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martes, 21 de mayo de 2013

BRITTA







- "Preciosos ojos, Britta".  

Un día cualquiera de 2007 yo estaba bajándome música a traves de una aplicación P2P que se llamaba "ssx". Lo hacía a menudo: buscaba lo que me interesaba y cuando lo encontraba me dedicaba a curiosear en la carpeta de quien lo compartía. Aquellos compañeros de hobbie eran tan solo nicks para mí. Nunca había sentido ningún interés en saber nada más de ellos más allá de la música que ponían a mi disposición. Sin embargo, y sin razón aparente alguna, esa vez decidí conocer si había una cara con la que identificar aquel nombre nórdico y hermoso.

Allí estaba ella: una sonriente y lucida jovencita en blanco y negro, dueña de unos labios carnosos y una mirada que me cautivó desde el primer momento. Sentí el impulso de decírselo por el chat del programa, pero no me atreví. Nunca lo había hecho y, pobre inocente, me pareció que era iniciar un camino que no tenía muy claro hacia donde me conduciría. Era tarde: dejé bajando las canciones que había seleccionado y me fui a la cama. En esa época, igual que ahora mismo, dormía muy mal. Estaba pasando por una recaída en un mal del que no logro deshacerme porque, desgraciadamente, solo está dentro de mi cabeza. De madrugada me desperté y para evitar el vértigo me levanté a evadirme de mis propios pensamientos. Me acerqué al ordenador y empecé a enredar. Me acordé de la carita de Britta. Volví a abrir la imagen de su avatar y me dediqué a mirarla. Era muy expresiva, mucho. Una especie de lolita picarona y mujercita dulce realmente atractiva. Una fisonomía diferente y exótica. Volví a sentir la necesidad de decirle lo que me sugería su fotografía. El impulso era muy grande. Dudé. Dudé más. Me di cuenta de que quería hacerlo. Quizás aquello fuera una nueva aventura para quien, como yo, estaba desde hacía años carente de cualquier tipo de aventuras. Volví a dudar, pero ya había comenzado a teclear el mensaje en mi torpe inglés colegial. Tenía el corazón acelerado. Tan solo tenía que apretar el "enter"… y, cerrando los ojos como un niño temeroso, lo apreté.

Me quedé esperando una consecuencia inmediata de mi acto. En vano: pasaron los minutos y media hora más tarde me di cuenta de que no pasaría absolutamente nada. Me fui a dormir, más tranquilo, cansado y habiéndo conseguido espantar los fantasmas que me aterraban en noches como aquella. Me metí en la cama riéndome de mí mismo, de mi ingenuidad a pesar de tantos años de existencia. De algo había servido la experiencia, pues.

Pasaron los días. Yo seguía descargando canciones y canciones, por aquí y por allá. Hacía colas y colas de peticiones de archivos y para bajarlos dejaba el ordenador conectado, sin apagarlo en ningún momento. Más de una semana después de mi mensaje a Britta apareció, una mañana, su respuesta. Me sorprendió porque ya había olvidado el incidente. Pero allí estaba:

-"Gracias. La gente me lo dice a menudo".

Era una contestación aséptica. Me pareció la típica contestación de cortesía, esas que todos utilizamos alguna vez para ser amables con quien nos hace un cumplido, pero que no da pistas de si admite una continuación de la conversación o, simplemente, son una forma no agresiva de cerrarla.

Quienes me conocen saben de mi pasión por los fenómenos comunicacionales entre las personas. Me gusta, quizás hasta límites enfermizos, analizar las situaciones, la morfología de los mensajes; si son verbales las inflexiones de la voz… ese tipo de matices son, a menudo más importantes que lo formalmente expresado. En la vida he descubierto muchas mentiras, o medias mentiras, de ese modo: lo que se dice por dejar de decir, es más importante que lo que oyes o lees. Los actos hablan, y con más contundencia que miles de frases en discursos vacíos e inconsistentes por más que te regalen los oídos con sus palabras.

El caso es que allí había una respuesta. Eso, en casos así, es un punto de partida. Britta no me conocía de nada, y si no hubiera querido saber absolutamente nada más de mí (o se hubiera sentido incomodada por mi mensaje) no habría tenido por qué contestame. Pero, evidentemente, lo hizo.

Me pasé un par de días dándole vueltas a si debía seguir la cadena de mensajes. Nunca antes había hecho algo parecido. Había, sí, participado en foros de debate, pero jamás había chateado. No conocía los protocolos, no sabía nada de ese mundo. Era, pues, una experiencia nueva para mí, con toda la carga de atracción que todo lo novedoso conlleva. Y al final, sucumbí a la curiosidad.

