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miércoles, 1 de octubre de 2014

UNA HISTORIA COMO OTRA [(DE) (UNA)] CUALQUIERA






-Dime, ¿te has tirado a mi mujer?

Tenía un revolver en la mano. Tenía veneno en su mirada y pólvora en su alma. Tenía toda la ira de un hombre herido cargada en su venganza y esperaba percutirla con la confesión escupida de mi boca. Pero mi boca no estaba para confesiones. Estaba seca, a pesar de toda la sangre que manaba de mi maltrecha dentadura. Aquel maldito animal me había dado una monumental paliza. Quería acabar conmigo, sin duda. Acabar conmigo para terminar con la rabia de su despecho. Pero antes quería oírme y ese era mi salvoconducto para permanecer en este lado de la vida. Le miraba. Le veía sosteniendo el arma que acabaría con mis días. Le veía apuntándome con la impaciencia de quien quiere comprimir el tiempo en un segundo. Le veía y sabía que estaba sentenciado. Le veía y me daba cuenta de que no había esquiva posible en mi respuesta. Estaba en un callejón sin salida, acorralado con un monstruo transido de la peor de las enfermedades afectivas: los celos.

-Dímelo ya, hijo de puta: ¿te la has follado? Sí, te la has follado ¿eh? Vamos puto imbécil…

Dicen que cuando sabes que vas a morir ves tu vida pasar en pocos segundos. Dicen eso, pero yo no la vi. Lo único que vi es a aquel marido despechado intentando ajustar cuentas con su propia vida. ¿Qué le había llevado hasta mí? ¿Habría llegado ya a los otros? ¿Sería yo el primero de la lista o ni siquiera me otorgaría tal privilegio? Obviamente no creí que fuera buena idea preguntarlo en aquel momento. Me pierden los buenos modales y no era cuestión de quedar para el recuerdo como un maleducado curioso a la hora de palmarla. 

Su mujer… una pieza de cuidado, sí. Una de esas mosquitas muertas cuyo aspecto de dama culta y refinada acaba por destapar a una señora zorra sin escrúpulos. Así gustaba de verse en sus fantasías: una chica buena que termina siendo la más perra de las perras con los hombres. Una hembra en cuya lucha por su macho era capaz de cualquier cosa. Una especie de adúltera libertina y justiciera. Yo, y otros tantos como yo, no había sido sino un mero instrumento para cumplir su venganza contra el hombre que, creyéndolo de su propiedad, había osado preferir a otras que ella consideraba inferiores. Eran una pareja de las que ni contigo ni sin mí. Tal para cual. Supongo que habría sido así desde los inicios de sus inicios. Supongo que llevarían años poniéndose los cuernos sin piedad y jugando a llorarse simulando que eso les dolía. Supongo, porque con ella no hablé nunca de eso. Y si alguna vez lo hice preferiría no recordarlo.

La conocí un mal día, porque cualquiera de los días que te lleven hasta donde yo estaba ahora es un día nefasto. La casualidad me llevó a ella. En mis ratos libres tengo un hobbie y alguien me dijo que era muy buena en ese campo. Lo era. Manualidades. El caso es que nos pusimos en contacto y una cosa llevó a la otra. Nos dejamos llevar. Flirteamos. Teníamos la química adecuada para acabar retozando en el primer rincón vacío de curiosos. O con ellos, quien sabe. El morbo era un componente fundamental en nuestros encuentros. Éramos dos desinhibidos buscando razones. A mí me pareció que ella era una magnífica razón para encontrarme. A ella le pareció que encontrarme podía ser una magnífica razón para haberme buscado de la forma en que lo hizo. Mi perfil era idóneo para tocarle las pelotas a su marido. Nos liamos, claro. Yo lo tenía muy claro: me gustaba y punto. Y lo que más me gustaba era que ella lo tenía tan claro como yo. Nada de romances, nada que pudiera limpiar el sucio sentimiento que nos llevaba hasta lo más profundo de nosotros. Follamos, sin más intención que disfrutarnos. O eso creía yo. Pero un día ella pronunció el conjuro para malograr nuestra relación pecaminosa. Un te quiero salió de su boca y se instaló en mi alma. Y de follarnos pasamos a jodernos. Y de disfrutarnos a sufrirnos.

Pasamos unos buenos meses juntos. Sexo explosivo, atrevido. Juegos sin más límite que llevarnos al orgasmo más salvaje. Sin concesión alguna. Solo tras corrernos nos permitíamos algún momento de ternura. Nos fuimos acostumbrando. Nos gustaba sentirnos el uno para el otro. Yo sabía que no era el único. Ella necesitaba más. Había tenido el detalle de decírmelo. No me importó en ningún momento. Yo no quería ser su novio, ni casarme con ella. No quería más vínculo que a qué hora y en qué sitio. Me daba igual compartir su infidelidad con uno o con mil más. Tan solo quería que en mis turnos fuera solo mía. Tan solo tenía que ser consciente de que no podría estar disponible para mí cuando yo quisiera. Yo tampoco lo estaba para ella y por eso ninguno de ambos iba a hacer ningúna escenita de celos. Éramos mayores de edad, responsables de nuestros actos y estábamos ávidos de gozarlos. Nuestros "actos", digo. Todo era perfecto. Tanto que solo podía ir a peor.

