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viernes, 31 de octubre de 2014

Lady LUCK






Cuando me levanté, desplumado y sin blanca, de aquella mesa de Bacarrá, creí que mis días de juego se habían acabado. Siempre he dicho que un hombre ha de saber cuando ha de retirarse, y esa vez estaban muy claros los designios del destino. No me quedaba nada, todo lo había perdido en la peor racha que recuerdo haber tenido en mi vida. Incluso Lady eFe, mujer fetiche de mi ludopatía nocherniega, decidió cambiarme por un mindundi, jugador de tres al cuarto -o peor aun: de tres en raya-, y dejarme tirado como un perro apaleado en la cuneta en que se tiran los despojos sentimentales que son prolapsos y excrecencias, apéndices de los días que se niegan, tras vividos. 

-¿Vas a dejarme, entonces?
-Por supuesto que sí. No soy de las que dilapido mi tiempo con absurdos perdedores. Te dejo, sí.
-¿Así?
-Y peor si tú me obligas.
-Pero tú me dijiste…
-No seas ridículo BeBé. No lo estropees ahora.

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Una serie de ochos continuados contra la constancia del siempre nueve. Sospeché de aquel otro jugador al que Lady eFe hacía ojitos desde el primer momento. Sospeché aun antes de percatarme del significado del sms avisado que encontré en la pantalla del móvil de mi amante de azares y fortuna. "Esta noche partidita de tres en raya. Deshazte rápido de él. Vamos a desplumar al pollo". Estaba claro que yo era ese pollo al que iban a desplumar, pero no iba a darles el gustazo de ser ellos quienes lo consiguieran: yo mismo me haría el harakiri en una sucesión suicida de apuestas que ya conocía perdidas de antemano, porque mi mano siempre sería peor que cualquier mano de sus manos.

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-¿Qué vestido me pongo, Cariño?
-Ese rojo ceñido que no deja duda alguna de las formas de tu cuerpo, querida. Y, por favor, póntelo a pelo: que se note bien dónde apuntan tus pezones.
-¿Te refieres a este?

Salió del vestidor con su cuerpo apretado por el rojo y la sonrisa desatada entre sus labios. Descalza y con los zapatos de aguja bermellones en sus manos. Estaba divina. Sus ojos brillaban sabiéndose excitantemente lujuriosa. La miré con la pausa de quien va a recrearse por última vez con lo que sabe que se acaba. Aquella delicia había sido mi deleite, sí. Y por eso podía reconocer, bajo el tejido carmesí que lo cubría, cada detalle de su esbelta anatomía: los pechos elegantemente caídos por el peso de los años, la silueta exquisita trabajada en horas de gym aeróbico, las caderas marcando el territorio de su pelvis, las nalgas apretadas de yegua dispuesta a recibir el azote de una buena verga masculina…

-Estás preciosa, eFe.
-¿De verdad lo piensas BeBé? Mira que tenemos un ratito todavía…
-Pues no lo malgastemos y vivámoslo como si fuera el último.
-Qué melodramático eres Bebé…

Me miró intrigada, pero enseguida se mordió el labio quedamente con ese tic que delataba su ansiedad por sentirse húmeda y que yo tan bien conocía. Deslizó su mano izquierda por mi nuca para llevarme con firmeza hasta su boca. La derecha ya buscaba sin recato el preciado bien que escondía mi bragueta. Su lengua encontró a mi lengua en el mismo momento en que sus dedos hicieron presa en la izada incipiente de mi falo. eFe sabía muy bien cómo llevarlo al punto al dente de dureza. Mordisqueaba todos mis labios mientras asía con firmeza el acero de mi polla. Sabía cómo excitarme y mantenerme preparado para el momento deseado. Era buena, muy buena, y yo no tenía más que dejarme llevar y olvidarme por completo de que iba a ser la última vez que vertiera mi viril lactosa en el recreo de su cuerpo y sus orgasmos…


Ya lo dice la voz…

12 comentarios:

AlmaBaires dijo...

Es una lástima que ciertas damas no sepan apreciar a un caballero que pierde con tanto estilo.
Y aunque no tenga mucho que ver, el relato ha evocado en mi memoria una escena de un film; cuando el afascinante Rhett Butler pierde siendo prisionero de los soldados del norte, de forma tan elegante sólo que para poder ver a la dama que viene a visitarlo.

Mi reverencia Sir Brummell.

P.S.: No puedo marcharme sin antes felicitarlo por tan exquisita elección musical, es un infinito placer escuchar una y otra vez a la Voz.

Nicky Sciavo dijo...

Yo me he recreado, en más de una oportunidad, teniendo la posibilidad de "hacerlo" por última vez con quien sabía no volvería más. Y cada una de esas veces, he fallado, la imaginación me ha servido de nada. No soy capaz de percibir ese momento, de recrear las sensaciones encontradas... no sé. Simple y sencillamente no he podido.

Y ahora que te leía, intentaba complementar el final con los hechos subsiguientes, pero una vez más, en vano.
Mi sangre se enfría...


"stick with me baby, I'm the guy that you came in with..."

