepciones no es facil. A estas alturas debería saber sortear algunas situaciones que me conozco desde siempre, pero tal parece que con el tiempo me he hecho más vehemente, menos tolerante y más patoso cuando me implico en aventuras que me seducen.

No soy más que uno más de mis personajes, con sus luces y sus sombras. Una faceta más de un tipo soñador y bohemio, domesticado a base de los zarpazos cotidianos. Me gusta escribir, sí, pero sufro haciéndolo porque mi prosa es fruto de los procesos tormentosos que habitan en las zonas abisales de mi alma. Me duelo cuando sangran las palabras de mis manos y lloro mis relatos. Grito cada párrafo pidiendo, clamando lo que no es posible. Orate inconformista, estúpido onanista de conceptos eyaculados en defensa propia, para sobrevivirme en cada crisis. Tal vez un monstruo sediento de afecto…

Es tiempo de parar, de reflexionar, de engañarme otro poquito, tiempo de horas detenidas en el sílice playero bajo el sol que tanto amo. Tiempo de sexo ansioso, de ternuras olvidadas en el velo translúcido de otras estaciones. Es tiempo de mi tiempo, pausa y expectativa del futuro que me acecha inclemente, como siempre.

Todo pasa y todo llega. Y lo nuestro siempre es llegar por esos caminos, los caminos que van…


…al mar. Allá iré, pués, cumpliendo la parte del ciclo de mi sino que ahora toca.


domingo, 7 de julio de 2013

EN LA CIUDAD QUE (SOY) EXTRAÑO








En la ciudad que extraño soy siempre forastero,
hombre ocasional en el tacto de tus dedos
 invisible
imagen en el mar de tus pupilas
furtivo polvo al albur de una suerte insospechada.

En la ciudad que viajo cuando sueño
habitas tú, reina vestida con el tejido de mis ansias
una hembra que es un deleite poseerla
dueña y ama de las fantasías que yo amo.

En la ciudad en cuya noche quedó mi alma
esa en que el tiempo ya no pasa entre nosotros
en la que tus besos permanecen infinitos en mi boca
y mi sexo te penetra en un placentero bucle eterno.

En la ciudad que quiero visitar y yo ya no vivo
pues añoro cada vez que fui viajero en tus caderas
cada vez que mi lengua bailó un orgasmo entre tus labios
cada vez que en los tuyos leí mi nombre en un susurro jadeado.

En la ciudad de pensamientos lujuriosos
erigida en los linderos de adúlteros encuentros
que se extiende hasta el arrabal de mis pasiones
la zona oscura que aflora
extramuros de mis días.

En la ciudad que es la tuya y de ti es la distancia
recorrida de tu mano paseando por sus calles
tras habernos solazado enloquecidos por follarnos
resignados agonistas de un relato inacabado.

En la ciudad iluminada por tus ojos al mirarme
y comprobar en ellos el reflejo de los míos
urbe de asfalto que te lleva a la salida de mi vida
y en la que espero poder cruzarme de nuevo en tu camino.

sábado, 29 de junio de 2013

LOS PERCEBES



Imagen perteneciente al mes de julio del calendario Brummell 2013




Emma es la pescadera del mercado. Más fresca que su género, exhibe la generosidad de su anatomía apretada siempre que puede. Tanto le gusta mostrar su encantadora naturaleza que renuncia a usar la parte superior de su peto de trabajo. "Es que me ahoga", dice mientras contonea los hermosos y empitonados pechos con que engalana el cuerpo que habita bajo su fina camiseta blanca. Hoy está de particular buen humor y se siente hembra. Por eso cuando llega Ezequiel, el jóven y tímido viudo que siempre le compra gallos y anillas de calamar, le muestra su género con especial denuedo:

-Hola Ezequiel. ¿Has visto que hermosos tengo hoy los percebes? Están para comérselos vivos, no me digas que no.

Ezequiel la mira cohibido, y desea decirla que sí, que le ponga unos pares para sorberlos y succionar hasta la última gota del salobre fluido del que están henchidos. Más le puede la vergüenza:

-Sí que lo están, sí. Y bien que me los llevaría a la boca. Pero es que tengo que controlar mi ácido úrico…

Más Emma es muy mujer y sabe detectar las señales del deseo. Hace tiempo que percibe que Ezequiel abomina el pescado, que solo viene a verla a ella y que con lo parado que es, si por él fuera, estarían así ambos, de secano y sin mojar, toda la vida. Así que de hoy no pasa y se ha dicho al levantarse que ya era hora de pescar al joven viudo. Por eso le hace una tentadora oferta que él no podrá rechazar:

-¡Venga, hombre! Esto no puede hacerle mal a nadie. No te preocupes, guapo, que te convido yo. Esta noche yo misma voy a llevártelos a la boca para que sepas lo que es bueno…




jueves, 13 de junio de 2013

BESAR



Imagen perteneciente al mes de junio del calendario Brummell 2013




Elsa se pavoneaba delante de sus amigas alardeando de lo bien que besaba su novio. Era la mayor de ellas y las otras todavía no habían catado las mieles viriles. Las ponía los dientes largos explicándoles con detalle cómo lo hacía su chico. "Primero acerca su boca y me mordisquea los labios. Luego va dejándose llevar y comienza a repasarme la comisura con su lengua. Después enloquece y da la sensación de que quisiera succionarme el labio y arrancármelo con los dientes. Entonces es cuando me introduce la lengua y yo siento como juguetea dentro y fuera de mi con unos movimientos endiabladamente rápidos que hacen que me estremezca de placer".

Un día, Elena, una de sus amigas quiso saciar su curiosidad respecto a una pregunta que venía rondándole la cabeza desde hacía tiempo. "Oye, Elsa: ¿a qué sabe un hombre?", le preguntó. "¿Saber?", devolvió la pregunta a su amiga. "Sí, ¿cómo es el sabor de su boca en la tuya?", se explicó. "¿Cómo? ¿Su boca en mi boca? Por favor, Elena, ¡qué asco! Yo no me dejo besar en la boca ni por todo el oro del mundo, rica", concluyó Elsa indignada solo de imaginar que su novio intentase hacer con ella semejante porquería…




viernes, 7 de junio de 2013

BRITTA (…4…)








La invitación de Britta me posibilitó entablar contacto con el tal Frank. Era un tipo raro, con un comportamiento rayano a la bipolaridad: lo mismo parecía estar como unas pascuas, alegre y accesible, como aparentaba ser un auténtico borde. Había veces que me costaba mucho no mandarle a la mierda, pero el cabrito sabía dar marcha atrás y reconducir una conversación por cauces amigables. A menudo pensé que era una especie de juego que jugaba conmigo, pero como no tenía la posibilidad de ver cómo se comportaba con otros, no podía asegurar que tuviera algo personal contra mí.

Britta le apreciaba mucho. La verdad es que para ella era un personaje magnético. Era muy creativo, sí, y a ello añadía la deshinibición propia de su juventud. Yo coincidía bastante en gustos musicales con él, y, aunque él no lo reconocería jamás, le abrí muchas puertas a músicas que él desconocía por más que tratase de aparentar que era el que más sabía del mundo mundial en la materia. Recuerdo que le reventaba cuando yo alardeaba de haber visto en directo a grupos y músicos que él, por edad, era imposible que hubiera disfrutado o que tuviera vinilos originales de los artistas que él veneraba. Hay veces que ser un pureta te da cierto pedigrí, cierta ventaja insalvable hasta para un torete joven e impulsivo como mi nuevo amigo flamenco.

Chatear y mailearse con Britta se convirtió en una costumbre. Nos contábamos lo divino y lo humano y, ahora, planificábamos nuestra aventura "artística". Yo escribía y se lo mandaba a ella para que lo corrigiera y luego se lo presentara a Frank. Así lo acordamos y me pareció bien, porque mis traducciones eran muy, pero que muy malas. Era consciente de que al pasar de mi idioma a otro se perderían muchos matices, pero como era una experiencia más lúdica que profesional no le di más importancia. Ellos, al trabajar con lenguajes abstractos no tenían ese problema.

Comencé a observar un paulatino cambio de actitud en Britta: lo que antes le parecía maravilloso de lo que yo escribía ahora no había más que pegas, al principio, y textos inadecuados al final. Como a Frank tampoco le acababan de convencer todo era un continuo volver a escribir para llegar al mismo sitio. Me sorprendió la repentina falta de empatía con Britta y para limar asperezas decidí hacer algo de lo que habría de arrepentirme tiempo después.

