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jueves, 27 de noviembre de 2014

LADY LUCK / 3





-Vamos en tu coche. Es mejor que conduzcas tú.
-¿Te pasa algo? Te noto un poco raro esta noche BeBé ¿Estás bien?
-Sí, mujer… Estoy bien, no te preocupes.

eFe me miró fijamente, como si quisiera ver más allá de lo que sus ojos le mostraban. Buscó en su bolso las llaves. Las tomó y bajamos al garage. Abrió el portón trasero de su monovolumen. Revolvió en su interior hasta encontrar un paquete que contenía una bolsa de plástico. Dentro, unas deportivas cómodas. Me miró de soslayo y se dispuso a cambiárselas por los excitantes zapatos de tacón de aguja rojos que llevaba puestos como complemento al vestido en que enfundaba su cuerpazo.

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No se por qué pero me acordé de Pierce, de su teoría de la relación triádica: tres miembros vinculados en una relación de igual a igual. Signo, objeto e intérprete. Iconos, índices y símbolos. Aquellas deportivas significaban tanto la comodidad como un indicio de infidelidad en si mismas y un símbolo del engaño que venía perpetrando mi hermosa impostora. Cuántas veces habría salido eFe de casa arreglada formalmente en perfecto estado de revista para calzarse, luego, esas deportivas que le proporcionaran la libertad para moverse con soltura en otros lugares. Cuántas coartadas habrían caminado sobre sus suelas… Esta noche sería su último servicio. Observé a eFe en su peculiar trasiego. Era una mujer realmente elegante. Sus piernas eran un primor para la vista de un hombre. Para mí lo eran. Largas y estilizadas. La vida no la había maltratado estéticamente. Tal vez aquellos hombres que habían pasado por su vida, y de los que tanto despotricaba, no habían sabido hacerla feliz, pero los disgustos no habían dejado ningún rastro en su preciosa anatomía. No tuve la suerte de conocer a eFe en sus años juveniles, pero había visto muchas veces las fotografías que ella conservaba de esa etapa de su vida y, como si hubiera hecho un pacto con el mismo Lucifer, aquellas instantáneas mostraban a una eFe de menor edad, pero luciendo las mismas piernas cuya piel mis manos habían visitado tantas veces. Ella sabía del tesoro sobre el que caminaba y no perdía ocasión de mostrarlas con orgullo. A mí me volvían loco. Sobre todo en ese momento en que las desenvainaba del envoltorio de la seda de sus medias. De repente me di cuenta del motivo por el que la semiótica de Pierce me asaltó en ese momento por sorpresa: yo era un mero significante y eFe era mi significado, un significado con bellas piernas que se me escapaba corriendo impulsada en las atléticas zancadas de sus deportivas femeninas.

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-Dime la verdad BeBé… a ti te pasa algo ¿verdad?
-¿Tienes tú algo que contarme, eFe?

Contrajo su rostro. Tensó su cuerpo. Probablemente se estaba dando tiempo para calcular cual era la mejor de sus posibles respuestas. eFe era una maestra en el arte del escapismo. Tantos años de convivir con el engaño le habían proporcionado la técnica necesaria para eludir las situaciones comprometidas. Pero, al contrario, no tenía ningún inconveniente para ser directa cuando era ella quien buscaba tus explicaciones. Yo lo sabía bien, puesto que en alguna ocasión fui el objetivo de sus inquisiciones. Fue un error de esos que todos cometemos alguna vez en nuestra vida, saldado con una confesión sincera y sin ambages. Una actitud que eFe exigía a los demás tanto como incumplía para si misma. Por eso no podía esperar que lo que saliera pronunciado por su boca fuera una declaración sincera, sino un subterfugio para salir airosa de este brete inesperado para ella. Hubiera sido una estupidez por mi parte conociéndola. No, simplemente no esperaba la verdad. En cualquier caso yo ya la conocía por más espinosos que me fueran sus detalles.



EL SON…

10 comentarios:

AlmaBaires dijo...

Dicen que lo bueno se hace esperar ...y la espera, bien valió la pena.

Por lo que corresponde a la historia, me gusta leer los pensamientos reflexivos del personaje, ya que como bien dijo por la vez anterior, poco me importa su aspecto físico, soy de las que cree que la belleza (o no) de un ser nazca en el alma, y si está, se ve ...se siente con cada célula.

Y la música ...qué podría decir de tan exquisita melodía? ...un exquisito placer al cual ya me estoy acostumbrando.

Mi reverencia Sir Brummell

Haydeé dijo...

Ella exige la sinceridad que no da, él lo sabe y aún así ha seguido ahí... él ya sabe de sus engaños, si ahora pregunta directamente es porque tal vez necesite saber que a pesar de los engaños ella no es capaz de mentirle mirándolo a los ojos? O lo mismo yo me he montado una película a parte...

