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lunes, 23 de junio de 2014

FIEBRE DE FUEGO Y NOCHE







Miguel deliraba a causa de la fiebre. Se veía con diez años más y frente a él estaba Laura con diez menos. Sentía su mirada verde poseerle como antaño, hacerle temblar pensando en que sus manos le llevarían a cruzar el umbral de lo racional hasta hacerle enloquecer como solo ella podía hacerlo. Llevaba tanto tiempo sin sentir ese burbujeo correrle por las venas, sin oír la frenética aceleración del latido de su corazón cuando presentía la pasión de abandonarse al deseo de su cuerpo… Deliraba, sí y la piel le ardía toda. Escuchaba el eco de las palabras de Laura y lo hacía complacido, como si fuera el Rey de la tierra de sus sueños. Una y otra vez se deleitaba imaginando su voz recorriéndole la anatomía por completo como un calambre placentero. Hacía tanto tiempo que no sentía a nadie romperse por él, decirle, acariciarle el alma… Hacía mucho tiempo, sí. Sin duda demasiado para lo que un animal hedonista y sediento de reconocimiento como él podía, o estuviera dispuesto a, aguantar. Por eso sus palabras eran un bálsamo con el que curarse las heridas de sus tropiezos más recientes. Pero también constituían el acicate necesario para no cejar en el empeño de vivir… Estaba tan harto de esquivas, de excusas, de largas cortoplacistas, de la realidad golpeándole sin duelo en los momentos que más fantasías necesitaba… Era un borracho ebrio de fallidas tropelías, un tahúr sin ases en la manga, un perdedor simple y atildado. Y siempre buscando a Laura, la única hembra que podía domeñar la bestia que anidaba tras su beatífico aspecto de caballero, la mujer capaz de encanallarle hasta escribir las más hermosas estrofas rimadas con su asonante lujuria. Ella era inspiración eterna, el ángel que desataba su demonio para gozarle sucia y concupiscente. Ella era la Dama que conseguía hacer emerger su mejor yo, el que estaba destinado a complacerla como Diosa. Sí, una Diosa-Mujer modelada con los recuerdos de todas las hembras deseadas a lo largo de su vida. Laura al fin, comienzo de aventura insospechada. Laura porque todas las demás fueron placebo, llenar el silencio hiriente de su ausencia. Tenía que rendirse, admitir que solo ella podía acabar con todos sus demonios, enseñarle a quererse, a admirarse y hasta gustarse de si mismo. Él tenía un don, la capacidad de hacer soñar, y sin embargo se empeñaba en mutilarlo zaheriéndose como si así´pudiera redimirse a base de sentirse un gusano miserable. Se levantó y tambaleándose se acercó al mueble donde guardaba sus viejos vinilos. Buscó alguno que le sirviera para dejarse llevar y lamerse las heridas como si fuera un viejo león sabiéndose acabado tras perder su último combate. Pensó en viejas canciones. Adoraba las viejas canciones. Adoraba recordarse mecido entre las sensaciones que le nacían de sus notas. Las viejas canciones… Podría hacer un recorrido por su vida bailando el pentagrama de su ritmo y de sus letras… Eligió un Lp de su vasta discoteca. "Kind of blue" de Miles Davis. Lo sacó con cariño y al manipularlo cayó un folio manuscrito con su letra. Lo leyó:


"Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente". 

