Seguidores

martes, 24 de febrero de 2015

ASÍ ESTÄN LAS COSAS. (EL TRIUNFO DE LA CENSURA)




TRANSCRIPCIÓN


Estimado usuario de Blogger:

Queremos avisarte de un cambio que tendrá lugar pronto en la Política de contenido de Blogger que podría afectar a tu cuenta.

En las próximas semanas vamos a dejar de permitir los blogs con contenidos sexualmente explícitos o imágenes o vídeos de desnudos. Seguiremos aceptando los desnudos en contextos artísticos, educativos, documentales o científicos, o cuando represente otra ventaja notable para el público que no retiremos esos contenidos.

La nueva política entrará en vigor el 23 de marzo de 2015. Cuando empiece a aplicarse esta política, Google restringirá el acceso a todos los blogs que hayamos detectado que infringen nuestra nueva política. No se eliminará ningún contenido, pero solamente los autores de los blogs y las personas con la que hayan compartido expresamente su blog podrán ver el contenido que hayamos convertido en privado.

Según nuestros datos, tu cuenta podría verse afectada por este cambio en la política. Por favor, a partir de ahora no crees contenidos que puedan infringir esta política. También te agradeceríamos que hagas los cambios necesarios en tu blog para cumplir con la nueva política lo antes posible. Así no sufrirás ninguna interrupción en el servicio. También tienes la alternativa de crear un archivo de tus contenidos a través de Google Takeout (https://www.google.com/settings/takeout/custom/blogger).


Atentamente,
El equipo de Blogger


––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Así están las cosas…


ADDENDA 28 / 2 / 2015

Blogger rectifica y da marcha atrás en su política de eliminar contenidos gráficos sexualmente explícitos. Démonos la enhorabuena y sigamos disfrutando de este espacio de libertad, mientras podamos hacerlo.

viernes, 6 de febrero de 2015

WHIPLASH: mi dilema ético, un disfrute fílmico. (cine)




Veo WHIPLASH y quedo hipnotizado por su contundente sencillez. Se diría que hemos contemplado mil veces esta historia, sobre todo en su vertiente marcial. El tirano que muestra sin ambages que la letra con sangre entra es un clásico del celuloide de género militar: el férreo Tom Highway ("El sargento de hierro" / Clint Eastwood) o el metálico Hartman ("La chaqueta metálica" / Stanley Kubrick), ambos sargentos del ejército, nos habían deleitado con sus grandísimas actuaciones mostrándonos lo más extremo del adiestramiento inclemente. Tampoco le falló el pulso a Hattori Hanzō para enseñar a Beatrix Kiddo que ser la mejor conllevaba, a fortiori, el no hacer ninguna concesión a la compasión frente al desánimo. Lo que no te mata te hace más fuerte, sin duda.

WHIPLASH es una aplicación de estos mismos parámetros transferidos al universo educativo. Nada de blandenguerías buenistas tipo "Rebelión en las aulas". Si la ochentera profesora de danza en Fama (Alan Parker) Ms. Grant, ya había establecido los pilares de esta tierra inmisericorde ("la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar con sudor”), nos llega ahora un formador musical de jazz, Terence Fletcher, para ejecutar sin piedad ese lema hasta el paroxismo en aras de favorecer la carrera profesional de uno de sus pupilos, un unicornio azul, o un "cisne negro" quizás, entregado en cuerpo y alma a la causa de la excelencia y la perfección en la ejecución del arte de las baquetas y la batería.

Con estos mimbres, el director novel Damien Chazelle nos hace un cesto narrativo de imágenes en celuloide realmente excelso, en el que Miles Teller y J.K. Simmons nos regalan un toma y daca interpretativo de magnitudes inimaginables. WHIPLASH es un fraseo jazzístico  en secuencias y planos, es rabia y admiración, estupor, impotencia… satisfacción, al fin. ¿Y después?

Quizás sea lo que sucede en nosotros, tras ese final interruptus del clásico fundido en negro, lo mejor de esta película. A mí siempre me sucede lo mismo: las películas que más me gustan son las que estimulan mi interés por recordar sus detalles y averiguar por qué me han emocionado tanto. Descubrir… tal vez descubrirme en ese universo para comprobar con qué personaje empatizo y con cual no… Y es aquí donde se me presenta el mayor reto como espectador de este film.

En toda buena historia han de coexistir con pericia un protagonista y su contrapunto, el antagonista. En WHIPLASH me cuesta identificar con exactitud a uno y a otro. Maestro y alumno lo son, y a la viceversa, en iguales partes. Y, ambos, complementarios, un equipo heterogéneo necesario para su bien común: el triunfo de la excelencia, el ascenso de la elite por encima de la plebe. El mito de Pigmalión llevado a los límites de lo tolerable, transgrediendo lo políticamente correcto. 

Un profesor en busca de ser, de trascender en la persona de un alter ego que él mismo moldeará a su voluntad, porque es él quien posee la verdad indiscutible, la palabra de maestro. Es el amo, e iniciará a su dominado en el arte del sufrimiento catártico como camino para ser el mejor. Sangre, sudor… pero no lágrimas. No en un mundo viril al que las mujeres no son llamadas y lo único que producen son situaciones en las que los elegidos pueden alejarse del buen camino por su culpa. Pecado, pecado. Los hombres no lloran, los hombres trabajan, se esfuerzan y no sienten dolor, que la recompensa es el éxito personal y solitario. Si quieres placer, entrégate a Onán*. La gratificación del éxito es el único orgasmo que se permiten este par de dos, profesor y pupilo.

"Más rápido. Quiero verte tocar más rápido que cuando te haces una paja"

WHIPLASH es, argumentalmente, reaccionaria y machista. Y en su concepto, paradógica: un canto a la individualidad a través de la narración de la historia épica de un baterista (que, por ende, nunca podrá ser un solista en la escena musical) condenado a brillar dentro de una formación de conjunto como lo es una big band. Nuestro héroe se precia de no necesitar amigos, ni a nadie, pero sabe a ciencia cierta que necesita de buenos compañeros, pues sin ellos él nunca podrá brillar de cara al público. Si añadimos el servilismo humillante, hasta el (auto)castigo físico y el histrionismo machista que destilan sus planteamientos, es difícil de prever que pudiera interesarme esta película, cuanto menos emocionarme.

Y, sin embargo, lo hace. hay algo en la narrativa de Chazelle que consiga que me abstraiga de todas esas premisas y me quede con la fuerza de la honestidad visual e interpretativa de esta cinta. El montaje, los movimientos de cámara (¡ay! ese insufrible Iñárritu de "Birdman"), el tempo, el pulso… todo está subordinado al hercúleo trabajo interpretativo de dos titanes que se necesitan mutuamente en una simbiosis creativa que yo, como espectador, agradezco y aplaudo.


WHIPLASH (latigazo) es emoción, emotividad, es lo que vemos pero, sobre todo, lo que sentimos al vivirla. WHIPLASH es cine, cine con mayúsculas. "Tócala otra vez, Beau", parece estar diciéndome mi subconsciente…