Me pasa como a Alma, me gusta ver dentro de los personajes, me gusta saber de este hombre interiormente... para exteriores ya tenemos la descripción de ella y por como es me imagino como puede tal vez ser él...

La música sublime como siempre...

Muchos besinos y feliz fin de semana Sir!!

Beau Brummel dijo...

Hay más "acción" en las reflexiones del protagonista que en lo que ocurre en la acción prosaica del relato. Quizás porque sea más importante lo que piensa sobre lo que está pasando que lo que está pasando en sí mismo. Una historia narrada en primera persona de "introspectivo"? ;)

Sobre la descripción, no me refería tanto a la belleza o no, sino a ese acto reflejo e instintivo que todos realizamos cuando leemos, que es el de visualizar personajes y entornos mediante la recreación de imágenes virtuales en nuestra mente. Todos nos hacemos un retrato de cada uno a nuestra medida, ¿verdad?

Me alegro mucho de que le guste la banda sonora del relato. Espero poder mantener el nivel ;)

Mi beso, Lady Almada.

Beau Brummel dijo...

Digamos que él sabe su punto flaco y es un momento que no quiere, ya, evitarla. Es un preaviso: "se que esto se acaba". O mejor, "se que tú me has acabado". En toda historia hay un pasado, y tal vez ella le hubiera prometido ser honesta siempre y esa sea la forma que él tiene de delatarla… o de permitir que se redima. La cuestión es ¿es ella valiente, tal y cómo tanto ha presumido, o es una cobarde que se escudará en alguna razón peregrina e increíble para tratar de salir indemne del aprieto? O, a lo mejor, es tan miserable de ni siquiera hacer el esfuerzo de mentirle. No sabe ud, querida Lady Haideé, lo ruin que puede llegar a ser quien tanto pontifica, en situaciones como esas…

Pero ha logrado ud despertar mi curiosidad: ¿me permite el atrevimiento de preguntar cómo imagina ud a este hombre? Por favor… me tiene en vilo… ;)

Mi beso, Lady, incondicional e independientemente de que cumpla mi petición

Nicky Sciavo dijo...

Y también sucede que preguntamos por la verdad aunque en el fondo ya sabemos la respuesta, pero ilusamente, esperamos o anhelamos no escucharla, que no sean pronunciadas esas palabras... que algo haga que el bendito destino de un giro...
Quién sabe... quién sabe....

itzalak dijo...

¿Por que preguntaremos algo, cuando en realidad ya sabemos la respuesta? ¿Tal vez sea por que hasta que no lo escuchemos de la boca del "pecador" no se hace realidad? Sea como fuere el sabe la dolorosa respuesta, y ella sabe el por que de la pregunta. Que historia... tiene ese tono triste de que algo terminara... en fin, a ver que pasa :-))
La musica genial tambien eh!!

Amie dijo...

Es usted profundo, intenso y seductor en todas sus narraciones Sir, es un contraste violento entre el motín de sus pensamientos y la suavidad de sus palabras.
Perturbador...

"Lamer lágrimas post orgasmo
es como disfrutar un réquiem post mortem."


Siempre le beso Sir...

Beau Brummel dijo...

Muy cierto, Lady Nicky. A menudo autoengañarnos es la salida más fácil para salir de ciertas situaciones. En el fondo, sabemos mucho más de lo que nos conviene aceptar que conocemos, pero, como el avestruz, jugamos a esconder la cabeza para poder afirmar que no vemos lo evidente.

Y también sucede que podemos estar equivocados… Quién sabe, sí… ;)

Mi beso, Lady.

Beau Brummel dijo...

Hay preguntas que encierran toda una retórica que trasciende a la obviedad de su respuesta. Hay una voluntad inherente en su formulación. Ud. lo ha visto bien: ambos saben más de lo que se enseñan. Las personas somos así: icebergs que muestran la décima parte de su propio ser, escondido entre silencios y mentiras autocomplacientes.

Las historias en las que algo termina no han de ser imperativamente tristes, Lady Itzalak: todo final es susceptible de ser el umbral de un nuevo comienzo. La vida no se para… para nadie. Y nadie es lo suficientemente importante como para poder parar nuestra vida ;)

Mi beso, Lady Sombra…

Beau Brummel dijo...

My Dear BlondLady… ud, sabe de mi dicotomía, de mi alternancia de refinado Jekyll literario a la bestia de deseo que es el yo de mi Hyde apasionado, de mi disociación entre lo prosaico y lo lírico…

…y ud. sabe que su besar estimula a cada una de las "Bés" que dan forma a esa alternancia ;)

Mi beso, (a)dorada Lady Amie.