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sábado, 27 de abril de 2013

HOY… ME ESTRENO






VÍSTELA

Vístela de plata y claro, luna
haz de su piel espejo refulgente
que proyecte en todo el orbe de la noche
el resplandor de mi mirada celestina.

Vístela brillando de pasión luminiscente
adornada con la luz de más de mil centellas
que iluminen la plenitud de su sonrisa
satisfecha, tras mi falo haberla poseído.

Vístela con velos de caricias solapadas
que realcen la belleza de su cuerpo
manjar del que mi boca no se sacia
por más ambrosía que su sexo me regale.

Vístela con las gemas de mis besos
con las perlas de mi semen esparcido
cuando sus manos me acarician excitado
al saberlas enceladas en mi hombría.

Vístela de orgía planeada y clandestina
conseguida contra sus adversas circunstancias
disfrutada con voraz concupiscencia
y revivida a pesar de los pesares.

Vístela de zorra y de señora
de dueña de mi yo más depravado
de novia eterna, virginal y adolescente
de la hembra de la que nunca podré ya separarme.

Vístela, sí, de tantas cosas bellas
que de todas la iré desnudando lujurioso
trasunto del sátiro salaz impenitente
que me habita en pugnante coexistencia
y se oculta tras mi evidente bonhomía.



 
[Hoy me estreno en esto de la lírica. Hacía tiempo, demasiado, que no me daba por los versos. No está mal variar un poco, tras toda una vida enclaustrado en una épica… de nacimiento.]


miércoles, 17 de abril de 2013

NO ES QUE YA NO LE GUSTARA




Fuego y agua, en ese orden: ¡cómo olvidar-lo!




No es que ya no le gustara la manera en que la follaba. Seguía siendo un loco. Salían por la noche y todavía la tentaba con sus manos. Salían y hablaban de cualquier frusilería, de pie, junto a la barra de cualquiera de los concurridos garitos de una ciudad cualquiera, para no escucharse, para mirarse y recibir los apretones de otros cuerpos y confundirlos con los suyos. Salían porque les gustaba sentirlos, sentirse, sus manos clandestinas excitándoles furtivas. No es que ya no le gustara cómo la follaba, no. Estaba loca porque llegara el momento en el que había de liberar su hermosa verga, palpitante bajo la ropa interior, y admirarla sacudiéndose enervada, bum-bum, al ritmo de sus acelerados latidos. Las pupilas dilatadas, las aletas de su nariz obturadas y apremiantes, la boca entreabierta esperando el momento de paladear el hermoso falo… No es que no le siguiera gustando el modo tan galante que tenía de ponerla a cuatro patas y darle caña con la barra de su hombría. Si temblaba solo con notar sus manos restregadas en su sexo humedecido, solo con oírle embrutecido susurrarla las palabras más obscenas adelantando lo que iba a hacer con ella, de ella y para ella. "Voy a correrme en ti como un perro, mi putita". "Voy a comerte el coño como si no hubiera otra noche como esta". "Cómo te pone mi polla, ¿eh gatita?". Sí que le ponía, sí. Le ponía como loca verla perderse entre los labios de su vulva, para luego aparecer impregnada de si misma, viscosa y jadeante, repitiendo esa imagen con la cadencia de un polvo memorable. Le ponía saberse penetrada por el músculo más bello y tieso de su macho más hermoso. Le ponía comprobar su curvatura de acerado alfange recorrida por su lengua, sorprenderse con la dureza de su empalme, con el centelleante brillo del descomunal glande encendido por el bombeo, bum-bum, de la sangre contenida. Le ponía contemplar el incontrolado riego de su esperma cuando se venía contra ella, sobre ella, en toda ella. No, no podía negar que le gustaba la manera en que él la follaba. Tras cada combate gozoso entre sus cuerpos le decía, sudorosa, que era único, su único, sabiendo que era una mentira piadosa. No era único, ni tampoco suyo. ¿Acaso eso importaba? No a ella; eso era lo importante. Él bastante tenía con intentar gustarle cuando la penetraba entre sus nalgas poderosas, exquisita grupa de mujer madura curtida en el gym que queda cerca de su casa. Y uno y dos, y arriba y abajo, series esforzadas como coitos con la nada. Todos los cuerpos, jóvenes y tersos, y ninguno como el suyo, trabajado por los sueños y miradas de mil amantes anhelados. No es que ya no le gustara la manera en que la follaba porque era tierno y a la vez salvaje. La tomaba sin mesura, apretándola los muslos mientras taladraba su coño bañado en el ansia de su boca delicuescente, de sus dedos horadantes, de su miembro enhiesto. preparado solo para ella. Dentro, fuera; dentro, fuera. "Sí, sí, así mi barrenero, así". Y él, proletario del turno de su celo, empujaba y empujaba para conseguir el premio de su reconocimiento laudatorio. Todo para su hembra, para verla gemir colmada de caricias y lamidos. Era imposible que no la gustara el modo en que él la degustaba, poco a poco, manteniendo suavemente el increscendo necesario para el clímax, antes de follársela embravecido con el cascabeleo de sus testículos tamborileando en el nacimiento de su sexo. Le gustaba, cómo no, escuchar su piafar de semental equino justo antes de deshacerse entre sus ingles, derramando el albo zumo masculino en sus adentros más profundos., rebosando la incontinencia de su boca del deseo. Y luego abrazarse a él, prendida en sus espaldas, besándole el velludo torso, lamiéndole los labios para llevarle a una nueva embestida que prolongara hasta el infinito sus orgasmos. No es que ya no le gustara la manera en que la follaba… y sin embargo no podía sustraerse a pensar si había alguna otra mujer que compartiera su mismo gusto, el que sentía con la manera en que él, su amante, tenía de follarla cada vez que se veían. Y eso sí que ya no le gustaba…