Un par de semanas antes Britta me había enviado por correo una muestra de sus tarjetas profesionales para pedirme opinión. Allí estaban, lógicamente, los datos de su identidad real: nombre, apellido, dirección y teléfono. Le di mi opinión y me olvidé del asunto. Ella me lo agradeció y me respondió con un enigmático: "ya ves que no estamos tan lejos". Evidentemente estábamos lejísimos. Coincidió que eran las fechas de su cumpleaños, coincidió que yo tenía ganas de agradarla… se me fue la cabeza y me dejé llevar por uno de esos absurdos impulsos que me superan a menudo: se me ocurrió regalarle un ramo de flores mediante un "interflora" anónimo a su domicilio.

El anónimo presente no fue tal y la magia de la sorpresa se fue al garete, pero eso, que para mí era importante, a ella le dio igual. Me lo agradeció  con unas preciosas palabras. Estaba eufórica, fuera de si. Los días siguientes fueron un continuo "I love you" aderezados con alguna que otra foto de corazones. La verdad es que tanto azucar me empalagaba: se ve que al hacerme no me pensaron para los "tequieros" sin sentido.

"La tristeza no tiene fin; la felicidad sí", cantaba Jobim. Yo escuchaba la bossa de chico y pensaba que el maestro brasileiro era un cenizo. Cuando eres joven te falta la dimensión que te da la sabiduría a través de la experiencia. Más sabe el diablo por viejo… que por pellejo. Gran verdad. Todo el que tenga unas décadas a sus espaldas sabe que no es que la tristeza sea eterna, sino que la felicidad pasa a la velocidad de la luz y para cuando queremos pensar lo felices que somos nos damos cuenta de que hace tiempo que  la etérea novia ya no está junto a nosotros. Y es que la llamaron con un nombre demasiado largo…

Y así comenzó la cuesta abajo de nuestro… lo que fuera. Un día imprevisto entró Britta por la ventanita del chat. Me preguntó qué hacía y seguramente le dije lo que estuviera haciendo. Nunca le había mentido y esa no sería la primera vez. Tampoco viene a cuento a lo que me estuviera dedicando en esos momentos, pero el caso es que nos pusimos a chatear como siempre. Yo notaba un cierto retardo por su parte en la conversación, pero no le di mayor importancia. Varias veces le tuve que preguntar si seguía al otro lado de la pantalla. En un momento determinado me pidió que conectase la web cam. Le escribí que ya conocía mi opinión al respecto, pero ella insistió e insistió como una mozuela emperrada en conseguir su objetivo fuera como fuese. La cosa llegó a un punto en que era o ceder o zanjar la conversación por el artículo 33. Entonces me lo pidió por favor… y accedí. Conecté la cam: allí estaba ella y lo que me pareció alguien más. Cerré la conexión rápidamente. Apenas pude escuchar su voz diciéndome "hi".

Era jueves, sí. Era uno de sus "jueves de amigos", por más que ella me dijera que estaba sola cuando se lo recriminé al día siguiente. Estaba seguro. Me dijo que era un desconfiado y que mi cabeza pensaba más de lo que debería. Tuvimos una discusión fuerte. Cuanto más quería convencerme más me ratificaba en mis sospechas. No podía probarlo, pero algo me decía que estaba en lo cierto. Tuve un pálpito. Le dije que me enviase la foto de pantalla que había sentido hacerme. No se esperaba mi salida y me confesó que eso sí que lo había hecho. Me la mandó, posiblemente para que me tranquilizase. Y me tranquilicé. Y ya más tranquilo, la pedí perdón.

Esa noche dormí mal. Enfadarme y perder los nervios me cuesta siempre el sueño. Doy vueltas y vueltas a las cosas, lo que pasa, cómo pasa, lo que digo y me dicen… Me levanté porque no aguanto estar en la cama sin poder dormir. Me fui al portátil. Repasé el chat. Busqué la foto que Britta me había enviado. La abrí. Era yo a pantalla completa y ella en un recuadro pequeño incrustado en mi imagen. Amplié el recuadro. Britta sonriendo y tras ella… lo que parecía una parka masculina que me era muy familiar y que estaba completamente seguro de haberla visto antes.

lunes, 27 de mayo de 2013

BRITTA (3ª parte)









Sí, Britta disfrutó, por fin, de volver a sentirse feliz, libre de las cargas que ella sola se había autoimpuesto. Daba gusto leerla así. Ni tan siquiera la preocupación que le produjo descubrir que su hermano mantenía un affair con una de las nativas tailandesas a espaldas de su novia -y futura mujer- consiguió ensombrecer ni un poquito la alegría con la que mi amiga nórdica vivió aquellas semanas. Era otra persona y se notaba en sus mensajes, en sus correos. Y yo estaba allí para verla así. Y me hacía sentir magnífico, casi un semidiós, porque era parte del proceso regenarativo de una persona a la que me sentía muy afecto y cuya gratitud me reconfortaba de una manera que ya tenía olvidada por aquel entonces.

Su reconocimiento era para mi como una droga. Me harté de explicarle que no tenía que agradecerme nada, porque así me lo parecía, pero aunque me sentía incómodo con sus halagos mentiría si dijera que no estaba encantado de recibirlos. Ella me llamaba su "medecine-man" y quería, por todos los medios, devolverme de alguna manera un trocito de la felicidad que experimentaba en aquellos momentos. A mí se me ocurrió que la única manera de poder hacerlo era expresando lo que yo significaba para ella a través de su arte. Era algo asequible para su talento. Jamás he pedido a nadie nada que no fuera capaz de hacer, aunque le costase un poquito de esfuerzo. Esfuerzo que, por otra parte, no es tal -por lo menos en mi caso- cuando se trata de dar gusto a quien realmente te interesa. Pero no todos somos iguales, y hay quien se olvida muy pronto de los compromisos a los que voluntariamente se vincula. "Me gustaría que hicieras una fotografía, la que tú quieras, pensando en mí, cuyo encuadre, motivo, luz y color estén seleccionados exclusivamente para que yo vea su resultado a través de tus ojos", le propuse. Le pareció una idea magnífica y me dijo que la haría. "Prométemelo", le escribí para sellar el pacto de honor al que se acababa de comprometer. "I promise you", rubricó.

Y tocó la vuelta a su frío septentrión. Yo confiaba en que el chute de vida tailandés le ayudaría en el reencuentro con el mundo de sus antiguos fantasmas. Britta tenía un auténtico subidón de autoestima. En su aventura asiática había comprobado la extraordinaria sensación de sentirse objeto de deseo (imagínense una hermosa mujer nórdica, bien dotada, con sus ojos y su tez clara -la primera vez que tomo el sol desnuda en una playa tailandesa se achicharró en todas las partes de su cuerpo-, cuyo poderoso físico sobresalía entre la gente y su presencia era motivo de atención permanente. Allí era codiciada, y eso le gustaba. Pero ahora volvía a su lugar de origen, donde era una más, donde no destacaba con tan solo ser como era.

Paulatinamente fue apagándose su euforia. La vida rutinaria fue poniéndola en su sitio de siempre. Al principio le ayudaban las fotografías que había tomado en Tailandia. Estuvo organizándolas durante unas semanas, en lo que parecía un no querer aceptar que aquellos momentos ya pasaron y no volverían a producirse por más que se refugiara en sus imágenes. Es entonces cuando volvimos, tontamente, a volver a disfrutar de nuestros encuentros eróticos.

En efecto: nuestras quedadas volvieron a discurrir por los meandros de deseo y el sexo explícitamente tecleado. Iba a decir que yo me resistí en un primer momento, pero en mi fuero interno se que fue más pose que convicción. No me opuse más que lo necesario para poder creer que yo no fui quien lo inició. La única verdad es que dos no hacen algo si uno de ellos no quiere y ambos nos dejamos llevar hasta donde sabíamos perfectamente que acabaríamos llegando.

Fue entonces cuando Britta me propuso contacto visual. Le hice saber que no sabía el modo de hacerlo, cosa que era completamente cierta, con la esperanza de que no insistiera. Pero insistió y se brindó a enseñarme la manera. Era tremendamente sencillo: tan solo me hacía falta una cuenta hotmail ya que mi portáil venía equipado con una webcam. Le hice caso, pero la primera vez que nos "dateamos" le confesé que estaba muy tenso y que no me apetecía nada que me viera. La verdad era que quería blindar mi imagen, porque ella en aquel momento no sabía cómo era yo físicamente.

Una de las cosas más excitantes de un flirteo a ciegas es elucubrar con el aspecto del otro. El no saber pero querer saber, el será o no será… el fabricarse un partenaire a la medida preocupándote tan solo de construir una imagen proyectada sobre lo que alguien escribe es tan azarante como placentero. A veces puede la ansiedad, pero no quiere hacerse patente. Es un juego apasionante, y yo tenía ventaja con Britta en ese terreno. No la quería perder. Y también, no voy a ocultarlo a estas alturas, tenía cierto temor a que mi realidad física no se ajustase a mi yo imaginado en su mente. Pero ella parecía haber puesto sitio a mis esquivas y empezaba a quejarse de mi absurdo anonimato.