-"Pero yo no soy como el resto de la gente, Britta".

Era una provocación, la de quién tiene que hacer creer que pisa firme porque en realidad está lleno de temor e indecisiones. Un paso al frente revestido de templanza y de carácter para enmascarar lo que ocurría dentro de mí, mi lucha interna.

Y resultó. Inmediatamente apareció otro mensaje.

-"Y ¿qué tienes tú de especial?"

Tenía razón: yo no tengo nada de especial. Nadie lo tiene. Solo somos especiales a los ojos de otros, en su forma de percibirnos. Y siempre depende de las circunstancias. Solo se nos ve "especiales" en una primera fase, en la del conocimiento, la de la admiración o el "enamoramiento". Todos hemos sido especiales para alguien en un primer momento, despertando su interés, para luego decaer a la normalidad o, lo que es peor, al olvido o al repudio. Y seguramente siendo la misma persona, comportándose de igual manera. Era, pues, consciente, del órdago que había lanzado y, como buen jugador de mus, no podía echarme atrás. Tenía que ser especial.

Afortunadamente soy rápido en los procesos argumentales y es dificil que no salga airoso cuando de crear un argumentario se trata. Ahora tenía que enfrentarme a un reto mayúsculo, por cuanto tdo lo que dijera había de hacerlo expresado en un idioma ajeno, en el que me manejo con mucha torpeza. Tenía que crear y traducir y ese reto me ponía más aún que la invitación al juego de mi joven partenaire nórdica.

Estuvimos chateando más de una hora sobre cosas inanes, nos intercambiamos los correos y nos despedimos. Yo estaba bastante eufórico. Me gustaba el juego. A media noche volví a conectarme. Ella me vio y me buscó. Poco a poco fuimos subiendo el tono de nuestras palabras. Yo malamente en inglés, pero ella sabía guiarme y entenderme sin problema aparente. En un momento determinado me preguntó:

-"Está tratando de flirtear conmigo, Señor"

Yo le respondí de inmediato:

-"Por supuesto que sí, Señorita. Y pretendo conseguirlo"

Fue el comienzo de lo que podríamos denominar como sesión de "cibersexchat". Todo muy explícito, muy espontáneo. Me pareció diferente y no me disgustó, a pesar de que tenía que estar continuamente con el traductor de google como ayuda. En realidad nos montamos un trío. Uds ya me entienden.

Al siguiente día me sorprendió ver un correo suyo en mi mail. Decía así:

"Im not use to men flirting with me on the internet, and im very flattered that you are. However i dont think that i can continue flirting with you... I have a boyfriend and it made me feel a bit weird the other night. I never meant for you to get the idea that i can do that again, and im sorry if you did. And maybe... im sorry to say, the age feels a little strange. That you are in about the same age as my dad, and my two brothers. Suddenly i see you more as a father figure than anything else. Do you understand what i mean? Im not uncomfortable with you flirting with me, but i dont think i can flirt back. I hope that its OK anyway and that you still want to be my friend. I like to talk about life and art and music with you".

(En mi defensa diré que su padre era relativamente joven y casado con su madre en segundas nupcias, no es que yo fuera un vejestorio).

Soy una persona que admiro, sobre todo, valores como la honestidad y la sinceridad. No tolero el engaño, sobre todo cuando no hay razón para él. He llegado a no preguntar ciertas cosas por temor a que quien ha de responderlas no me cuente la verdad. Prefiero seguir sospechando que comprobar que quien tenía por sincero es un auténtico farsante. Si la verdad duele, la mentira, en mi mundo, mata.

En este punto he de decir que, desafortunadamente, tengo un radar especial para la mentira. No se por qué, pero suelo quedarme con detalles, dichos, palabras, actos, que, sin razón aparente en ese momento, se quedan grabadas en mi memoria. Luego, de repente, se activan, se unen y me dan una secuencia consecutiva de hechos que llevan a una verdad que en muy contadas ocasiones no se confirma. No se crean que es una ventaja: antes bien, es una auténtica desgracia. Recuerden el dicho: ojos que no ven, corazón que no siente.