sábado, 13 de abril de 2013

"La Chupada"



Imagen perteneciente al mes de abril del calendario Brummell 2013





-"Niña, si no comes bien te entrará un mal y te llevarán los demonios"

A Esther esas palabras de su abuela le habían perseguido toda la vida. La decían "La Chupada" porque ella era delgada por constitución, pero siempre había gozado de un apetito excelente. A sus 43 años presentaba un tipazo espectacular, envidia de todas sus amigas que ya empezaban a mostrar las debilidades de la vida en sus carnes. Y no es que Ester no tuviera debilidades culinarias, no. Era una auténtica glotona. Pero sabía elegir muy bien lo que comer para que no le entrara un mal y lo que tenía que llevarse a la boca para lucir siempre joven y esplendorosa…






domingo, 7 de abril de 2013

INVISIBLE

Invisible. Su presencia era inapreciable a los ojos de la gente. Un Juan Nadie entre la multitud. Estaba… y era prescindible. Su silencio no estorbaba. Iba y venía sin concitar ninguna expectativa. Hubiera nacido sin nombre, sin cuerpo, sin voz… y hubiera sido el mismo ser: un hombre imperceptible escondido en si mismo para ocultarse de los demás, una sombra de un ente impalpable. Si le borrasen de su vida nadie le echaría en falta.



Luego se refugiaba en el mundo paralelo de la virtualidad de la red y su imagen transmutaba en todo un caleidoscopio de apariencias. En el universo incorpóreo por antonomasia su cuerpo adoptaba todos los formatos imaginables. Era, entonces, un ser polimórfico modelado por la imaginación de todo aquel que le leyera. Elegante y canalla, gentil y miserable, hideputa y caballero, honesto y farsante, todo a la vez por gracia de la mirada simultánea de miles de anónimos cibernautas. Podía, como si fuera un dios, ser quien quisiera de todos ellos, porque la gran mayoría eran como él: personajes invisibles esperando que alguien, quien fuese, les naciera cada noche.