Es entonces cuando comencé a escribir relatos eróticos. Se me ocurrió que podría trocar su ansiedad por la satisfacción de verse halagada por la pasión de mis escritos. Tras varias intentonas fallidas di por bueno uno que me pareció aceptable. Pero apareció el eterno problema: había que traducirlo. Lo hice yo, macarrónicamente, y supongo que el resultado fue un texto voluntarioso pero muy cutre. A pesar de ello se lo envié acompañado del original en español, como si eso me fuera a resarcir de la chapuza que estaba cometiendo. Una vez más Britta me demostró lo buena persona que era y me disculpó, no sin hacerme ver que no lo entendía muy bien, porque mi esfuerzo la llenaba de orgullo.

Viendo que así podría sortear su empeño en saber cómo era me dediqué a enviarle correos con relatos bilingües del mismo corte: fantasías eróticas con ella. Y además, tal vez agradecido por ceder, empecé a contarle algunas cosas de mi vida. Continuamos encontrándonos en la red durante semanas, casi diariamente. Digo casi porque tan solo los jueves, día que destinaba a pasarlo en casa con sus amigos, librábamos de nuestra mutua compañía.

Por imposible que parezca estábamos cada día más compenetrados y a gusto con nuestro vínculo. Es entonces cuando Britta me propuso un proyecto que me ilusionó tanto que me sentí como un niño al que regalan algo insospechado pero que le vuelve loco. Reconozco que puedo dar la impresión de ser una persona lejana, porque estoy acostumbrado a guardar las distancias como medida de respeto al otro y protección propia. Pero si alguien me gana el corazón… se lo doy todo. No valoro los regalos materiales: tan solo es cuestión de tener poder adquisitivo. Yo mismo soy muy reacio a obsequiar de esa manera. Y si ha de ser así, prefiero las cosas pequeñas pero con un significado especial, aun a riesgo de que el otro no encuentre el motivo que me mueve. Pero ese tipo de cosas, las que se hacen -incluso con tus propias manos- para demostrar la importancia que tienes en la vida de alguien…

Britta me invitó a unirme a un proyecto creativo que estaba pergeñando con un joven artista flamenco. De Flandes, no de los que se están imaginando. Estaban inmersos en un espacio web de colaboración, en el que ella ponía las imágenes y él la música. Se llamaba Frank y era un guitarrista y compositor inquieto y, por qué no reconocerlo, con muy buen gusto musical. A los tres nos unía la pasión por la música y el arte en general. Éramos, por tanto, compatibles: escritor, músico y artista visual. Aquello tenía muy buena pinta y no podía salir mal. Pero la vida nos enseña que, con mayor frecuencia de lo deseado, toda empresa que parece maravillosa y sólida un día, al siguiente se derrumba estrepitosamente con la facilidad de un castillo de naipes al sentir del más mínimo soplo de aire. Yo de eso se un rato largo…


[intento ir lo más deprisa que puedo, pero tengo que cotejar hechos y situaciones… espero poder terminarlo pronto, espero que me de el tiempo. Paciencia. Esta vez prometo acabarlo]

jueves, 23 de mayo de 2013

BRITTA (2ª entrega)








El novio de Britta tuvo que ser, por fin, ingresado en un centro de salud mental. Había caído en barrena y estaba sumido en un proceso brutal de autodestrucción. Ella asumió un sentimiento de culpabilidad que la llevó a una depresión severa. Se empeñaba en ir a visitarle y él, en su alienación, le reprochaba que no había estado a su lado en el momento en que más la necesitó. La machacaba sin piedad. Yo le decía que debía alejarse de él hasta que no se estabilizara, porque al final conseguiría desestabilizarla también a ella. Pero entonces me confesó que el día anterior había roto con él y le había hablado de  otras "relaciones" en la red… posiblemente nuestro incidente. Me pareció un error, pero no creí oportuno decírselo y, además, el daño, fuera el que fuera, ya estaba hecho.

Britta continuó yendo a verle, desoyendo mis consejos. No lo he mencionado hasta ahora: ella era artista, y manejaba muy bien la plástica visual. Cada vez que le visitaba le hacía fotografías. Tenía un blog y las publicaba acompañadas de sórdidos textos que denotaban su miseria  ánimica. Eran muy buenas técnicamente, pero turbadoras y frías: enfermizas, en una palabra. Me las enviaba y a mí me daba repelús de ver a un ser humano hundido, alelado por causa de los tranquilizantes, con el cráneo afeitado, blanquecino y semidesnudo bajo su bata clínica, en aquel entorno aséptico… pero ella creía que así expíaba su sentimiento de culpa en aquel peregrinaje penitente a su particular calvario.

No saben cuántas veces la amenacé con dejar de estar en contacto con ella si no miraba por si misma. Daba lo mismo: era una yonqui de su propia necesidad de limpiar la conciencia. Jamás lo hubiera conseguido. Entonces el destino pareció apiadarse de ella y darle un respiro: le comunicaron que no le permitirían más visitas porque eran "incompatibles con el avance en el proceso de reestabilización del paciente".

En un principio se lo tomó muy a mal. Pero según fue pasando el tiempo fue haciéndose a la idea de que aquello era una página pasada de su vida. Según me contaba, sus amigos se volcaron con ella. Según me decía, su contacto conmigo le ayudaba mucho. Yo, sobre todo, lo que hacía era escucharla, darle mi opinión y animarla a salir y a estar en contacto con la gente, a conocer nuevas personas. "La mentalidad mediterránea", me decía. Poco a poco fue tomando tono vital. Sus entradas en el blog comenzaron a ser más optimistas y divertidas. Yo me animé y publiqué algún comentario de chanza bajo el alias de "Bob Harris", por la broma iniciática que ambos compartíamos de estar "perdido en la traducción". Me cazó a la primera de cambio: no era muy dificil, porque era un blog muy familiar y no solía tener más de dos o tres comentarios de personas de su entorno.

Tanto le insistía en que tenía que salir de su universo rutinario que un buen día me comunicó que iba a estar todo un mes ausente porque quería visitar a uno de sus hermanos que estaba en Tailandia dando clases. Me pareció una idea genial y así se lo hice saber. Valoró mucho mi opinión: me consideraba una persona muy cabal, racional y un caballero. Era adorable. Le gasté una broma y le dije que estaría muy triste porque me dejaría sin nuestros encuentros en la red. En seguida me contestó que ya lo había pensado y que se había informado de que allí las conexiones en los cibercafés eran muy baratas -sobre todo si tenemos en cuenta que ella vivía en uno de los lugares con la economía más fuerte del mundo-. Le hice saber que era una broma, que no se tomara en serio mis palabras y que lo que tenía que hacer era disfrutar de la aventura de ese fantástico viaje y dejarse de estar pendiente de conexiones vituales. "Yo quiero seguir en contacto contigo, ¿tú no?", me dijo. Evidentemente se lo estaba tomando por donde no debía, pero no quise insistir y le afirmé que yo también quería seguir en contacto. Me explicó sus razones: su hermano pasaba muchas horas dando clases y ella se sentiría muy sola, por lo que necesitaba un bastón, una ayuda, y yo era el más adecuado. ¿Podría negarme?

Aquellas palabras podían sonar tanto a cántico celestial como a una trampa en forma de chantaje emocional. Tenía la sensación de estar perdiendo las riendas de la situación, de que ciertas fronteras comenzaban a difuminar sus límites. No sabía si yo era el capitán Kurtz o las tinieblas del bosque estaban capitaneando mi corazón. Saberme su ayuda me hacía sentir bien, sí; pero darme cuenta de que otro tipo de sentimiento que no fuera la curiosidad -o, por qué no, el morbo- apuntaba en mi interés por Britta me ponía un poco nervioso.

El caso es que planeamos la forma de seguir en contacto en la mayor de las distancias geográficas que dos personas puedan soportar. Teniendo en cuenta la diferencia horaria y los ritmos de su estancia, acordamos una serie de horas para seguir sintiéndonos cercanos. Es lo que ambos queríamos. Es lo que los dos necesitábamos.

Cuando llegó a Tailandia Britta descubrió todo un mundo desconocido y, por  lo que pude colegir de sus palabras, desagradable en un primer momento. Ella venía del silencio, el orden y la placidez nórdica, un universo introvertido y eficazmente racional. El primer contacto con Bangkok fue muy duro. No comprendía cómo se podía vivir así, si aquello era una forma de vida. No voy a extenderme en sus primeras sensaciones pero las resumiré diciendo que si por ella hubiera sido, al segundo día hubiera estado ya de vuelta en casa.

