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jueves, 31 de enero de 2013

Ventanas y ventanales



No es mi portátil, no. Es un fotograma de la pelicula "Shame"




Agobiado por el tremendo calor acumulado en la estancia, Miguel se levantó de la cama. A tientas y guiado por un tenue resplandor procedente de la habitación situada al fondo del pasillo cogió un cigarrillo para tratar de engañar al insomnio. Buscó el encendedor, pero no estaba en la mesilla. Miró en los bolsillos del pantalón; tampoco estaba allí. "Se me habrá caído al llegar a casa",  pensó, no sin motivo, al recordar la infinidad gin-tonics que se había tomado esa noche. Se olvidó de la sensación de mareo que inundaba su cabeza y comenzó a dar pasos en busca del mechero. Cuando rebasó el quicio de la puerta percibió el resplandor con más intensidad. Miró el reloj: las cinco y media de la madrugada. "Alguien ha llegado peor que yo esta noche", malició, y se introdujo en la habitación en la que penetraba la luz exterior. Su pie tropezó con algo. Era el encendedor. "Misión cumplida" se dijo, y se acercó a la ventana abierta dispuesto a echar allí el cigarrito que le ayudase a pasar la primera fase de la resaca dominical. Inhaló la primera calada, aunque el regusto a alcohol no le permitió saborearla en condiciones. Centró su atención en la luz. Provenía de una ventana dos pisos bajo el suyo. Le quedaba ligeramente desplazada, con lo que solo podía ver parte del interior del espacio al que pertenecía. Jugó a imaginar quién podría vivir allí. Era difícil, porque no podía apreciar ningún objeto personal que le diese alguna pista. Desde su atalaya de cristal solo veía un suelo de mármol rojo, sin alfombra, parte de una cama cubierta con una colcha blanca y la puerta de lo que pudiera ser un armario, empotrado en la pared del cuarto. Recordaba que su apartamento era así cuando lo compró al matrimonio francés que abandonó aquella costa al llegar el boom inmobiliario en la zona. "Seguro que es de alquiler. Ninguno de estos relamidos adinerados se resisten a poner a la última sus cuarteles de verano" se explicó, jocoso, a sí mismo. Pero no podía dejar de especular mentalmente con el dueño del piso al que correspondería el ventanal. De repente le pareció que la luz temblaba. Apreció entonces una sombra proyectada en la pared. Una mano se acercó al pomo de la puerta del armario. Luego, un brazo de mujer… y así empezó todo.

(continuará…)

