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jueves, 23 de mayo de 2013

BRITTA (2ª entrega)








El novio de Britta tuvo que ser, por fin, ingresado en un centro de salud mental. Había caído en barrena y estaba sumido en un proceso brutal de autodestrucción. Ella asumió un sentimiento de culpabilidad que la llevó a una depresión severa. Se empeñaba en ir a visitarle y él, en su alienación, le reprochaba que no había estado a su lado en el momento en que más la necesitó. La machacaba sin piedad. Yo le decía que debía alejarse de él hasta que no se estabilizara, porque al final conseguiría desestabilizarla también a ella. Pero entonces me confesó que el día anterior había roto con él y le había hablado de  otras "relaciones" en la red… posiblemente nuestro incidente. Me pareció un error, pero no creí oportuno decírselo y, además, el daño, fuera el que fuera, ya estaba hecho.

Britta continuó yendo a verle, desoyendo mis consejos. No lo he mencionado hasta ahora: ella era artista, y manejaba muy bien la plástica visual. Cada vez que le visitaba le hacía fotografías. Tenía un blog y las publicaba acompañadas de sórdidos textos que denotaban su miseria  ánimica. Eran muy buenas técnicamente, pero turbadoras y frías: enfermizas, en una palabra. Me las enviaba y a mí me daba repelús de ver a un ser humano hundido, alelado por causa de los tranquilizantes, con el cráneo afeitado, blanquecino y semidesnudo bajo su bata clínica, en aquel entorno aséptico… pero ella creía que así expíaba su sentimiento de culpa en aquel peregrinaje penitente a su particular calvario.

No saben cuántas veces la amenacé con dejar de estar en contacto con ella si no miraba por si misma. Daba lo mismo: era una yonqui de su propia necesidad de limpiar la conciencia. Jamás lo hubiera conseguido. Entonces el destino pareció apiadarse de ella y darle un respiro: le comunicaron que no le permitirían más visitas porque eran "incompatibles con el avance en el proceso de reestabilización del paciente".

En un principio se lo tomó muy a mal. Pero según fue pasando el tiempo fue haciéndose a la idea de que aquello era una página pasada de su vida. Según me contaba, sus amigos se volcaron con ella. Según me decía, su contacto conmigo le ayudaba mucho. Yo, sobre todo, lo que hacía era escucharla, darle mi opinión y animarla a salir y a estar en contacto con la gente, a conocer nuevas personas. "La mentalidad mediterránea", me decía. Poco a poco fue tomando tono vital. Sus entradas en el blog comenzaron a ser más optimistas y divertidas. Yo me animé y publiqué algún comentario de chanza bajo el alias de "Bob Harris", por la broma iniciática que ambos compartíamos de estar "perdido en la traducción". Me cazó a la primera de cambio: no era muy dificil, porque era un blog muy familiar y no solía tener más de dos o tres comentarios de personas de su entorno.

Tanto le insistía en que tenía que salir de su universo rutinario que un buen día me comunicó que iba a estar todo un mes ausente porque quería visitar a uno de sus hermanos que estaba en Tailandia dando clases. Me pareció una idea genial y así se lo hice saber. Valoró mucho mi opinión: me consideraba una persona muy cabal, racional y un caballero. Era adorable. Le gasté una broma y le dije que estaría muy triste porque me dejaría sin nuestros encuentros en la red. En seguida me contestó que ya lo había pensado y que se había informado de que allí las conexiones en los cibercafés eran muy baratas -sobre todo si tenemos en cuenta que ella vivía en uno de los lugares con la economía más fuerte del mundo-. Le hice saber que era una broma, que no se tomara en serio mis palabras y que lo que tenía que hacer era disfrutar de la aventura de ese fantástico viaje y dejarse de estar pendiente de conexiones vituales. "Yo quiero seguir en contacto contigo, ¿tú no?", me dijo. Evidentemente se lo estaba tomando por donde no debía, pero no quise insistir y le afirmé que yo también quería seguir en contacto. Me explicó sus razones: su hermano pasaba muchas horas dando clases y ella se sentiría muy sola, por lo que necesitaba un bastón, una ayuda, y yo era el más adecuado. ¿Podría negarme?