De su estancia les desvelaré que fue una experiencia magnífica. Cuando fue capaz de dejarse llevar por el caos asiático disfrutó de lo lindo. Fue realmente divertido. Como muestra, un botón: conoció, a través de una amiga de su hermano, a un grupo de gente de lo más variopinto, y de entre ellos destacaba un transexual deshinibido y maravillosamente pirado. El caso es que se encaprichó de ella, y le estuvo tirando los tejos durante dos noches seguidas. Britta me confesó que en un primer momento había sentido bastante rechazo por su insistente manoseo, porque no sabía si quien intentaba meterla mano era un hombre o una chica como ella, pero que, por otro lado, le parecía una persona irresistiblemente atractiva. "Déjate llevar, haz lo que realmente te apetezca y disfrútalo", fue mi consejo: el mismo que el de cualquiera con dos dedos de frente que deseara ver feliz a quien le revela con sinceridad sus más íntimas pulsiones.


[irremediablemente me veo obligado a emplazarles a una nueva entrega de este relato. Les pido disculpas…]


martes, 21 de mayo de 2013

BRITTA







- "Preciosos ojos, Britta".  

Un día cualquiera de 2007 yo estaba bajándome música a traves de una aplicación P2P que se llamaba "ssx". Lo hacía a menudo: buscaba lo que me interesaba y cuando lo encontraba me dedicaba a curiosear en la carpeta de quien lo compartía. Aquellos compañeros de hobbie eran tan solo nicks para mí. Nunca había sentido ningún interés en saber nada más de ellos más allá de la música que ponían a mi disposición. Sin embargo, y sin razón aparente alguna, esa vez decidí conocer si había una cara con la que identificar aquel nombre nórdico y hermoso.

Allí estaba ella: una sonriente y lucida jovencita en blanco y negro, dueña de unos labios carnosos y una mirada que me cautivó desde el primer momento. Sentí el impulso de decírselo por el chat del programa, pero no me atreví. Nunca lo había hecho y, pobre inocente, me pareció que era iniciar un camino que no tenía muy claro hacia donde me conduciría. Era tarde: dejé bajando las canciones que había seleccionado y me fui a la cama. En esa época, igual que ahora mismo, dormía muy mal. Estaba pasando por una recaída en un mal del que no logro deshacerme porque, desgraciadamente, solo está dentro de mi cabeza. De madrugada me desperté y para evitar el vértigo me levanté a evadirme de mis propios pensamientos. Me acerqué al ordenador y empecé a enredar. Me acordé de la carita de Britta. Volví a abrir la imagen de su avatar y me dediqué a mirarla. Era muy expresiva, mucho. Una especie de lolita picarona y mujercita dulce realmente atractiva. Una fisonomía diferente y exótica. Volví a sentir la necesidad de decirle lo que me sugería su fotografía. El impulso era muy grande. Dudé. Dudé más. Me di cuenta de que quería hacerlo. Quizás aquello fuera una nueva aventura para quien, como yo, estaba desde hacía años carente de cualquier tipo de aventuras. Volví a dudar, pero ya había comenzado a teclear el mensaje en mi torpe inglés colegial. Tenía el corazón acelerado. Tan solo tenía que apretar el "enter"… y, cerrando los ojos como un niño temeroso, lo apreté.

Me quedé esperando una consecuencia inmediata de mi acto. En vano: pasaron los minutos y media hora más tarde me di cuenta de que no pasaría absolutamente nada. Me fui a dormir, más tranquilo, cansado y habiéndo conseguido espantar los fantasmas que me aterraban en noches como aquella. Me metí en la cama riéndome de mí mismo, de mi ingenuidad a pesar de tantos años de existencia. De algo había servido la experiencia, pues.

Pasaron los días. Yo seguía descargando canciones y canciones, por aquí y por allá. Hacía colas y colas de peticiones de archivos y para bajarlos dejaba el ordenador conectado, sin apagarlo en ningún momento. Más de una semana después de mi mensaje a Britta apareció, una mañana, su respuesta. Me sorprendió porque ya había olvidado el incidente. Pero allí estaba:

-"Gracias. La gente me lo dice a menudo".

Era una contestación aséptica. Me pareció la típica contestación de cortesía, esas que todos utilizamos alguna vez para ser amables con quien nos hace un cumplido, pero que no da pistas de si admite una continuación de la conversación o, simplemente, son una forma no agresiva de cerrarla.

Quienes me conocen saben de mi pasión por los fenómenos comunicacionales entre las personas. Me gusta, quizás hasta límites enfermizos, analizar las situaciones, la morfología de los mensajes; si son verbales las inflexiones de la voz… ese tipo de matices son, a menudo más importantes que lo formalmente expresado. En la vida he descubierto muchas mentiras, o medias mentiras, de ese modo: lo que se dice por dejar de decir, es más importante que lo que oyes o lees. Los actos hablan, y con más contundencia que miles de frases en discursos vacíos e inconsistentes por más que te regalen los oídos con sus palabras.

El caso es que allí había una respuesta. Eso, en casos así, es un punto de partida. Britta no me conocía de nada, y si no hubiera querido saber absolutamente nada más de mí (o se hubiera sentido incomodada por mi mensaje) no habría tenido por qué contestame. Pero, evidentemente, lo hizo.

Me pasé un par de días dándole vueltas a si debía seguir la cadena de mensajes. Nunca antes había hecho algo parecido. Había, sí, participado en foros de debate, pero jamás había chateado. No conocía los protocolos, no sabía nada de ese mundo. Era, pues, una experiencia nueva para mí, con toda la carga de atracción que todo lo novedoso conlleva. Y al final, sucumbí a la curiosidad.

-"Pero yo no soy como el resto de la gente, Britta".

Era una provocación, la de quién tiene que hacer creer que pisa firme porque en realidad está lleno de temor e indecisiones. Un paso al frente revestido de templanza y de carácter para enmascarar lo que ocurría dentro de mí, mi lucha interna.

Y resultó. Inmediatamente apareció otro mensaje.

-"Y ¿qué tienes tú de especial?"

Tenía razón: yo no tengo nada de especial. Nadie lo tiene. Solo somos especiales a los ojos de otros, en su forma de percibirnos. Y siempre depende de las circunstancias. Solo se nos ve "especiales" en una primera fase, en la del conocimiento, la de la admiración o el "enamoramiento". Todos hemos sido especiales para alguien en un primer momento, despertando su interés, para luego decaer a la normalidad o, lo que es peor, al olvido o al repudio. Y seguramente siendo la misma persona, comportándose de igual manera. Era, pues, consciente, del órdago que había lanzado y, como buen jugador de mus, no podía echarme atrás. Tenía que ser especial.

Afortunadamente soy rápido en los procesos argumentales y es dificil que no salga airoso cuando de crear un argumentario se trata. Ahora tenía que enfrentarme a un reto mayúsculo, por cuanto tdo lo que dijera había de hacerlo expresado en un idioma ajeno, en el que me manejo con mucha torpeza. Tenía que crear y traducir y ese reto me ponía más aún que la invitación al juego de mi joven partenaire nórdica.

Estuvimos chateando más de una hora sobre cosas inanes, nos intercambiamos los correos y nos despedimos. Yo estaba bastante eufórico. Me gustaba el juego. A media noche volví a conectarme. Ella me vio y me buscó. Poco a poco fuimos subiendo el tono de nuestras palabras. Yo malamente en inglés, pero ella sabía guiarme y entenderme sin problema aparente. En un momento determinado me preguntó:

-"Está tratando de flirtear conmigo, Señor"

Yo le respondí de inmediato:

-"Por supuesto que sí, Señorita. Y pretendo conseguirlo"

Fue el comienzo de lo que podríamos denominar como sesión de "cibersexchat". Todo muy explícito, muy espontáneo. Me pareció diferente y no me disgustó, a pesar de que tenía que estar continuamente con el traductor de google como ayuda. En realidad nos montamos un trío. Uds ya me entienden.

Al siguiente día me sorprendió ver un correo suyo en mi mail. Decía así:

"Im not use to men flirting with me on the internet, and im very flattered that you are. However i dont think that i can continue flirting with you... I have a boyfriend and it made me feel a bit weird the other night. I never meant for you to get the idea that i can do that again, and im sorry if you did. And maybe... im sorry to say, the age feels a little strange. That you are in about the same age as my dad, and my two brothers. Suddenly i see you more as a father figure than anything else. Do you understand what i mean? Im not uncomfortable with you flirting with me, but i dont think i can flirt back. I hope that its OK anyway and that you still want to be my friend. I like to talk about life and art and music with you".