Haydeé dijo...

Cuando se sabe que será la última vez se pone toda la carne en el asador como se suele decir, él, se deja llevar, la deja hacer... se podría decir que se deja usar, aunque en verdad es él quien la usa a su antojo en ese último día, al menos así me parece a mi... me cae bien este hombre, siempre siento predilección por los hombres de sus relatos Sir... Y solo puedo añadir que ella se lo pierde...

Me encanta la elección musical... sin duda La Voz es un acompañamiento perfecto para este relato...

... y vuelta al suspense de que pasará, porque en este no pone continuará... :)

He leído tu respuesta al comentario en tu anterior entrada y debo decir que no tengo nada que disculpar, al contrario, me alegro haber hecho que se explicara tan bien, pues sus palabras han sido una gran lección, mi aplauso...

Muchos besinos!!

itzalak dijo...

Uf... sin duda nunca se debe desaprovechar la oportunidad, aun mas sabiendo que sera la ultima. Me quedo con ganas de mas...
Y la musica, sublime, como siempre :-))

Beau Brummel dijo...

Siempre hay que ser elegante, Lady Baires. Hasta cuando se ha de perder la compostura hay que saber hacerlo con dignidad. La elegancia es nuestro pasaporte al recuerdo de quienes se cruzan en nuestra vida. Todos queremos ser sujetos de admiración y no de hirientes comentarios de conmiseración. Sin caer en la vanidad, por supuesto. Hablo de esa serena prestancia que da tener tranquilidad de conciencia porque se ha sido honesto. Aunque le confesaré que hay para quien esta forma de ser se le hace incómoda, porque es mejor poder asociar la ruindad y la mezquindad a quien se le quiere aplicar unilateralmente un proceso de desafección.

Caballero siempre, Lady. Aún sin caballo que montar y a pesar de que alguna de las que tuve como Dama no sirvieran ni para completar un ajedrez de plastificadas figurillas. Pero, para bien o para mal, ces't la vie… ;)

Mi beso, Lady.

PD: me alegra que quien se detiene en Brummell Manor disfrute con los sonidos que decoran sus estancias.

Beau Brummel dijo...

¡Genial! Ha convertido ud a mi mujer de la suerte por su suerte de ser mujer. Una prestidigitación musical (e intelectual, supongo) verdaderamente loable, Lady Sciavo ;)

Respecto de lo mollar… tal vez es que no haya huella suficientemente impregnada en el recuerdo de ese momento. O tal vez sea su sangre, espesada por motivos que solo ud conoce. Yo, a veces, tengo un radar especial que me pone en alerta de esas situaciones. No, no sirve para evitarlas, porque hay que dejar que las cosas ocurran sin tratar de intervenir en ellas. Si alguien ha decidido terminarte no tiene ningún sentido prolongar esa agonía. Antes bien, cuando ya empieza a ser evidente, a lo mejor es preferible incluso proporcionarle una razón que acelere ese proceso. Todo menos entrar en la fase patética en que las palabras han de negar la evidencia de los hechos y cada vez hay más silencios de palabras y menos hechos que han de ser interpretados…

Sinatra tiene otra canción que le hubiera ido pintiparada a este relato: "The Lady is a Tramp". Todo un clásico del juego ;)

Mi beso cálido, Lady.

Beau Brummel dijo...

Una mirada singular, Lady Haydeé. En toda relación entre personas subyace la consecución de unos objetivos concretos (placer, amistad, dominio, protección…) y desde ese punto de vista somos coyunturas instrumentales de los objetivos ajenos. Tanta utilización hay en quien manipula como el que se deja manipular siendo consciente. Y tal vez sea más sibilino dejarse hacer, en tales tesituras ;)

A mí también me placen los hombres de mis relatos. Son los que mejor conozco y a fuerza de su contacto y sus historias he conseguido quererles. Son personajes con mil tonos de grises, más seductores cuanto más pierden y cuando ganan es a costa de perder parte de si mismos. Pero solo son posibles así, porque no saben ni pueden ser ya de otra manera.

Sí: la Voz era necesario en este relato ;)

Mi beso, Lady.

Beau Brummel dijo...

Pues si se queda ud con ganas de más es porque espera que no sea la última… vez que sepa de este relato, Lady Itzalak ;) La verdad es que saberla insatisfecha incentiva mis ganas de seguir… }:)

Mi beso muxeado, Lady Itza ;)

Nicky Sciavo dijo...

She's broke and it's ok...

Beau Brummel dijo...

Cuando una mujer se rompe es porque algo no está bien… por más que lo diga una canción ;)

Mi beso, Lady Sciavo.

Marrubi dijo...

Pssst, psssst.

En nada vuelvo. Ahora y después de leer el cuentico de navidad...voy a dormir :P

pero ni la cabalgata de reyes hará que pierda la lectura de las tres partes de esta "lady" ;)

Besos, estimado Lord.

Beau Brummel dijo...

Echaba de menos su esencia de fresa, Lady Marrubi

…y sus besos también.

Mis besos, Lady, para que los cabalgue hasta reyes… como una reina ;)