Aquellas palabras podían sonar tanto a cántico celestial como a una trampa en forma de chantaje emocional. Tenía la sensación de estar perdiendo las riendas de la situación, de que ciertas fronteras comenzaban a difuminar sus límites. No sabía si yo era el capitán Kurtz o las tinieblas del bosque estaban capitaneando mi corazón. Saberme su ayuda me hacía sentir bien, sí; pero darme cuenta de que otro tipo de sentimiento que no fuera la curiosidad -o, por qué no, el morbo- apuntaba en mi interés por Britta me ponía un poco nervioso.

El caso es que planeamos la forma de seguir en contacto en la mayor de las distancias geográficas que dos personas puedan soportar. Teniendo en cuenta la diferencia horaria y los ritmos de su estancia, acordamos una serie de horas para seguir sintiéndonos cercanos. Es lo que ambos queríamos. Es lo que los dos necesitábamos.

Cuando llegó a Tailandia Britta descubrió todo un mundo desconocido y, por  lo que pude colegir de sus palabras, desagradable en un primer momento. Ella venía del silencio, el orden y la placidez nórdica, un universo introvertido y eficazmente racional. El primer contacto con Bangkok fue muy duro. No comprendía cómo se podía vivir así, si aquello era una forma de vida. No voy a extenderme en sus primeras sensaciones pero las resumiré diciendo que si por ella hubiera sido, al segundo día hubiera estado ya de vuelta en casa.

De su estancia les desvelaré que fue una experiencia magnífica. Cuando fue capaz de dejarse llevar por el caos asiático disfrutó de lo lindo. Fue realmente divertido. Como muestra, un botón: conoció, a través de una amiga de su hermano, a un grupo de gente de lo más variopinto, y de entre ellos destacaba un transexual deshinibido y maravillosamente pirado. El caso es que se encaprichó de ella, y le estuvo tirando los tejos durante dos noches seguidas. Britta me confesó que en un primer momento había sentido bastante rechazo por su insistente manoseo, porque no sabía si quien intentaba meterla mano era un hombre o una chica como ella, pero que, por otro lado, le parecía una persona irresistiblemente atractiva. "Déjate llevar, haz lo que realmente te apetezca y disfrútalo", fue mi consejo: el mismo que el de cualquiera con dos dedos de frente que deseara ver feliz a quien le revela con sinceridad sus más íntimas pulsiones.


[irremediablemente me veo obligado a emplazarles a una nueva entrega de este relato. Les pido disculpas…]


7 comentarios:

Estrella Altair dijo...

Brum, las historias de Britta. son brillantes.. como Usted mismo... el peregrinar de las personas por las almas de los otros, son siempre, o a menudo, apasionantes.

y el alma de Britta. lo era..

Besos

Beau Brummel dijo...

¿Brillante yo? ¡Qué tentador es pensar que pudiera serlo! Solo con que personas como ud lo piensen me doy por satisfecho, Lady Altair.

Besos, celeste Dama estrellada ;)

VESTA dijo...

Esperaremos Milord, no se si más por saber de Britta o por conocer más de Usted.

Rosa de Terciopelo dijo...

La comunicación escrita con personas virtuales es complicada, influye el estado ánimo y los sucesos del día a día, las vivencias de cada persona....lo que puede parecer un chantaje emocional a veces no lo es....bueno ya me entiende
Besos

Beau Brummel dijo...

Yo aguardaré con impaciencia sus palabras… y su juicio sobre mi desnudo Lady Vesta ;)

Besos, elegante Dama.

Beau Brummel dijo...

Por supuesto que la entiendo, Lady Velvet. Si en la distancia corta de la realidad es complicada, aquí se multiplica por mil. Temores, recelos, medias verdades, elipsis, sobreentendidos, malinterpretaciones, malentendidos… pero es lo que hay, y solo el verdadero interés insufla la fuerza necesaria para perseverar. Solo nosotros conocemos si el impulso que nos mueve es lo suficientemente constante y no una explosión cortoplacista.

Besos, mi distinguida Lady ;)

Rosa de Terciopelo dijo...

Sabía que me entendería. .;)
Besos