(En mi defensa diré que su padre era relativamente joven y casado con su madre en segundas nupcias, no es que yo fuera un vejestorio).

Soy una persona que admiro, sobre todo, valores como la honestidad y la sinceridad. No tolero el engaño, sobre todo cuando no hay razón para él. He llegado a no preguntar ciertas cosas por temor a que quien ha de responderlas no me cuente la verdad. Prefiero seguir sospechando que comprobar que quien tenía por sincero es un auténtico farsante. Si la verdad duele, la mentira, en mi mundo, mata.

En este punto he de decir que, desafortunadamente, tengo un radar especial para la mentira. No se por qué, pero suelo quedarme con detalles, dichos, palabras, actos, que, sin razón aparente en ese momento, se quedan grabadas en mi memoria. Luego, de repente, se activan, se unen y me dan una secuencia consecutiva de hechos que llevan a una verdad que en muy contadas ocasiones no se confirma. No se crean que es una ventaja: antes bien, es una auténtica desgracia. Recuerden el dicho: ojos que no ven, corazón que no siente.

Pero también es cierto que suelo dar a quien me engaña una segunda oportunidad, sobre todo si es capaz de pedir perdón. Esta es otra de las actitudes que más valoro de las personas: su capacidad para disculparse. Alguien que se equivoca y no se disculpa es, por muy duro que parezca, un auténtico miserable. Y créanme que estamos rodeados de gente así. Hay muy pocas personas capaces de entonar el mea culpa con todas sus letras. Yo me he encontrado con pocos casos, y eso que no me duelen prendas en ser yo el primero en pedir disculpas -aunque no tenga por qué- para allanar el terreno y que no sea considerado como un acto de vasallaje. La mayoría opta por hacer tabla rasa y actuar como si no hubiera pasado nada. Eso, para mí, es perder muchos puntos. Generalmente te la vuelven a meter doblada a la primera de cambio, pero tú ya estás sobre aviso y ya la herida escuece menos.


¿Y por qué estas "morcillas", dirán uds? Muy sencillo: porque en esta historia que les cuento tales consideraciones son de vital importancia para comprender mi manera de proceder y, sobre todo, para que sepan como me conduzco en la vida, por principios y por convicción.

El caso es que la sinceridad de Britta, en forma de remordimientos por nuestro ciberaffair, me ganó. Le contesté que no tenía inconveniente en estar regularmente en contacto con ella para hablar, tan solo, de la vida, el arte y la música. Era una persona interesante y a pesar de nuestra diferencia de edad, sosteníamos una dialéctica muy enriquecedora. Por mi parte no quería más que se sintiera a gusto consigo misma, por más extraño que me resultara su forma de ver las cosas.

Seguimos quedando para chatear e intercambiar opiniones sobre lo divino y lo humano, siempre con el traductor por testigo. Yo me divertía y ella parecía que también lo hacía. Un día la encontré enigmática y, por más que intenté levantarle el ánimo, un poco triste. Me envió un correo explicándome la razón: su chico la había llamado amenazándola con autolesionarse y ella no le había hecho caso. Horas después había cumplido su amenaza y estaba en un hospital tras un intento de suicidio.

Britta mantenía una relación tormentosa con su novio. Según me contó era un chico algo mayor que ella, con un carácter introvertido, que tenía problemas de autoestima porque, a pesar de ser ingeniero, tenía que trabajar en una categoría laboral de la que se avergonzaba. Pero, además, guardaba un "secreto" real que era particularmente autodestructivo y que, en aras de la más elemental ética, uds comprenderán que yo no pueda ni quiera descubrir aquí.

Sí, poco a poco Britta fue confiándome todo su mundo, a pesar de que yo le advirtiera que no me sentía cómodo porque no estaba dispuesto a un intercambio quid-pro-quo. Las relaciones interpersonales, sean del tipo que sean, funcionan cuando se establecen unas normas básicas y se respetan por ambas partes. Cuando no es así, se jodió el Perú, Zavalita. Que yo conociera por su boca ciertas intimidades de ella parecía hacerla sentir segura, y, a pesar de que a mí me produjera cierta confusión, eso me confortaba. Yo no se si a uds les pasa, pero yo siento una especial satisfacción al ver que soy útil a las personas a las que me considero afecto.


[esto se me está alargando más de la cuenta y, aunque no lo quería así, me veo obligado a escribirlo en dos partes]

viernes, 17 de mayo de 2013

SU PRIMER PLACER (III)



Nuestros ojos son ventanas por las que penetra la realidad exterior



En efecto: aquella prenda negra y satinada despertaba una curiosidad especial en "Tino", una sensación más profunda y excitante que el resto de su lencería. Intuía que le gustaría, aun más, ver a la joven y deseada interina vestida con ella. En su universo infantil habían instalado la idea de que que el negro era el símbolo del duelo y la muerte. Sin embargo las fantasías que su subconsciente elaboraba a partir de la oscura saya femenina en forma de imágenes eran extraordinariamente poderosas, llenas de un morbo inexplicable y novedoso que él todavía no podía identificar como tal. Y en su interior había anidado una sensación irrefrenable: tenía que ver, como fuera, a Abelina, zaino anhelo, enfundada en la combinación de raso negro.

Tino no era un muchacho especialmente diligente a la hora de acometer las empresas propias de los muchachos de su edad. Era un inconstante nato, capaz de empezar algo con ímpetu inusitado para luego decaer en el empeño hasta olvidarse por completo de la empresa. Sin embargo el sentimiento de querer conseguir ver el cuerpo femenino de Abelina lucido con la morbosa saya le hizo pergeñar decenas de planes para recrearse con el espectáculo tantas veces soñado. Todos eran irrealizables, pero el solo hecho de imaginarlos le hacía vivir momentos de verdadera turbación en sus instantes solitarios.

La búsqueda de placer es un camino de intuiciones en el hombre, y nuestro pequeño preadolescente no era una excepción. Ajeno todavía a las prácticas onanistas ortodoxas, había hallado, a base de iniciáticas maniobras de tanteo, una fórmula mínimamente aceptable para procurarse placer y descargar la tensión que le ahogaba cuando su mente reproducía las imágenes de mujeres desnudas que habitaban en las fotos de los ilbros de arte de su padre: se encerraba en el water y se dedicaba a aplicarse el dentífrico mentolado en los genitales para sentir el frescor de su acción en ellos; luego se tocaba suavemente, mientras jugaba sincopadamente con el esfinter anal, cerrándolo y abriéndolo, para observar el balanceo de su pene arqueado por la gracia de la excitación que él mismo se producía. Todo acababa cuando, por fin, percibía el calambre tan buscado y placentero, llegando a veces incluso a caerse del intenso gozo que le embargaba tal maniobra.

Día a día iba haciéndose a la idea de que nunca podría conseguir su ansiado objetivo. No encontraba forma alguna de llevar a cabo alguno de sus descabellados planes. En su inocente infantilismo ideó hacer una "mirilla" en la puerta de Lina con el berbiquí de su padre, pero lo único que consuguió fue perforarla con un agujero casi imperceptible por el que era imposible ver algo. Cuando "Tino" daba su sueño por perdido ocurrió lo que suele acontecer cuando las cosas han de realizarse en esta vida. Un golpe de suerte, un giro de los acontecimientos, vino a dar nuevas alas a sus fantasías voyeuristas. Un buen día su madre le comunicó que cambiaban de domicilio para ir a vivir a un piso más grande y confortable. Allí, entre otras cosas, dispondría de un aseo para él solo y eso significaba que podría entregarse a sus manipulaciones placenteras sin el agobio de que le tocasen en la puerta apremiándole para que saliera y dejara el water libre. Pero, además, Tino se percató muy rápidamente de las ventajas que para sus aspiraciones libidinosas presentaba la especial configuración del nuevo hogar: el cuarto de baño de Abelina quedaba contiguo al suyo, separado por un angosto patiejo interior al que el jovencito podía acceder, dado que era un primero, con solo deslizarse desde la ventana de ventilación de su aseo hasta llegar a la de su nurse.

