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viernes, 3 de mayo de 2013

SU PRIMER PLACER (I)



En la niñez está el origen de todas nuestras fantasías



Se llamaba Abelina. Había venido a sustituir a Juana, la interina que ayudaba a su madre a hacer llevadero el hogar en que vivía el púber Ernesto. "Tino" le llamaba ella, con la dulzura con la que una joven nombra a un niño al que acepta como parte de si misma, con la presunción de una maternidad que la vida le entregará más pronto que tarde. "Tino", y su nombre sonando en aquellos labios prominentes y carnosos era la más bella de las músicas cantadas. Luego ella le abrazaba, acurrucándole entre la almohada de sus pechos confortables, y el aspiraba con intensidad el olor limpio y fresco de su cuerpo a través de la bata de trabajo. Era un abrazo tierno y honesto, diferente al abrazo que recibía de su madre o de sus tías. Era un abrazo del que emanaba un cosquilleo placentero que le recorría todo el cuerpo, un abrazo del que no quería despegarse, un abrazo mullido y abierto a una emotividad encontrada de matices y umbral de sensaciones más profundas. "Lina", la decía el pequeño Ernesto apocopando el nombre de su joven aya, primera hembra ya cuajada que merecía la atención del precoz "Tino". Porque ella, aun sin saberlo, le había abierto las puertas de una dimensión tan desconocida como, a la postre, se le revelaría placentera.

Abelina era ángel protector de día y visita de novio a hurtadillas cuando los padres de Ernesto salían a cenar con sus amigos. Le abría la puerta caminando de puntillas por la casa y luego ambos se encerraban en la intimidad de su habitación un buen rato mientras "Tino" escuchaba los sonidos sordos que surgían de la batalla sudorosa de sus cuerpos. Los quejidos entrecortados, el crujir de los muelles de la cama, los besos ocluídos por palabras inaudibles, los grititos silenciados por la lengua de otra boca… todo un mundo acontecido al otro lado de una puerta que lindaba justo al lado de la curiosidad de un preadolescente ávido de vida. Demasiada tentación para no ser vencida. Demasiada curiosidad para dejar de ser saciada.

Y así Ernestino volaba a inciertos paraísos, noche de viernes sí y noche de viernes también, haciéndose el dormido hasta que escuchaba el mutis etéreo de "Lina" hasta la entrada para franquear el paso al amante de sus viernes. Algo brotaba dentro de él al percibir la entrega de ambos cuerpos. Algo turbador e irresistible, una llamada interior y abisal que no le dejaba más que prestar atención a lo que, tras los muros de su cuarto, sucedía entre los dos jóvenes. El afán de conocer fue inundándole las noches y sus días. Tenía que saber qué pasaba y un día la fortuna le sirvió en bandeja la respuesta a tanta intriga acumulada: el pestillo de la habitación de Abelina dejó de funcionar un viernes por la tarde impidiendo que la puerta se cerrase por completo y al albur de una mano que quisiera entornarla para ver lo que allí había… y ocurría.

Y ocurrió que, aun sabiéndose vulnerables, el ímpetu de aquellos jóvenes amantes fuera más fuerte que su prudencia, y se entregaran a los mismos juegos placenteros que practicaban cada viernes, sin imaginar que los ojos de "Tino" les contemplaban expectantes al otro lado de la rendijita que quedaba abierta gracias a la disfunción de la falleba. Y ocurrió que "Tino" asistió al ritual de los amantes entregados al deseo extasiado por las sensaciones que en él le producían. Percibía, azorado, la calentura de su nurse, enfundada en aquella combinación que el niño había visto tantas veces colgada en el tendedero. ¡Qué diferente se le hacía ahora, convada perfilando su silueta femenina y dejando entrever los afilados pezones de su nurse! Contempló cada una de las fases del ritual: los besos ardientes, el discurrir desazonado de las manos sobre el cuerpo del otro, la búsqueda apresurada de cada zona hasta encontrar cada objetivo, los preliminares lúbricos y lubricantes y, al fin, la poderosa penetración de aquella hermosa verga recibida con halagos entre las piernas de Abelina. Vio el traca-traca sonoro de la cabecera de la cama, el sonido chirriante del somier metálico, la vio a ella tensa y jadeante, a él en frenética entrega y luego, por fin, exhausto mientras ella le besaba satisfecha. Y le gustaba verlo, agazapado en la penumbra sintiendo el hormigueo cálido en su músculo incipiente…


(continuará…)


11 comentarios:

belkis dijo...

El despertar a la vida, al sexo y a todo lo demás a veces empieza así, observando, maravillándose....pero qué duda cabe que al final la única manera de aprender, de vivir, es experimentar.
Buena enseñanza tuvo Tino! Bueno, nunca se acaba de aprender, no?
Me tiene usted...maravillada!

Rosa de Terciopelo dijo...

Tremendos los chicos a esa edad.... curiosos, exploradores, pillos, traviesos.... ;)
Siento curiosidad por las experiencias de Tino...
Besos

XIII dijo...

Las primeras veces, tan inocentes, en las que la curiosidad y la excitación son el motor único.

¡Espero la continuación! Besos.

Rosaida dijo...

Un tentador y maravilloso mundo por descubrir, indagar y... quedarse en él para continuar viajando.

Lo mismo hago yo con sus textos, querido Señor Brummel. Un placer volver a leerle.

Un beso desde mi Jardín.

Beau Brummel dijo...

Dice ud muy bien Lady Belkis: la única manera de aprender, de vivir, es experimentar. Si no experimentamos no podemos progresar y profundizar en los recovecos de nuestra propia existencia ;)

¿Maravillada? ¡Maravilloso!

(bel)kissx, Lady

Beau Brummel dijo...

Tremendos, sí.

Trataré de satisfacer… su curiosidad, Lady Velvet.

Beau Brummel dijo...

Tan inocente como iniciática, Lady XIII. A veces pienso que es uan etapa envidiable en nuestra vida: todo por conocer, por probar, por descubrir… sin dobleces, sin prejuicios, sin malicia…

Besos, Lady Impar.

Beau Brummel dijo...

Espero que mis textos sean siempre motivo de viajes placenteros, Lady Rosaida. Para ello me esfuerzo gustoso, porque, como ud ya conocerá, yo mismo soy un viajero infatigable en búsqueda de momentos inolvidables que tatuar en mis recuerdos.

El placer es mío por volver a leerla que me lee, querida Lady. Sabe ud que es especialmente bienvenida en mi casa…

Besos tentadores… y viajeros hacia su delicioso Jardín, Lady Rosaida ;)

Ginebra Peñalver dijo...

En este caso la curiosidad no matará al gatito, más bien al contrario, le abrirá las puertas a ese sentir y conjugación de piel y alma, y que deberá recorrer pasito a pasito, descubriendo ese sentir inmenso/intenso, que se proporcionan dos cuerpos que se aman y se dan en plenitud...

Es un verdadero placer leerte, y adentrarse en tan fascinantes instantes en los que sin duda, la piel responde...

Bsazo! ;-)

Beau Brummel dijo...

Qué bien lo sabe, querida lady artúrica…

Es cierto: le abrirá los sentidos a una nueva dimensión, de la que se quedará prendado para siempre.

Besos, Lady Ginebra ;)

Shang Yue dijo...

intenso, como todo lo que monsieur sabe hacer, pero me quedo con la segunda parte