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lunes, 27 de mayo de 2013

BRITTA (3ª parte)









Sí, Britta disfrutó, por fin, de volver a sentirse feliz, libre de las cargas que ella sola se había autoimpuesto. Daba gusto leerla así. Ni tan siquiera la preocupación que le produjo descubrir que su hermano mantenía un affair con una de las nativas tailandesas a espaldas de su novia -y futura mujer- consiguió ensombrecer ni un poquito la alegría con la que mi amiga nórdica vivió aquellas semanas. Era otra persona y se notaba en sus mensajes, en sus correos. Y yo estaba allí para verla así. Y me hacía sentir magnífico, casi un semidiós, porque era parte del proceso regenarativo de una persona a la que me sentía muy afecto y cuya gratitud me reconfortaba de una manera que ya tenía olvidada por aquel entonces.

Su reconocimiento era para mi como una droga. Me harté de explicarle que no tenía que agradecerme nada, porque así me lo parecía, pero aunque me sentía incómodo con sus halagos mentiría si dijera que no estaba encantado de recibirlos. Ella me llamaba su "medecine-man" y quería, por todos los medios, devolverme de alguna manera un trocito de la felicidad que experimentaba en aquellos momentos. A mí se me ocurrió que la única manera de poder hacerlo era expresando lo que yo significaba para ella a través de su arte. Era algo asequible para su talento. Jamás he pedido a nadie nada que no fuera capaz de hacer, aunque le costase un poquito de esfuerzo. Esfuerzo que, por otra parte, no es tal -por lo menos en mi caso- cuando se trata de dar gusto a quien realmente te interesa. Pero no todos somos iguales, y hay quien se olvida muy pronto de los compromisos a los que voluntariamente se vincula. "Me gustaría que hicieras una fotografía, la que tú quieras, pensando en mí, cuyo encuadre, motivo, luz y color estén seleccionados exclusivamente para que yo vea su resultado a través de tus ojos", le propuse. Le pareció una idea magnífica y me dijo que la haría. "Prométemelo", le escribí para sellar el pacto de honor al que se acababa de comprometer. "I promise you", rubricó.

Y tocó la vuelta a su frío septentrión. Yo confiaba en que el chute de vida tailandés le ayudaría en el reencuentro con el mundo de sus antiguos fantasmas. Britta tenía un auténtico subidón de autoestima. En su aventura asiática había comprobado la extraordinaria sensación de sentirse objeto de deseo (imagínense una hermosa mujer nórdica, bien dotada, con sus ojos y su tez clara -la primera vez que tomo el sol desnuda en una playa tailandesa se achicharró en todas las partes de su cuerpo-, cuyo poderoso físico sobresalía entre la gente y su presencia era motivo de atención permanente. Allí era codiciada, y eso le gustaba. Pero ahora volvía a su lugar de origen, donde era una más, donde no destacaba con tan solo ser como era.

Paulatinamente fue apagándose su euforia. La vida rutinaria fue poniéndola en su sitio de siempre. Al principio le ayudaban las fotografías que había tomado en Tailandia. Estuvo organizándolas durante unas semanas, en lo que parecía un no querer aceptar que aquellos momentos ya pasaron y no volverían a producirse por más que se refugiara en sus imágenes. Es entonces cuando volvimos, tontamente, a volver a disfrutar de nuestros encuentros eróticos.

En efecto: nuestras quedadas volvieron a discurrir por los meandros de deseo y el sexo explícitamente tecleado. Iba a decir que yo me resistí en un primer momento, pero en mi fuero interno se que fue más pose que convicción. No me opuse más que lo necesario para poder creer que yo no fui quien lo inició. La única verdad es que dos no hacen algo si uno de ellos no quiere y ambos nos dejamos llevar hasta donde sabíamos perfectamente que acabaríamos llegando.

Fue entonces cuando Britta me propuso contacto visual. Le hice saber que no sabía el modo de hacerlo, cosa que era completamente cierta, con la esperanza de que no insistiera. Pero insistió y se brindó a enseñarme la manera. Era tremendamente sencillo: tan solo me hacía falta una cuenta hotmail ya que mi portáil venía equipado con una webcam. Le hice caso, pero la primera vez que nos "dateamos" le confesé que estaba muy tenso y que no me apetecía nada que me viera. La verdad era que quería blindar mi imagen, porque ella en aquel momento no sabía cómo era yo físicamente.

Una de las cosas más excitantes de un flirteo a ciegas es elucubrar con el aspecto del otro. El no saber pero querer saber, el será o no será… el fabricarse un partenaire a la medida preocupándote tan solo de construir una imagen proyectada sobre lo que alguien escribe es tan azarante como placentero. A veces puede la ansiedad, pero no quiere hacerse patente. Es un juego apasionante, y yo tenía ventaja con Britta en ese terreno. No la quería perder. Y también, no voy a ocultarlo a estas alturas, tenía cierto temor a que mi realidad física no se ajustase a mi yo imaginado en su mente. Pero ella parecía haber puesto sitio a mis esquivas y empezaba a quejarse de mi absurdo anonimato.