(continuará…)

miércoles, 15 de mayo de 2013

ESA COSA LLAMADA AMOR (Teoría de conjuntos)









[adenda 15/5/2013]

"Ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, pero esto no quiere decir que la experiencia sea la misma para las dos personas interesadas. Hay el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es sólo un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro t...odo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir. Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo. Y hay que añadir que este amante no tiene que ser necesariamente un joven que esté ahorrando para comprar un anillo de boda: este amante puede ser hombre, mujer, niño; en efecto, cualquier criatura humana sobre esta tierra. Pues bien, el amado también puede pertenecer a cualquier categoría. La persona más estrafalaria puede ser un estímulo para el amor. Un hombre puede ser un bisabuelo chocho y seguir amando a una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw dos décadas atrás. Un predicador puede amar a una mujer de la vida. El amado puede ser traicionero, astuto o tener malas costumbres. Sí, y el amante puede verlo tan claramente como los demás, pero sin que ello afecte en absoluto la evolución de su amor. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor turbulento, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo para un amor violento y degradado, y un loco tartamudo puede despertar en el alma de alguien un cariño tierno y sencillo. Por lo tanto, el valor y la calidad del amor están determinados únicamente por el propio amante. Por este motivo, la mayoría de nosotros preferimos amar que ser amados. Casi todo el mundo quiere ser el amante. Y la verdad a secas es que de un modo profundamente secreto, la condición de ser amado es, para muchos, intolerable. El amado teme y odia al amante, y con toda la razón. Pues el amante está tratando continuamente de desnudar al amado. El amante implora cualquier posible relación con el amado, incluso si esta experiencia sólo puede causarle dolor".

(La balada del café triste / Carson McCullers)




…Tonia ama a Félix. Le gustó desde que le conoció. Su ironía, su capacidad creativa, su ingenio la tienen subyugada. Le admira y pondría la mano en el fuego a que él la corresponde. Félix, sin embrargo, la desprecia porque cree que es claramente inferior a él. Félix ama a Dora. Piensa que tiene un cuerpazo que quita el hipo. Es una mujer de bandera y no para de maquinar cómo podría conseguir echar un polvo con ella. Le pone mucho y está seguro de que ella no va a rechazarle. Dora tiene para sí que Félix es un pedante engreído. Dora ama a Javier, o más exactamente su estatus y su poder adquisitivo. Se emperifolla cada día especialmente para él, para seducirle, porque sabe de sobra que sus encantos son irresistibles para los hombres y él caerá como todos los demás. Javier ve en Dora alguien superficial y demasiado preocupada por la estética. Javier ama a Tonia. Cree que no puede haber mejor mujer en el mundo para él y para su proyecto de vida familiar. Cada vez que piensa en ella se le acelera el corazón, como un adolescente, y ha decidido decirle claramente lo que proyecta a su lado. Pero Tonia dice que Javier es un cursi trasnochado y ama a Félix…

Todos aman y son amados. Un amor contrapeado, imposible, no correspondido. Un amor distinto en cada caso: idealizado, lascivo, interesado, inocente… pero todos emanados de la naturaleza humana y tan reales como la vida misma. Es evidente que hay una cosa que todos convenimos en llamar amor, pero cada uno la siente de manera diferente. Y yo me pregunto: ¿para qué sirve el amor si no cumple estríctamente la propiedad  de la correspondencia biunívoca?





Ahora, un poquito de publicidad





Y, luego, un regalo musical


viernes, 10 de mayo de 2013

SU PRIMER PLACER (II)



La mujer desada, a veces obetivo tan lejano…



El gozo de "Tino" se desvaneció demasiado pronto: su padre arregló ese mismo fin de semana la cerradura averiada. El chico vio así clausurada de nuevo la puerta a ese mundo impensable días atrás, y que tanto le marcaría de por vida. Había asomado su precoz curiosidad a una dimensión infinita y extrañamente irresistible. Ahora veía a "Lina" con otros ojos y, para su desazón, recibía sus caricias con otra receptividad más profunda. Cada vez que ella le abrazaba sentía el mismo cosquilleo entre sus piernas, el mismo estremecimiento que experimentó al verla penetrada por su hombre aquella noche.

Un día que Abelina había salido a los recados, "Tino" entró en su habitación. Lo hizo poseído por la necesidad de indagar en la intimidad de la mujer que, en secreto, estaba comenzando a anhelar. Verse en el entorno en el que se desarrollaban sus citas clandestinas le estimulaba. Se acercó  a la cama donde la había contemplado gozar de aquella manera tan salvaje y bajo la almohada encontró la combinación que tanto le gustaba. Raso y rosado encaje. Cerró sus ojos y la recordó llena de su cuerpo, ceñida a su silueta joven y tersa, dejando percibir la hirsuta presencia de sus empezonados pechos de hembra deliciosa. Se la acercó a la cara para aspirar su olor, ese olor que desde siempre le gustaba tanto como ahora le turbaba en sus noches solitarias. Era un olor lechoso, tierno y adictivo; un olor que tenía tatuado en el subconsciente viril que empezaba a surgir en él. La olfateó como un animal, buscando intuitivamente el rastro de una llamada que no podía negarse a responder. Se acarició la cara con ella y comenzó a sentir la erección en su bragueta. Quería impregnarse de aquella esencia y que permaneciera en él ya para siempre. Se quitó la camisa y restregó la saya por su aniñado torso una y otra vez. Le gustaba esa sensación de caricia impostada. Se estaba excitando como nunca antes lo había hecho. Sintió el impulso de desnudarse por completo, por dejar su sexo libre y sentir la suave fricción de la prenda femenina en él. Se frotaba con ímpetu. Comenzó a sudar. Le gustaba tanto tocarse con la delicada textura que había estado en contacto con la piel deseada que muy pronto su pene adquirió una rigidez casi dolorosa. Pero "Tino" ya no podía parar. Se lo envolvía, se lo pasaba por los pequeños testículos, lo colgaba de su rigido músculito… y cuanto más lo hacía más excitado estaba. Hasta que de pronto sintió un pequeño escalofrío, un calambre espasmódico bajo su vientre, y de su sexo surgió un líquido semitransparente y pegajoso. Era su primer onanismo inducido por la evocación de su primer deseo inconsciente. El primero de una serie interminable que ya no podría abandonar jamás.

Y así pasaba aquellos días el pequeño "Tino": buscando la manera de deslizarse sigiloso hasta la habitación de su precoz hembra deseada, loco amante impúber entregado al vicio de bucear en el cajón donde Abelina guardaba toda su lencería, plegada y aromática. Era tanto el placer que le producía sentir el roce de los delicados tejidos en su cuerpo desnudo que aquella habitación le parecía lo más parecido al paraíso. Se vestía con las combinaciones de la chica, dejando que el cosquilleo del raso sobre su miembro erecto le condujese hasta el calambrillo gozoso que marcaba el húmedo ifnal de su aventura imaginada. Tenía especial predilección por una saya negra, que, sin saber por qué, despertaba en él mayor excitación que el resto: recrear a la nurse, en su calentura, vestida de azabache sobre su piel perlada y blanquecina le producía un éxtasis indescriptible.


(continuará…)

viernes, 3 de mayo de 2013

SU PRIMER PLACER (I)



En la niñez está el origen de todas nuestras fantasías



Se llamaba Abelina. Había venido a sustituir a Juana, la interina que ayudaba a su madre a hacer llevadero el hogar en que vivía el púber Ernesto. "Tino" le llamaba ella, con la dulzura con la que una joven nombra a un niño al que acepta como parte de si misma, con la presunción de una maternidad que la vida le entregará más pronto que tarde. "Tino", y su nombre sonando en aquellos labios prominentes y carnosos era la más bella de las músicas cantadas. Luego ella le abrazaba, acurrucándole entre la almohada de sus pechos confortables, y el aspiraba con intensidad el olor limpio y fresco de su cuerpo a través de la bata de trabajo. Era un abrazo tierno y honesto, diferente al abrazo que recibía de su madre o de sus tías. Era un abrazo del que emanaba un cosquilleo placentero que le recorría todo el cuerpo, un abrazo del que no quería despegarse, un abrazo mullido y abierto a una emotividad encontrada de matices y umbral de sensaciones más profundas. "Lina", la decía el pequeño Ernesto apocopando el nombre de su joven aya, primera hembra ya cuajada que merecía la atención del precoz "Tino". Porque ella, aun sin saberlo, le había abierto las puertas de una dimensión tan desconocida como, a la postre, se le revelaría placentera.

Abelina era ángel protector de día y visita de novio a hurtadillas cuando los padres de Ernesto salían a cenar con sus amigos. Le abría la puerta caminando de puntillas por la casa y luego ambos se encerraban en la intimidad de su habitación un buen rato mientras "Tino" escuchaba los sonidos sordos que surgían de la batalla sudorosa de sus cuerpos. Los quejidos entrecortados, el crujir de los muelles de la cama, los besos ocluídos por palabras inaudibles, los grititos silenciados por la lengua de otra boca… todo un mundo acontecido al otro lado de una puerta que lindaba justo al lado de la curiosidad de un preadolescente ávido de vida. Demasiada tentación para no ser vencida. Demasiada curiosidad para dejar de ser saciada.