Pero también es cierto que suelo dar a quien me engaña una segunda oportunidad, sobre todo si es capaz de pedir perdón. Esta es otra de las actitudes que más valoro de las personas: su capacidad para disculparse. Alguien que se equivoca y no se disculpa es, por muy duro que parezca, un auténtico miserable. Y créanme que estamos rodeados de gente así. Hay muy pocas personas capaces de entonar el mea culpa con todas sus letras. Yo me he encontrado con pocos casos, y eso que no me duelen prendas en ser yo el primero en pedir disculpas -aunque no tenga por qué- para allanar el terreno y que no sea considerado como un acto de vasallaje. La mayoría opta por hacer tabla rasa y actuar como si no hubiera pasado nada. Eso, para mí, es perder muchos puntos. Generalmente te la vuelven a meter doblada a la primera de cambio, pero tú ya estás sobre aviso y ya la herida escuece menos.


¿Y por qué estas "morcillas", dirán uds? Muy sencillo: porque en esta historia que les cuento tales consideraciones son de vital importancia para comprender mi manera de proceder y, sobre todo, para que sepan como me conduzco en la vida, por principios y por convicción.

El caso es que la sinceridad de Britta, en forma de remordimientos por nuestro ciberaffair, me ganó. Le contesté que no tenía inconveniente en estar regularmente en contacto con ella para hablar, tan solo, de la vida, el arte y la música. Era una persona interesante y a pesar de nuestra diferencia de edad, sosteníamos una dialéctica muy enriquecedora. Por mi parte no quería más que se sintiera a gusto consigo misma, por más extraño que me resultara su forma de ver las cosas.

Seguimos quedando para chatear e intercambiar opiniones sobre lo divino y lo humano, siempre con el traductor por testigo. Yo me divertía y ella parecía que también lo hacía. Un día la encontré enigmática y, por más que intenté levantarle el ánimo, un poco triste. Me envió un correo explicándome la razón: su chico la había llamado amenazándola con autolesionarse y ella no le había hecho caso. Horas después había cumplido su amenaza y estaba en un hospital tras un intento de suicidio.

Britta mantenía una relación tormentosa con su novio. Según me contó era un chico algo mayor que ella, con un carácter introvertido, que tenía problemas de autoestima porque, a pesar de ser ingeniero, tenía que trabajar en una categoría laboral de la que se avergonzaba. Pero, además, guardaba un "secreto" real que era particularmente autodestructivo y que, en aras de la más elemental ética, uds comprenderán que yo no pueda ni quiera descubrir aquí.

Sí, poco a poco Britta fue confiándome todo su mundo, a pesar de que yo le advirtiera que no me sentía cómodo porque no estaba dispuesto a un intercambio quid-pro-quo. Las relaciones interpersonales, sean del tipo que sean, funcionan cuando se establecen unas normas básicas y se respetan por ambas partes. Cuando no es así, se jodió el Perú, Zavalita. Que yo conociera por su boca ciertas intimidades de ella parecía hacerla sentir segura, y, a pesar de que a mí me produjera cierta confusión, eso me confortaba. Yo no se si a uds les pasa, pero yo siento una especial satisfacción al ver que soy útil a las personas a las que me considero afecto.


[esto se me está alargando más de la cuenta y, aunque no lo quería así, me veo obligado a escribirlo en dos partes]

6 comentarios:

Rosa de Terciopelo dijo...

A veces sucede que confías en una persona virtual como para confesarle tus intimidades, empiezas a chatear, hay un feeling virtual, una conexión… simplemente ocurre. ¿Por qué le produjo confusión? En mi opinión los hombres suelen ser más reservados y eso los hace más atractivos también.. ;)
Estoy impaciente por saber cómo sigue…
Besos

Beau Brummel dijo...

Cierto, Lady Velvet: a veces ocurre eso… e incluso mucho más que eso. Pero yo, como soy hombre y, por tanto, reservado, nunca lo contaría.

Besos, distinguidos, ahora… ;)

VESTA dijo...

Milord, me he quedado prendada escuchándolo, la desnudez con que se presenta. Si bien estoy con ansias por continuar Britta (2) antes quería pararme a darle mi agradecimiento.

Beau Brummel dijo...

Pues recibo de muy buen agrado su agradecimiento, Lady de plata y piel y se lo devuelvo incrementado por el gozo de saberla aquí de nuevo.

Besos ;)

VESTA dijo...

Milord, muchas turbulencias han habido en los últimos tiempos... por suerte vuelvo a remontar el vuelo.
Besos

Vlixes dijo...

Tenemos la suerte de contar con este maravilloso medio para encontrar de cuándo en cuándo, personas en las que por cómo las intuimos y nos llegan, e acabamos confiando y ganando su confianza.
Como con las conocidas de cualquier otra forma, y con la gran ventaja de poder llegar más allá de nuestro barrio o entorno.
Si la sinceridad manda, lo demás vendrá por sí solo.
Un abrazo