Es entonces cuando comencé a escribir relatos eróticos. Se me ocurrió que podría trocar su ansiedad por la satisfacción de verse halagada por la pasión de mis escritos. Tras varias intentonas fallidas di por bueno uno que me pareció aceptable. Pero apareció el eterno problema: había que traducirlo. Lo hice yo, macarrónicamente, y supongo que el resultado fue un texto voluntarioso pero muy cutre. A pesar de ello se lo envié acompañado del original en español, como si eso me fuera a resarcir de la chapuza que estaba cometiendo. Una vez más Britta me demostró lo buena persona que era y me disculpó, no sin hacerme ver que no lo entendía muy bien, porque mi esfuerzo la llenaba de orgullo.

Viendo que así podría sortear su empeño en saber cómo era me dediqué a enviarle correos con relatos bilingües del mismo corte: fantasías eróticas con ella. Y además, tal vez agradecido por ceder, empecé a contarle algunas cosas de mi vida. Continuamos encontrándonos en la red durante semanas, casi diariamente. Digo casi porque tan solo los jueves, día que destinaba a pasarlo en casa con sus amigos, librábamos de nuestra mutua compañía.

Por imposible que parezca estábamos cada día más compenetrados y a gusto con nuestro vínculo. Es entonces cuando Britta me propuso un proyecto que me ilusionó tanto que me sentí como un niño al que regalan algo insospechado pero que le vuelve loco. Reconozco que puedo dar la impresión de ser una persona lejana, porque estoy acostumbrado a guardar las distancias como medida de respeto al otro y protección propia. Pero si alguien me gana el corazón… se lo doy todo. No valoro los regalos materiales: tan solo es cuestión de tener poder adquisitivo. Yo mismo soy muy reacio a obsequiar de esa manera. Y si ha de ser así, prefiero las cosas pequeñas pero con un significado especial, aun a riesgo de que el otro no encuentre el motivo que me mueve. Pero ese tipo de cosas, las que se hacen -incluso con tus propias manos- para demostrar la importancia que tienes en la vida de alguien…

Britta me invitó a unirme a un proyecto creativo que estaba pergeñando con un joven artista flamenco. De Flandes, no de los que se están imaginando. Estaban inmersos en un espacio web de colaboración, en el que ella ponía las imágenes y él la música. Se llamaba Frank y era un guitarrista y compositor inquieto y, por qué no reconocerlo, con muy buen gusto musical. A los tres nos unía la pasión por la música y el arte en general. Éramos, por tanto, compatibles: escritor, músico y artista visual. Aquello tenía muy buena pinta y no podía salir mal. Pero la vida nos enseña que, con mayor frecuencia de lo deseado, toda empresa que parece maravillosa y sólida un día, al siguiente se derrumba estrepitosamente con la facilidad de un castillo de naipes al sentir del más mínimo soplo de aire. Yo de eso se un rato largo…


[intento ir lo más deprisa que puedo, pero tengo que cotejar hechos y situaciones… espero poder terminarlo pronto, espero que me de el tiempo. Paciencia. Esta vez prometo acabarlo]

6 comentarios:

Rose D. dijo...

Anda que estás pesadito contándonos tu vida eh?. Con lo que nos pones a todas cuando bajas al barro y nos restriegas tu suciedad chato.

Mi beso, jijijiji.

Rosa de Terciopelo dijo...

Usted no pudo elucubrar con el aspecto de Britta.... ¿hubiese preferido hacerlo?...
Besos Lord Brummel. .. estoy impaciente por la siguiente entrega...

Beau Brummel dijo...

Pida ud por esa boquita tan pintada, Lady De, que será todo un placer restregarle mi suciedad… como ud disponga.

Besos… espero que no muerda… ;)

Beau Brummel dijo...

No pude, pero eso no era relevante. Tampoco lo eran otros detalles, pero era ella quien me los daba "motu propio". Nunca me planteé si prefería o no que así fuera, mientras ella estuviera cómoda y entendiese que ello no conllevaba que yo hiciera lo mismo.

Besos, Lady Velvet.

Bolas Chinas dijo...

En época de crisis lo que toca es recomponer. Hay que trabajarse los amores ajados, casi olvidados por la rutina o descompuestos por el egoismo. No hay suficiente para comprar uno nuevo. Ahora toca ajustar aquí y allá esas piezas que hemos roto por el mal uso, limpiar la pátina del tiempo y la tontería, y si nos animamos pintarlo de alegría.

Carla
www.lasbolaschinas.com

luna dijo...

Un abrazo y feliz weekend my lord..