Y así Ernestino volaba a inciertos paraísos, noche de viernes sí y noche de viernes también, haciéndose el dormido hasta que escuchaba el mutis etéreo de "Lina" hasta la entrada para franquear el paso al amante de sus viernes. Algo brotaba dentro de él al percibir la entrega de ambos cuerpos. Algo turbador e irresistible, una llamada interior y abisal que no le dejaba más que prestar atención a lo que, tras los muros de su cuarto, sucedía entre los dos jóvenes. El afán de conocer fue inundándole las noches y sus días. Tenía que saber qué pasaba y un día la fortuna le sirvió en bandeja la respuesta a tanta intriga acumulada: el pestillo de la habitación de Abelina dejó de funcionar un viernes por la tarde impidiendo que la puerta se cerrase por completo y al albur de una mano que quisiera entornarla para ver lo que allí había… y ocurría.

Y ocurrió que, aun sabiéndose vulnerables, el ímpetu de aquellos jóvenes amantes fuera más fuerte que su prudencia, y se entregaran a los mismos juegos placenteros que practicaban cada viernes, sin imaginar que los ojos de "Tino" les contemplaban expectantes al otro lado de la rendijita que quedaba abierta gracias a la disfunción de la falleba. Y ocurrió que "Tino" asistió al ritual de los amantes entregados al deseo extasiado por las sensaciones que en él le producían. Percibía, azorado, la calentura de su nurse, enfundada en aquella combinación que el niño había visto tantas veces colgada en el tendedero. ¡Qué diferente se le hacía ahora, convada perfilando su silueta femenina y dejando entrever los afilados pezones de su nurse! Contempló cada una de las fases del ritual: los besos ardientes, el discurrir desazonado de las manos sobre el cuerpo del otro, la búsqueda apresurada de cada zona hasta encontrar cada objetivo, los preliminares lúbricos y lubricantes y, al fin, la poderosa penetración de aquella hermosa verga recibida con halagos entre las piernas de Abelina. Vio el traca-traca sonoro de la cabecera de la cama, el sonido chirriante del somier metálico, la vio a ella tensa y jadeante, a él en frenética entrega y luego, por fin, exhausto mientras ella le besaba satisfecha. Y le gustaba verlo, agazapado en la penumbra sintiendo el hormigueo cálido en su músculo incipiente…


(continuará…)


sábado, 27 de abril de 2013

HOY… ME ESTRENO






VÍSTELA

Vístela de plata y claro, luna
haz de su piel espejo refulgente
que proyecte en todo el orbe de la noche
el resplandor de mi mirada celestina.

Vístela brillando de pasión luminiscente
adornada con la luz de más de mil centellas
que iluminen la plenitud de su sonrisa
satisfecha, tras mi falo haberla poseído.

Vístela con velos de caricias solapadas
que realcen la belleza de su cuerpo
manjar del que mi boca no se sacia
por más ambrosía que su sexo me regale.

Vístela con las gemas de mis besos
con las perlas de mi semen esparcido
cuando sus manos me acarician excitado
al saberlas enceladas en mi hombría.

Vístela de orgía planeada y clandestina
conseguida contra sus adversas circunstancias
disfrutada con voraz concupiscencia
y revivida a pesar de los pesares.

Vístela de zorra y de señora
de dueña de mi yo más depravado
de novia eterna, virginal y adolescente
de la hembra de la que nunca podré ya separarme.

Vístela, sí, de tantas cosas bellas
que de todas la iré desnudando lujurioso
trasunto del sátiro salaz impenitente
que me habita en pugnante coexistencia
y se oculta tras mi evidente bonhomía.



 
[Hoy me estreno en esto de la lírica. Hacía tiempo, demasiado, que no me daba por los versos. No está mal variar un poco, tras toda una vida enclaustrado en una épica… de nacimiento.]


miércoles, 17 de abril de 2013

NO ES QUE YA NO LE GUSTARA




Fuego y agua, en ese orden: ¡cómo olvidar-lo!




No es que ya no le gustara la manera en que la follaba. Seguía siendo un loco. Salían por la noche y todavía la tentaba con sus manos. Salían y hablaban de cualquier frusilería, de pie, junto a la barra de cualquiera de los concurridos garitos de una ciudad cualquiera, para no escucharse, para mirarse y recibir los apretones de otros cuerpos y confundirlos con los suyos. Salían porque les gustaba sentirlos, sentirse, sus manos clandestinas excitándoles furtivas. No es que ya no le gustara cómo la follaba, no. Estaba loca porque llegara el momento en el que había de liberar su hermosa verga, palpitante bajo la ropa interior, y admirarla sacudiéndose enervada, bum-bum, al ritmo de sus acelerados latidos. Las pupilas dilatadas, las aletas de su nariz obturadas y apremiantes, la boca entreabierta esperando el momento de paladear el hermoso falo… No es que no le siguiera gustando el modo tan galante que tenía de ponerla a cuatro patas y darle caña con la barra de su hombría. Si temblaba solo con notar sus manos restregadas en su sexo humedecido, solo con oírle embrutecido susurrarla las palabras más obscenas adelantando lo que iba a hacer con ella, de ella y para ella. "Voy a correrme en ti como un perro, mi putita". "Voy a comerte el coño como si no hubiera otra noche como esta". "Cómo te pone mi polla, ¿eh gatita?". Sí que le ponía, sí. Le ponía como loca verla perderse entre los labios de su vulva, para luego aparecer impregnada de si misma, viscosa y jadeante, repitiendo esa imagen con la cadencia de un polvo memorable. Le ponía saberse penetrada por el músculo más bello y tieso de su macho más hermoso. Le ponía comprobar su curvatura de acerado alfange recorrida por su lengua, sorprenderse con la dureza de su empalme, con el centelleante brillo del descomunal glande encendido por el bombeo, bum-bum, de la sangre contenida. Le ponía contemplar el incontrolado riego de su esperma cuando se venía contra ella, sobre ella, en toda ella. No, no podía negar que le gustaba la manera en que él la follaba. Tras cada combate gozoso entre sus cuerpos le decía, sudorosa, que era único, su único, sabiendo que era una mentira piadosa. No era único, ni tampoco suyo. ¿Acaso eso importaba? No a ella; eso era lo importante. Él bastante tenía con intentar gustarle cuando la penetraba entre sus nalgas poderosas, exquisita grupa de mujer madura curtida en el gym que queda cerca de su casa. Y uno y dos, y arriba y abajo, series esforzadas como coitos con la nada. Todos los cuerpos, jóvenes y tersos, y ninguno como el suyo, trabajado por los sueños y miradas de mil amantes anhelados. No es que ya no le gustara la manera en que la follaba porque era tierno y a la vez salvaje. La tomaba sin mesura, apretándola los muslos mientras taladraba su coño bañado en el ansia de su boca delicuescente, de sus dedos horadantes, de su miembro enhiesto. preparado solo para ella. Dentro, fuera; dentro, fuera. "Sí, sí, así mi barrenero, así". Y él, proletario del turno de su celo, empujaba y empujaba para conseguir el premio de su reconocimiento laudatorio. Todo para su hembra, para verla gemir colmada de caricias y lamidos. Era imposible que no la gustara el modo en que él la degustaba, poco a poco, manteniendo suavemente el increscendo necesario para el clímax, antes de follársela embravecido con el cascabeleo de sus testículos tamborileando en el nacimiento de su sexo. Le gustaba, cómo no, escuchar su piafar de semental equino justo antes de deshacerse entre sus ingles, derramando el albo zumo masculino en sus adentros más profundos., rebosando la incontinencia de su boca del deseo. Y luego abrazarse a él, prendida en sus espaldas, besándole el velludo torso, lamiéndole los labios para llevarle a una nueva embestida que prolongara hasta el infinito sus orgasmos. No es que ya no le gustara la manera en que la follaba… y sin embargo no podía sustraerse a pensar si había alguna otra mujer que compartiera su mismo gusto, el que sentía con la manera en que él, su amante, tenía de follarla cada vez que se veían. Y eso sí que ya no le gustaba…




sábado, 13 de abril de 2013

"La Chupada"



Imagen perteneciente al mes de abril del calendario Brummell 2013





-"Niña, si no comes bien te entrará un mal y te llevarán los demonios"

A Esther esas palabras de su abuela le habían perseguido toda la vida. La decían "La Chupada" porque ella era delgada por constitución, pero siempre había gozado de un apetito excelente. A sus 43 años presentaba un tipazo espectacular, envidia de todas sus amigas que ya empezaban a mostrar las debilidades de la vida en sus carnes. Y no es que Ester no tuviera debilidades culinarias, no. Era una auténtica glotona. Pero sabía elegir muy bien lo que comer para que no le entrara un mal y lo que tenía que llevarse a la boca para lucir siempre joven y esplendorosa…






domingo, 7 de abril de 2013

INVISIBLE

Invisible. Su presencia era inapreciable a los ojos de la gente. Un Juan Nadie entre la multitud. Estaba… y era prescindible. Su silencio no estorbaba. Iba y venía sin concitar ninguna expectativa. Hubiera nacido sin nombre, sin cuerpo, sin voz… y hubiera sido el mismo ser: un hombre imperceptible escondido en si mismo para ocultarse de los demás, una sombra de un ente impalpable. Si le borrasen de su vida nadie le echaría en falta.