Voy a escribirte todo el cuerpo con palabras placenteras y bañarlo en la tinta de mi lengua cuando pienso en adverbios lujuriosos. Voy a tatuarte de deseo en las zonas más lascivas, caligrafiarte con mis labios toda entera para solaz de mi erotismo. Voy a desnudarte poco a poco, buscándote con mis manos las regiones abisales para recrearme y no saciarme nunca. Voy a escribir en tu nuca "eres mi fantasía", suavemente y en cursiva, para que te produzca un cosquilleo en tus entrañas. Voy a enredarme en tus cabellos y usarlos como bridas para dirigir los impulsos de tu cuerpo. Voy a hundir mis dientes en tu cuello y no voy a perderme uno solo de los escalofríos que cada mordisquito recorra por tu excelsa anatomía. Voy a tomar tu cabeza entre mis manos para perforar con mis besos el anhelo de los tuyos. Voy a regodearme comiéndote la boca mientras estrecho mi cuerpo al tuyo para sentir el calor de saberte excitada. Voy a respirarte todo el hálito caliginoso, saborearte poco a poco con mi gusto más procaz y depravado. Voy a pronunciarte, Niña, y mis palabras encenderán la pira de tu sexo humedecido. Voy a resbalarme por tus clavículas y llegaré a tus pechos ávido por juguetear sus aureolas. Voy a venerar tus pezones hasta endurecerlos y llevarlos a su estado apetecible para tentarlos con mi lengua. Voy a lamerlos, chuparlos, succionarlos, pellizcarlos, circundidarlos con mis dedos mientras amaso la base de tus senos restregando mi faz por su piel a puntito de caramelo. Voy a golosearte la cintura y entonces escucharé el primero de tus múltiples gemidos. Atiende… ¿lo oyes? Es el cristal hecho mujer que reverbera con mi tacto por su borde. Un gritito casi ahogado… me encantas así mientras te despojo de tu exigua lencería. Voy a vagabundearte la partición de tus nalgas, separando con mis manos tu excitante braguita negra. Te palmeo un glúteo, esa masa hermosa que termina tu espalda de mujer sobresaliente. Te gusta. te gusta, sí. Te digo "desnúdame sin prisa", y tus manos tientan cada vello de mi pecho. Hueles bien, hueles a sirena de los cielos, a ángel oceánico, a meretriz soñada del edén de mis pasiones. Hueles a mis ganas de abrazarte, de rendirte a mis propósitos que ya no puedo callarme. Hueles a horas que no avanzan, a furor que ya no cabe, a fuego de quererte en una noche que no acabe. Hueles a ojos verdes que me miran zalameros, a deje de sol canario suave y que me pone como loco. Hueles al lienzo de un lecho compartido cuerpo a cuerpo en combate de deseo. Hueles a mujer brava, a hembra codiciada por mis ojos y mi sexo. Hueles a morirme del gusto de tus brazos en mi cuerpo, de tus manos serpenteandome tentando una erección voluminosa… 


Dejó de leer. Esa noche era la noche de San Juan. Y se quemaba.

viernes, 13 de junio de 2014

"CORAZÓN"






Hace calor, Niña. Por fin hace calor y esta sensación calimosa adherida a mi piel me cala, entero, hasta inundarme de un deseo irreprimible. Las imágenes de ti se apoderan de mi mente y, en una especie de lisérgica catársis, parecen hacerse corpóreas alucinaciones susceptibles de tocarse. Por fin voy a disfrutarte sin quedarme perdido en etéreos onanismos, por más verosímil que me fueras cuando me masturbo imaginándote rendida. Por fin tu piel será camino de las yemas de mi tacto y te surcarán voraces. Por fin, Niña. Por fin, nuestro por fin tan ansiado.

Cierro los ojos. Me veo esperándote en el hotel. He tenido un viaje placentero, aunque en mi interior la ansiedad casi no me dejara tomar aire. El avión, la vista del océano que nos separa y, al fin, tu isla, esa tierra en medio del azul que es metáfora de la aventura de mi vida. Mi vida, Niña. Mi vida que ahora es tuya y para ti quiero vivirla.

Cierro los ojos, sí, y aguardo el momento en que te hagas beso y "hola Corazón" ya para siempre en mi futuro. Cierro los ojos porque quiero abrirlos y sentir la adrenalina recorrerme cuando toque esa belleza tuya que me consume día a día por no poderte, por no tenerte poseída entre mis fauces cuando las siento ávidas de hembra. Cierro los ojos y puedo ver llegándote hasta mí. Te has puesto el vestido negro, ese que marida excelsamente con tus hombros desnudos. Has recogido tu hermosa melena para tentarme con la esbeltez de tu cuello y la tersura de tu nuca. Has embellecido tu mirada con el hipnótico brillo que nace de tu ser mujer extraordinaria y has adornado tu boca con un delicioso rojo que me impele magnéticamente hacia tus labios.

Tus labios… "Me muero por besarte", te diré sin apenas poder contenerme ante tu cálida presencia. Y esas palabras me abrirán, expedito, el franqueo de los labios de tu boca. Te miraré a los ojos para ver cómo me hago vista en tus pupilas mientras esperas mi hálito viril, exhalado por mi anhelo de tu cuerpo. Me haré visita de deseo y te degustaré tardío, para no desperdiciar un instante del momento, de ese memento tui que instalaré, infinito, en el recuerdo de mi mente. "Me muero por besarte" y lo expresaré con mi forma de abrazarte, como si quisiera adherirme a ti y revestirme de tus formas femeninas. Me transformaré en tacto de tu tacto y así poder ser caricia permanente, labio de piel que te lama la epidermis y te cubra de húmedos senderos recorridos por tu cuerpo. "Me muero por besarte" y será el lema de un momento irrepetible, vívido y real, deseado como ningún otro en mi vida. Besarte, sí. Tenerte en mi boca y sostenerte en la ingravidez de un orgasmo infinitamente diseñado en las noches que te sueño… y que mueren al despertar y no tenerte ya conmigo. Me muero por besarte, por apearme de esta calígine que me oprime desde que se que tú también me sueñas, que me llevas a tu sexo cuando me haces parte de tus manos.  