domingo, 27 de enero de 2013

Un eco del pasado




Entro en un garito lleno de gente. Buena música y ritmo. Llego a la barra. La fría y escotada camarera de turno me pregunta qué voy a tomar. Un gin-tonic de Bombay, por supuesto. Aunque hubiera podido pedir un chupito de Jack Daniels. Mejor el dorado licor americano que el refinado homólogo inglés. Más recio. La aspirante a miss reciclada en barwoman aromatiza el borde del vaso, aporta los hielos, escancia la ginebra y termina sirviendo la tónica para remover levemente la mezcla. Su escote es muy sugerente, pero su actitud robotizada termina por desangelar su figura de maniquí postmoderno. Tomo el vaso y cuando me dispongo a premiarme con un sorbito del delicioso combinado siento un contacto en mi espalda. Un inconfundible aroma a perfume de mujer embriaga mi pituitaria. Vuelvo a sentir la presencia tras de mí. Y otra vez. Pienso en girarme y ver de quién se trata, cómo es. Pero advierto que tras la barra hay un espejo. Los reflejos especulares de la gente siempre son más seductores que su imagen real. Vuelvo a sentir el leve contacto en mi dorso. Miro y el reflejo me muestra lo que quiero interpretar como una sonrisa. Es de una mujer. Una bella mujer de mi estatura. Me lanza una mirada y el espejo me la devuelve retador. Vuelvo a sentirla, esta vez con más precisión e intensidad. Su culo se pega al mío mientras se mueve al ritmo de la música. Ahora siento sus piernas. Me gusta. Comprendo el juego y comienzo a impulsar mi cuerpo. No quiero bailar, quiero sentir su físico mientras la percibo con el resto de mis sentidos. Ella se gira y entonces noto con precisión sus pechos en mi espalda. Doy un ligero respingo y tenso mi cuerpo. No quiero perder contacto. Percibo sus movimientos. Comienzo a excitarme. Tiemblo. Quiero más. Miro de reojo al cristal mágico. Deseo que me devuelva su mirada, que siga retándome. Ahí está. Siento un golpe de adrenalina. Ella me da la espalda de nuevo. Ladeo mi cuerpo justo para que mi mano quede a la altura de su culo. Lo toco levemente. Ella se da cuenta y se ciñe a mí. Ahora mi extremidad está en pleno contacto con sus nalgas. Prietas, ceñidas en un leggin bajo lo que adivino un fino vestidito. Muevo mi mano para acariciar su tesoro. Ella me lo ofrece consciente de lo que ocurre. Lo acaricio, goloso. Bajo el pliegue de sus nalgas, hasta el nacimiento del muslo. Suavemente. A veces con una ligera presión. Ella no se resiste y cuando pierde el contacto se arrima más. Dejo mi mano quieta sobre su culo. Me la juego: la bajo poco a poco dejando que mi dedo corazón se abra paso entre lo que comienzo a adivinar como un auténtico manjar. Ella ya no se mueve. Solo espera mi próximo movimiento. Yo paro. Presiono un poco. Noto como ella entreabre sus muslos, espectante. Allá voy. Noto su calor. Estoy agitado. Estoy sudorando. Estoy excitado. Estoy empalmado. La toco. Ella lo nota y se adhiere a mí. Juego con mi dedo como si intentara perforarla a través de su malla. Creo que le gusta. De repente se separa de mí. ¡No! Intento tragar saliva, humedecer mi boca. Me llevo el gin-tonic a los labios. Mi pulso tiembla. Entonces ella se da la vuelta y ahora es su sexo lo que percibe mi tacto. Giro la cabeza levemente. Quiero ver su rostro. Y entonces veo tus hermosos ojos. Toco tu vulva a través de tus leggins. Tú me regalas tus pechos otra vez. Te mueves y noto su tersura. Siento tu aliento, tu perfume, tu olor. Me pierdo entre tus sensaciones. Creo que la bragueta no aguantará tanto deleite. Decido ir más allá. Subo la mano y llego hasta la cintura de tus mallas. Busco cómo bucear bajo ellas. De repente dudo, pero tú me ayudas y con un certero movimiento consigues que traspase la barrera. siento tu piel, cálida. Se me nubla todo el entorno. Estoy enloquecido. Se que ya no puedo parar. Se que ya no voy a dudar…

…Mi mano brujulea sobre tu pubis. Sabe donde está el norte, pero se recrea bajo tu ombligo antes de encontrarlo. Noto tu respiración entrecortada. Imagino el aleteo de tu nariz intentando capturar el aire que te falta. Sacudes tu cintura levemente. Quieres que acaricie tu sexo, que intuyo rasurado. Yo quiero que te vayas derritiendo poco a poco. Quiero llegar y que te deshagas al sentirme. Estoy a mil. Me gustaría que me tocases mi endurecido miembro, que lo acariciases, que sintieras que es todo para ti. Imagino tu mano mientras pierdo la mía en tu jardín. Ya he llegado. Ladeas la cabeza. Quiero besarte, comerte entera, restregarme todo en ti, perderme entre tu cuerpo. Percibo tu aroma, huelo tu deseo. Comenzamos a movernos en un bals precoital. Lo bailas muy bien. Me giro para que me sientas erecto. Ya no me importa nada lo que sucede a mi alrededor, porque estoy borracho de tus caricias. Te siento desnuda. Te siento húmeda. Miro y veo tus labios. Toco y siento tu perla del deseo endurecida, brava. Jugueteo con ella y tú te introduces dentro de mi boca. Tu lengua me horada, me penetra, me folla. Te mordisqueo los labios, te chupo. Me gustas. Me excitas. Pones tu mano sobre mi polla. Me la buscas y cuando la encuentras se te escapa un suspiro. Gimo. Dios, estoy embrutecido. No quiero que nunca termine este momento. Nos tenemos en nuestras manos. Respiro tu aire. quiero ahogarme en él. Estoy muy excitado. No puedo separarme de tu boca mientras tu mano recorre mi polla. Busco tu cuello, tu oreja. Mordisqueo tu lóbulo, lo chupo, lo succiono como si fuera tu clítoris. Estas hermosa y absolutamente entregada. Me acaricias, intensa. "Ven, vamos", me dices casi sin aliento. No puedo negarme, no quiero. Te deseo brutalmente…