Luego se refugiaba en el mundo paralelo de la virtualidad de la red y su imagen transmutaba en todo un caleidoscopio de apariencias. En el universo incorpóreo por antonomasia su cuerpo adoptaba todos los formatos imaginables. Era, entonces, un ser polimórfico modelado por la imaginación de todo aquel que le leyera. Elegante y canalla, gentil y miserable, hideputa y caballero, honesto y farsante, todo a la vez por gracia de la mirada simultánea de miles de anónimos cibernautas. Podía, como si fuera un dios, ser quien quisiera de todos ellos, porque la gran mayoría eran como él: personajes invisibles esperando que alguien, quien fuese, les naciera cada noche.

jueves, 28 de marzo de 2013

MALDITO FINAL ME HAS DADO (Someone like you)









En toda su larga carrera de forense no recordaba un caso como el de aquel hombre. Su torax estaba absolutamente lacerado, probablemente por el sometimiento a una agresión brutal y desmedida. Su semblante era la viva imagen del dolor. El rictus dibujado en sus labios apretados parecía querer sellar su boca e impedir que de ella escapara el sonido del sufrimiento que anidaba en su interior. A prioiri y sin utilizar bisturí alguno podía afirmar que el horror era parte del tejido epitelial de los últimos días del hombre. Ni siquiera el hábito de haber tenido que explorar miles de cadáveres evitaban que sintiera un estremecimiento ante lo que ahora tenía ante sus ojos. Se preguntaba qué pudiera producir a nadie esa clase de final tan espantosamente traumático. O todavíá aún peor: quién fuera el monstruo capaz de castigar a otro de esa manera tan cruel.


Comenzó el ritual. Se ajustó los guantes de látex e inició la exploración. Primero visual, narrada en tiempo real a su viejo dictáfono. Fue pormenorizando todo cuanto sus ojos apreciaban en su frío compañero de recinto. El menudeo de los rastros del óbito siempre le producía una extraña sensación. Alguedónica, la denominaban los psicólogos: una sensación donde el placer de ir desentrañando los secretos de una vida que ya no era, se confundía con el dolor por conocer las miserias de lo ajeno. "¿Y si yo terminase así, en manos de un extraño que pretenda profanar mis últimos momentos?", se preguntaba entonces. Luego tomó su instrumental para penetrar en las entrañas del hombre. Le abrió con respeto: iba a introducirse en su pasado inmediato para obtener la sorda confesión de lo ocurrido, tatuada en los más secretos rincones de su cuerpo.

Nada más internarse en la anatomía oculta de aquel cuerpo se percató de un hecho insólito: carecía de corazón. En su lugar encontró una esfera incandescente y azulina que pareciera tener vida propia, a juzgar por los movimientos que el falso órgano producía. Se acercó para contemplar con precisión lo que nunca antes había contemplado: era un asombroso magma palpitante de palabras que se sucedían como queriendo adoptar la morfología de los sentimientos humanos. Atónito, dio dos pasos hacia atrás para tener una perspectiva más clara del fenómeno que tenía ante si. Un hombre sin corazón. ¿Habría vivido siempre así o fue esa la causa de su muerte? Y si hubiera tenido antes el órgano vital, ¿quién había colocado esa especie de alma léxica que ahora ocupaba su lugar? Miró a un lado y a otro de si mismo, como buscando a un inexistente testigo que pudiera asegurarle que lo que estaba viviendo era real, que no era una alucinación fruto de alguna alteración transitoria de su mente. Pero allí no había nadie más que él y el enigmático ser que yacía, esperando contarle su sórdida historia inscrita entre huesos y tendones, en decúbito supino sobre la mesa de exploración que el forense tan bien conocía.

Tomó aire despacio y lo expulsó más despacio aún, tal y como le habían enseñado en las clases de relajación y autocontrol a las que había acudido cuando tuvo aquella serie de ataques de pánico al cumplir los cuarenta. Miró de nuevo al pecho abierto del cadáver y constató que allí seguía el misterioso resplandor zarco y palpitante. Se acercó decidido, como tratando de no mostrar el desasosiego del que estaba siendo presa. Aquella sustancia ignota parecía estar requiriendo imperativamente su atención. Cuando volvió a mirarla comenzó a refulgir, destelleando en compases blanquecinos como si fueran pulsos vitales. Podía escuchar su ritmo sordo, una serie binaria repetida sin descanso, una suerte de sístole y diástole no escuchada por oído humano alguno hasta entonces. Poco a poco la hipnótica cadencia fue poseyendo su mente, acompasándose suavemente al palpitar de su propio corazón. Las palabras que antes había intuido escritas en la viscosidad etérea del ente azulino ahora se le representaban dentro de su propio cerebro. Podía oírlas, escritas en una voz ajena y, sin embargo, tan familiar que hubiera creído escuchadas desde siempre. Era el inicio de un relato…


miércoles, 6 de febrero de 2013

Un brazo y más allá…


"Shame", una reflexión sobre el interior de nuestra intimidad



A Miguel le llamó la atención el atractivo tono de su piel. Era un brazo hermoso: terso, estilizado y bien formado. Mientras observaba su enigmático ir y venir pensó que le gustaría saber a quién pertenecería. Repasó mentalmente el vecindario, pero no encontró a nadie que pudiera ser la afortunada dueña de aquella perfecta metonimia  femenina. El brazo volvió a aparecer en escena para cerrar el armario y entonces Miguel pudo ver con claridad el perfil de una espalda  plena de sol que culminaba en una larga pierna, prieta y torneada, cuyo dintel era una nalga en la que el bronceado había dibujado la silueta de la braguita de un sugerente bikini. Una sacudida de placer recorrió el cuerpo de Miguel. Repentinamente se sintió absolutamente despejado y atento a lo que estaba contemplando. La consciencia de la desnudez de la mujer penetró con fuerza dentro de él y quedó paralizado esperando ansioso las evoluciones de la insospechada y placentera visión. Apoyado en el alfeizar de su ventana no era consciente de que él también estaba desnudo hasta que sintió cómo su miembro tropezaba en su bombeo con el frío cristal del cuarterón inferior que la remataba hasta el suelo. Estaba excitado, mucho, y sintió la fuerza de su erección como hacía años que no la sentía. Posiblemente desde que empezaron a ir mal las cosas con su exmujer. La recordó jóven y desnuda: el azabache de sus cabellos sobre su generoso pecho envuelto en la seda y el encaje de la lencería con la que tanto le gustaba exhibirse para jugar con él. Sabía que ese recuerdo estimularía aún más su frenesí y no lo evitó. Laura era una hermosa jóven cuando la conoció. Hembra de hechuras rotundas, bien formada y elegante. Bella e inteligente, apenas le quedaban, entonces, dos cursos para acabar la carrera de Derecho con extraordinaria brillantez. Nadie comprendía el motivo por el que aquella "diosa", capaz de sobresalir en cualquier disciplina, había sido capaz de prendarse de un bohemio de incierto futuro como Miguel. Él tampoco y en su inconsciencia se dedicó a consumirla poco a poco hasta que ella, cansada madre y hembra harta de sus desplantes, decidió un día no ocultarse más tiempo los amoríos de Miguel con Olga, una prometedora modelo publicitaria de rubia melena, voluptuosas medidas y escasas ideas. Les pilló en la cama, porque así lo quiso: él lamiendo como un perro los senos de ella, mientras la modelo le cabalgaba enloquecida, entre gritos y jadeos, a punto de romperse en el estruendo de su orgasmo. En su propia casa, en su misma cama. Hacía ya cuatro años de eso. Cuatro años sumido en una degeneración lenta y autodestructiva, buscando sexo fácil ventajista, aprovechando su estatus de profesor madurito e interesante entre las jovencitas a las que impartía clases en la universidad. Y ahora estaba allí, solo, desnudo, noctámbulo y erecto ante la visión de una extraordinaria hembra, mujer antonomásica con la que venía soñando desde sus primeras poluciones adolescentes.

(continuará…)