Descuento los minutos uno a uno y cada segundo es un tañido de mi corazón acelerado. Ya vienes, Niña. Mi piel ya te presiente…


(continuará…)


viernes, 6 de junio de 2014

BEAUELVE… ;)




Hacía tiempo que estaba sentado frente a la pantalla. Quería escribir algo, pero no sabía exactamente qué. No era la primera vez que le ocurría, que tenía ese impulso irrefrenable de decir, de gritar en tipográficos latidos las pulsiones que vivían en su interior. A menudo se preguntaba si habría alguien, más allá de los píxeles binarios, interesado en leer sus neuras, pero siempre acababa convencido de que nadie perdería el tiempo con una sola de sus historias. Por eso había decidido esconderse tras un disfraz de calculada intelectualidad. Y aunque el hábito no hace al monje, clérigo acabas siendo si así la gente te percibe. Por eso estaba obligado a elaborar profundos pensamientos y a comportarse eludiendo todo lo mundano y ordinario. Era un esteta de la palabra, y la primera de sus piruetas verbales quedó inmortalizada en el blanco luminoso sobre el que pestañeaba el cursor: La escribió:

"La vida es una serie secuenciada de hechos tangenciales, que a veces nos tocan a rebato y otras chocan, colisionan y nos hieren".

Y le pareció verosímil como premisa mayor a la que acogerse para explicar muchas de sus propias experiencias. Satisfecho, se fue a la cocina a prepararse la cena. Cuando estaba aderezando la ensalada con hojas de rúcula se le vino otra sentencia lapidaria. Fue corriendo a su mesa de trabajo, accionó de nuevo su viejo portátil y escribió otra vez:

"La vida es un bucle de casos concéntricos que rodea nuestros días, circulando, perífrásticos, en prolapso hacia la muerte".

Eso estaba mejor. Era más ampuloso y también sonaba más rimbombante. Un pensamiento amparado en lo cíclico. Lo leyó en la pantalla y quedaba realmente bien. Lo daba como bueno y definitivo. Le entraron ganas de compartirlo, pero no se le ocurría un contexto en el que desarrollar el potencial del aforismo. Tras un buen rato perdido en sus elucubraciones, se sacudió su ensimismamiento y volvió a la realidad. Aderezó la ensalada con más rúcula y canónigos, con queso fresco y tomate y un poco de fibra crujiente y la aliñó a su gusto: aceite de oliva virgen, un golpe de sal gruesa marina y un chorrito de módena. Escuchaba la radio, pero en realidad estaba perdido en otras cosas. Recordó que esa noche ponían, en la 2, una peli de Mike Leigh: "Another year". La vería. El cine de Leigh le gustaba. Era aparentemente simple, pero infinito en matices no verbales. Era un cine de miradas y discursos elípticos. Ver sus films era un trabajo de reconocerse, de reconocer los sentimientos para poder descodificar los mensajes crípticos que encerraba cada fotograma. Le gustaban sus propuestas y "Another year" no le defraudaría. Pero antes, su enloquecido maximario pergeñó otra de sus retóricas paremias. La retuvo el tiempo suficiente para no olvidarla entre las cucharadas que estaban dando fin a su yogur griego. Minutos después, tecleaba:  

"La vida es un paso de presentes compasados que divergen hacia futuros metafísicos, transitados en pos de un horizonte letalmente necesario".

¡Redondo! Lo suficientemente alambicado como para que nadie pudiera rebatirlo con facilidad. Y esa musicalidad intrínseca al pronunciar cada una de sus sílabas… Ya estaba. Cerraría su mente, al respecto, desde ese momento y dedicaría toda su atención a desentrañar las verdades de esa vida ficticia que Leigh iba a proponerle en su película.

Y así pasó la siguiente hora y pico, pero la sinceridad honesta de los personajes de aquella ficción hicieron que reflexionase sobre lo ficticio del suyo propio. Bueno, quizás los dos pares de gin-tonics bien cargados también hicieron su trabajo, pero el caso es que su yo interno, el que no dejaba salir desde hace tiempo, se estaba haciendo demasiado presente y eso no solía gustarle mucho. Pero en aquel momento decidió soltar dentro de si al hombre que sentía, y él le llevó a empujones hasta la ventana virtual para verter allí todo su deseo contenido y expresarse en el terreno en que mejor se desenvolvía su literatura:

"Vida es oírme citado por tu boca, palpado por la piel que envuelve el tacto de tus manos, humedecido por el beso de tus labios, mirado por los ojos que te adornan y que ven cómo me ahogo cuando el destino me esconde tu presencia. Vida es vestir de perlas seminales tu cuerpo desnudo y escuchar pedirme más…


L.A. CANCIÓN ;)