11 comentarios:

Haydeé dijo...

¿Continuará?... debe, debe continuar...
Porque nos has dejado con la intriga del saber, con el ansia de quien debe elegir entre dos opciones y no sabe cual... Veo en ti a un experto en suspense... siempre lo dejas en lo mejor... Y este relato en particular engancha de un modo muy grande... Ese marido que no puede ni con su mujer ni sin ella, con esa esposa que necesita de más... y con ese pobre hombre que se ha metido en un berenjenal y que yo quiero que salga de el...

Muchos besinos!! :)

itzalak dijo...

He leido el texto y me ha gustado mucho, luego me dado cuenta del enlace para la musica y lo he vuelto a leer con el sonido y entonces mi imaginacion junto con el texto y la musica me ha llevado a visionar mentalmente la situacion, como una pelicula... Uf, espero que continue, tengo la mente en pause!!!

Uol Free dijo...

No creo que puedas quedarte impasible en este punto, es imposible. Tienes que hacerte preguntas, yo me las hago. Y necesitan respuestas, las que sean, incluso si no son respuestas sino nuevas preguntas.
Bicos.

Beau Brummel dijo...

¿Sabe ud por qué engancha Lady Haydeé? Porque es una historia como otra cualquiera, una historia que nos es familiar y la reconocemos en nuestra piel o en la vida de alguien conocido. Todos somos susceptibles de ser cualquiera de sus tres personajes, e incluso puede que hayamos estado en el lugar de uno o más de ellos. Pero ya veo que ud tiene su favorito ;)

Veremos si el "pobre hombre" que se metió en el berenjenal logra salir de él, jejeje

Mi beso, sensual Lady.

Beau Brummel dijo...

Lady Itza, ese tema es tan bueno que hasta queda bien como banda sonora para mi relato. Espero poder continuarlo, pero no se si tendré tanta fortuna como para encontrar otro tema tan adecuado como este para que mi texto lo acompañe…

…y conseguir proyectar mi película en su mente ;)

Mi beso… en celuloide de ocho y medio, Lady.

Beau Brummel dijo...

Pues comparta sus preguntas, Lady Lou. Me gustaría conocerlas. Yo siempre me pregunto lo que piensan quienes leen mis escritos. No sabe lo que daría por entrar en sus mentes y ver…

Mi beso interrogante, Lady ;)

AlmaBaires dijo...

Voy notando que es una costumbre [interesante] no concluir... dejar siempre la puerta abierta.
Espero (sin miedo de ser defraudada) la continuación.

Mi reverencia Sir Brummel.

P.D.: Olvidaba felicitarlo, nuevamente la elección musical es exquisita.

Beau Brummel dijo...

Me alegro de que le parezca interesante… la costumbre, Lady Alma. Pero no se crea, que cuando decido concluir, concluyo terminantemente (nunca mejor y más imperativamente dicho) ;)

Respecto de la elección musical, me congratula su felicitación, porque entiendo que también es de su gusto. ¿Disfruta ud de los clásicos rockeros? Stephen Stills, con o sin Manassas es uno de los más grandes. Yo lo prefiero incluso a su ex compañero Neil Young, aunque con Young también gozo mucho.

A sus pies, almada Lady Baires. Y mi beso, claro ;)

AlmaBaires dijo...

Sir Brummel, mis gustos... musicales son de los más variados, única condición, la alta calidad.

Como siempre, mi reverencia Sir.

Nicky Sciavo dijo...

"La conocí un mal día, porque cualquiera de los días que te lleven hasta donde yo estaba ahora es un día nefasto."

Y aunque las "circunstancias" son meramente bloggeras, me conoce Ud. en el peor de mis momentos, de esos nefastos xD!!

Un placer pasar entre tus palabras.
Me quedo, claro que sí :)

P.S: Continuar? No lo creo... así quedó genial el final. Pero claro, es su "tinta" la que manda :)

Beau Brummel dijo...

Pero las circunstancias bloggeras son meramente circunstanciales, supongo… luego, quedémonos con las circunstancias sustanciales y perdurables (¿un oxímoron per se?)… Desde ese punto de vista, conocerla ha hecho de hoy un buen día, ¿no cree? ;)

Aposéntese y siéntase como en su propia casa, Lady Nicky. Es ud invitada de honor…

Mi beso, Lady.

PD: puede que tenga ud razón, sí…