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viernes, 17 de mayo de 2013

SU PRIMER PLACER (III)



Nuestros ojos son ventanas por las que penetra la realidad exterior



En efecto: aquella prenda negra y satinada despertaba una curiosidad especial en "Tino", una sensación más profunda y excitante que el resto de su lencería. Intuía que le gustaría, aun más, ver a la joven y deseada interina vestida con ella. En su universo infantil habían instalado la idea de que que el negro era el símbolo del duelo y la muerte. Sin embargo las fantasías que su subconsciente elaboraba a partir de la oscura saya femenina en forma de imágenes eran extraordinariamente poderosas, llenas de un morbo inexplicable y novedoso que él todavía no podía identificar como tal. Y en su interior había anidado una sensación irrefrenable: tenía que ver, como fuera, a Abelina, zaino anhelo, enfundada en la combinación de raso negro.

Tino no era un muchacho especialmente diligente a la hora de acometer las empresas propias de los muchachos de su edad. Era un inconstante nato, capaz de empezar algo con ímpetu inusitado para luego decaer en el empeño hasta olvidarse por completo de la empresa. Sin embargo el sentimiento de querer conseguir ver el cuerpo femenino de Abelina lucido con la morbosa saya le hizo pergeñar decenas de planes para recrearse con el espectáculo tantas veces soñado. Todos eran irrealizables, pero el solo hecho de imaginarlos le hacía vivir momentos de verdadera turbación en sus instantes solitarios.

La búsqueda de placer es un camino de intuiciones en el hombre, y nuestro pequeño preadolescente no era una excepción. Ajeno todavía a las prácticas onanistas ortodoxas, había hallado, a base de iniciáticas maniobras de tanteo, una fórmula mínimamente aceptable para procurarse placer y descargar la tensión que le ahogaba cuando su mente reproducía las imágenes de mujeres desnudas que habitaban en las fotos de los ilbros de arte de su padre: se encerraba en el water y se dedicaba a aplicarse el dentífrico mentolado en los genitales para sentir el frescor de su acción en ellos; luego se tocaba suavemente, mientras jugaba sincopadamente con el esfinter anal, cerrándolo y abriéndolo, para observar el balanceo de su pene arqueado por la gracia de la excitación que él mismo se producía. Todo acababa cuando, por fin, percibía el calambre tan buscado y placentero, llegando a veces incluso a caerse del intenso gozo que le embargaba tal maniobra.

Día a día iba haciéndose a la idea de que nunca podría conseguir su ansiado objetivo. No encontraba forma alguna de llevar a cabo alguno de sus descabellados planes. En su inocente infantilismo ideó hacer una "mirilla" en la puerta de Lina con el berbiquí de su padre, pero lo único que consuguió fue perforarla con un agujero casi imperceptible por el que era imposible ver algo. Cuando "Tino" daba su sueño por perdido ocurrió lo que suele acontecer cuando las cosas han de realizarse en esta vida. Un golpe de suerte, un giro de los acontecimientos, vino a dar nuevas alas a sus fantasías voyeuristas. Un buen día su madre le comunicó que cambiaban de domicilio para ir a vivir a un piso más grande y confortable. Allí, entre otras cosas, dispondría de un aseo para él solo y eso significaba que podría entregarse a sus manipulaciones placenteras sin el agobio de que le tocasen en la puerta apremiándole para que saliera y dejara el water libre. Pero, además, Tino se percató muy rápidamente de las ventajas que para sus aspiraciones libidinosas presentaba la especial configuración del nuevo hogar: el cuarto de baño de Abelina quedaba contiguo al suyo, separado por un angosto patiejo interior al que el jovencito podía acceder, dado que era un primero, con solo deslizarse desde la ventana de ventilación de su aseo hasta llegar a la de su nurse.

(continuará…)

6 comentarios:

luna dijo...

Continua...
Mi beso.

Beau Brummel dijo...

Continuaré si ud (lo) sigue… ;)

Besos, Lady Luna.

Rosa de Terciopelo dijo...

Vaya suerte que va a tener Tino...;)
Besos...

Ginebra Peñalver dijo...

Sin duda, intenso camino va a emprender Tino...un exquisito laberinto en el que perderse, y encontrarse...

Lo sigo...

Bsos...

Vlixes dijo...

Magistral!
Cuándo he visto que ibas por las parte III, he esperado a tener tiempo de leer las anteriores.
te felicito una vez más, querido amigo, eres un maestro.
Un abrazo

Beau Brummel dijo...

Gracias por tus palabras Vlixes. Me alegro de que te haya gustado.

Un abrazo.